¿Estamos midiendo bien nuestros proyectos? Lo que las empresas aún no saben del performance tracking - Are we measuring our projects correctly? What companies still don't know about performance tracking
| En el mundo empresarial actual, donde la presión por alcanzar resultados concretos es cada vez más intensa, medir el desempeño de los proyectos se ha convertido en una práctica común, casi una obsesión. El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador confirma que las “mediciones del desempeño” ocupan el primer lugar en el ranking de prácticas más utilizadas por las organizaciones. Sin embargo, la pregunta de fondo es inevitable: ¿estamos midiendo de la manera correcta o simplemente nos estamos limitando a generar números que poco dicen sobre el verdadero impacto de los proyectos? El Project Management Institute (PMI) advierte que medir el desempeño no puede quedarse en el cumplimiento de cronogramas y presupuestos. Estas métricas, aunque necesarias, son insuficientes si no se conectan con la creación de valor, la alineación estratégica y la sostenibilidad de los resultados. En Ecuador, el informe revela que muchos proyectos sí cumplen sus objetivos inmediatos, pero en gran parte de los casos los retrasos, los cambios de alcance y la falta de recursos parciales siguen siendo la norma. Esto nos lleva a reflexionar que el performance tracking no está fallando en su intención, sino en su enfoque: medir no es lo mismo que gestionar. Hacerlo bien implica migrar de una visión reduccionista hacia una mirada integral. Por un lado, necesitamos indicadores adelantados (leading indicators) que anticipen riesgos, cambios de prioridades y cuellos de botella, en lugar de depender únicamente de métricas retrasadas (lagging indicators) que solo muestran lo que ya ocurrió. Por otro, resulta fundamental establecer mecanismos de retroalimentación continua que permitan adaptar la ejecución del proyecto en tiempo real. De poco sirve un dashboard elegante si la organización no utiliza esa información para tomar decisiones estratégicas. Para quienes aspiran a ser directores de proyecto en Ecuador, las recomendaciones son claras. Primero, invertir en formación y certificaciones internacionales: solo un tercio de los profesionales locales las posee, lo que evidencia una brecha de competitividad frente a mercados globales. Segundo, fortalecer habilidades digitales y de liderazgo estratégico, ya que la gestión de proyectos ya no se limita a controlar tareas, sino a guiar equipos, influir en la organización y generar confianza. Tercero, adoptar la inteligencia artificial y herramientas PPM para mejorar la predicción, la asignación de recursos y la transparencia en los resultados. Y finalmente, impulsar la creación de oficinas de proyectos (PMOs) robustas en las empresas, porque centralizar la medición y estandarizar los criterios de éxito es el único camino para reducir la subjetividad en la evaluación. Las organizaciones ecuatorianas están en un punto de inflexión: miden mucho, pero aún no miden lo que realmente importa. Mientras sigamos confundiendo el éxito de un proyecto con la simple entrega dentro del tiempo y costo planificados, seguiremos ignorando su impacto en el valor para el cliente, la sostenibilidad y la competitividad del país. Por eso, la invitación es doble: a los profesionales, para que eleven su mirada hacia una gestión de proyectos madura y estratégica; y a las empresas, para que integren la medición como parte de un proceso vivo y no como un reporte estático. Algunas recomendaciones para contar con un sistema de medición de la gestión de proyectos en una empresa son:
Medir bien no es solo una técnica: es una decisión cultural que marcará la diferencia entre proyectos que cumplen y proyectos que trascienden, entre proyectos exitosos y proyectos que fracasan, entre empresas con ventaja competitiva y empresas con pérdida de recursos en su gestión. Ya no es solo la gestión de proyectos un día a día, sino que herramientas y mediciones contamos para ello y cómo se monitorean y gestionan en el tiempo. English VersionIn today's business world, where the pressure to achieve concrete results is increasingly intense, measuring project performance has become a common practice, almost an obsession. The Project Management Analysis in Ecuador confirms that "performance measurements" rank first among the most widely used practices by organizations. However, the underlying question is unavoidable: are we measuring correctly or are we simply limiting ourselves to generating numbers that tell little about the true impact of projects? The Project Management Institute (PMI) warns that measuring performance cannot be limited to meeting schedules and budgets. These metrics, although necessary, are insufficient if they are not connected to value creation, strategic alignment, and the sustainability of results. In Ecuador, the report reveals that many projects do meet their immediate objectives, but in most cases, delays, scope changes, and partial resource shortages continue to be the norm. This leads us to reflect that performance tracking is not failing in its intention, but in its approach: measuring is not the same as managing. Doing it well involves moving from a reductionist view to a holistic one. On the one hand, we need leading indicators that anticipate risks, changes in priorities, and bottlenecks, instead of relying solely on lagging metrics that only show what has already happened. For those aspiring to be project managers in Ecuador, the recommendations are clear. First, invest in international training and certifications: only a third of local professionals possess these, highlighting a competitiveness gap compared to global markets. Second, strengthen digital and strategic leadership skills, as project management has evolved beyond task control to guiding teams, influencing the organization, and building trust. Third, adopt artificial intelligence and PPM tools to improve forecasting, resource allocation, and transparency in results. And finally, promote the creation of robust project management offices (PMOs) in companies, because centralizing measurement and standardizing success criteria is the only way to reduce subjectivity in evaluation. Ecuadorian organizations are at a turning point: they measure a lot, but they still don't measure what really matters. As long as we continue to confuse project success with simply delivering it on time and within planned costs, we will continue to ignore its impact on customer value, sustainability, and the country's competitiveness. Therefore, the invitation is twofold: to professionals, to raise their sights toward mature and strategic project management; and to companies, to integrate measurement as part of a living process and not as a static report. Some recommendations for having a project management measurement system in a company are: 1. Define clear and shared success criteria
2. Design a balanced set of indicators (KPIs and KRIs)
3. Standardize metrics