Behind every great woman there can be a great man

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Our yesteryear grandmothers’ strength, an inspiration for today.

“My name is Steve” / "Mi nombre es Steve"

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A beautiful dawn when I was 6 years old my father woke my eldest sister and me up to announce us that we had a new little sister. By that time ultrasounds did not exist yet, so the doctor told my father about the birth and he later apologized, jokingly, about the gender. I had a new sister. My father, who was very grateful, said: “three girls… boys will come with time”.   

My mother was studying a technical career in the construction industry then. It was her second year and she was almost the only woman at the school. Since she was giving birth, she missed a test that day.  Once she was able to return, the teacher, a man, told her, “I had to put you the lowest mark” and with a proud tone he added, “Have you seen how that lowers your average score? “

She was a very tenacious woman and continues to be nowadays. She had decided to start that path to help my father who was a Civil Engineer.  After the delivery, the routine changed and every day, me and my family went to her school with my little sister for my mom to breastfeed her.  Two years later she got the degree with a gold medal. It was given by Amalia Lacroze de Fortabat 1 - a executive Argentinian women, school ‘sponsor -. Since then my mother worked not only next to my father but by her own until her retirement.

My mother was undoubtedly my inspiration. My father bought me a home computer in the early eighties to evaluate my vocation. When he asked me if I was sure about my career choice as a woman – he was conscious about gender inequity, not me -, I knew that it was possible because that was what she had taught me.  While my father was afraid to send me to another city to live alone being seventeen years old to study, my mom didn’t hesitate and sent me.  When I got my degree in Systems Engineer my father was emotionally touched.  I later formed my own family with a supportive husband like him, having my own three girls, working all the time with passion and enthusiasm.

A sad sunset three months ago was my turn to announce to my sisters and my mother that my father could not wake up anymore. I hugged my great mother and sisters, and I felt that great man with us. Immediately, every member of the family had self-assigned a duty, and I felt the necessity of writing the obituary for the local newspaper. 

As an engineer, teacher by vocation and a very active member in social institutions, he had developed in his local and regional community a very extensive activity. I was afraid of not being able to honor him in the short period of time that I had. But I recalled an old folder where he was collecting all the local clippings where he had been mentioned. As if he had foreseen facilitating my task, I found in the same place his professional transcript, course certificates, awards and handwritten drafts. As I read, I was able to understand him as a young man, his hopes, desires and concerns, his battles promoting the professional ethic, constructions laws modernization and school foundations. And then, through notes and discourses written when he was retired, I discovered his nostalgy and pride due to his achievements and results. 

Nothing on those papers was new to me. Neither it was to receive a condolence remembering him like a “creative and free ship captain!” or to see the blackboard on his room with his last attempts to learn another language or his recent history courses certificates. But it was a real surprise for everybody to find poems written by himself. Beautiful poems that told us about his reflections about being a father, the family, love, life and being in peace.

The review of his long trajectory and his pride gave me the strength, without hesitation, - as well as my mother's strength -  to return immediately, carrying all my immense pain, to my IT complex projects that continue without any compassion advancing steadily.

Since then his enthusiasm and passion for the action and the knowledge combined with the sentimentalism and generosity, beats – now consciously - in my heart. 

As women, we know that we dont need a man to pursue our dreams. But it becomes easier and more harmonic if we count on them.  And I am sure that in the same way that we have a positive influence in them, they can influence us with their example and with their unconditional support.

So, we can say, with no shame and with pride, that behind a great woman there can be a great man.

María del Rosario Valicente 

In memorian to  Eng. Cesar V. Valicente. (Argentina 1931-2019) 

 https://en.wikipedia.org/wiki/María_Amalia_Lacroze_de_Fortabat

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Detrás de una gran mujer puede haber un gran hombre.

Un bello amanecer, cuando tenía 6 años, mi papá me despertó a mi hermana y a mí, para anunciarnos que había llegado una hermanita. Entonces no había ecógrafos, asi que el médico anunció al mismo tiempo el nacimiento, y casi como como disculpándose en broma, el género. Mi papá se sintió agradecido de que todo hubiera salido bien y dijo: “ Tres niñas, los varones llegarán con el tiempo”.

Por aquel entonces, mi madre estudiaba una carrera técnica en la industria de la construcción. Estaba en su Segundo año y era casi la única mujer en la escuela. Debido al parto ella faltó a un examen. Al volver, un profesor, como si estuviera orgulloso y contento por ello le dijo, “Le tuve que poner un cero. Notó como le bajé el promedio?”

Ella era una mujer muy tenaz y continúa siéndolo. Había decidido iniciar ese camino para ayudar a mi papá que era Ingeniero Civil. Después del parto, la rutina cambió y todos los días, toda la familia iba a la escuela para que mi mamá pudiera amamantar a mi hermanita. Dos años más tarde ella tuvo su graduación con medalla de oro y otorgada por Amalia Lacroze de Fortabat  – importante empresaria argentina, patrocinadora de esa escuela. Desde entonces trabajó de su profesión, no solo junto a mi padre sino por su cuenta, hasta su jubilación.

Sin duda, fue mi inspiración. Mi padre me compró una computadora hogareña en los ochenta para evaluar mi vocación y cuando me preguntó si estaba segura de la carrera – él era consciente acerca de la inequidad de género, no yo – supe que era posible por mi mamá. Cuando él tuvo miedo de enviarme a vivir y estudiar a otra ciudad a mis 17 años, mi mamá no dudó y me envió. Cuando me gradué de ingeniera de sistemas, mi papá estaba notablemente emocionado.  Luego formé mi propia familia con mi esposo, teniendo mis propias tres niñas y trabajando con entusiasmo y pasión.

Un triste atardecer de hace tres meses fue mi turno de anunciarles a mis hermanas y mi madre que mi padre no despertaría más. Abracé a esta gran mujer y a mis hermanas y pude sentir a aquel gran hombre con nosotras. Inmediatamente cada uno de los miembros de la familia se autoasignó una tarea.  En mi caso, sentí la necesidad de escribir su recordatorio para el diario.

Como ingeniero, docente por vocación y miembro activo de instituciones sociales, su actividad en la comunidad local y regional en la que se había desempeñado había sido tan intensa y diversa que temía que no le iba a poder rendir el honor que se merecía en el corto tiempo que disponía. Decidí recurrir a un viejo álbum donde iba guardando recortes de diarios con notas que le habían hecho y, como si hubiera previsto facilitarme la tarea, estaban apilados en el mismo lugar, su legajo docente, su actividad profesional, certificados, reconocimientos y escritos. La lectura de hechos permitía desentrañar sus anhelos, sus preocupaciones, sus luchas por la ética profesional, reformas de leyes y fundaciones de escuelas. Mientras que las notas más recientes y discursos preparados para aniversarios descubrían su nostalgia y orgullo por los logros alcanzados. Nada del contenido de todos esos papeles y escritos eran novedosos para mí.  Tampoco el haber recibido entre las muestras de afecto y condolencias que lo recordaran como el capitán de un barco libre y creativo. Ni el pizarrón con los últimos intentos de practicar inglés. Lo que realmente nos sorprendió a todos fue encontrar recientes poemas, borradores y pasados en limpio, en los que reflexionaba sobre la felicidad de ser padre, del amor, de la vida, de irse en paz.

Fue seguro el haber repasado su vida profesional, su pasión y su orgullo - así como la fortaleza de mi madre - lo que me dio fuerzas para no dudar en retomar a los pocos días, arrastrando todo mi dolor, mis proyectos complejos de IT que no daban tregua.

Desde entonces, su entusiasmo por el saber y la acción, así como el sentimentalismo y su generosidad, laten - ahora conscientemente – en mi corazón.

Como mujeres, no necesitamos un hombre para cumplir nuestros sueños. Pero con su apoyo puede resultar más fácil y armónico.  Y así como nosotras influímos en ellos positivamente, ellos pueden haber influído con su ejemplo o con su soporte incondicional.

Podemos decir entonces, sin avergonzarnos y con orgullo, que detrás de toda gran mujer, puede haber también un gran hombre.

María del Rosario Valicente

In memorian Ingeniero Cesar V. Valicente. (Argentina,1931-2019) 

Posted by María del Rosario Valicente on: October 06, 2019 11:09 PM | Permalink

Comments (4)

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Maria, so beautiful and thank you for sharing with us. What a wonderful family and father which you hold so dear in your heart.

… If I had a flower for every time I thought of you, I could walk in my garden forever. Alfred Lord Tennyson

This is a very beautiful story. Thank you very much for tell us.

Thank you all for reading and nice words.

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- George Bernard Shaw

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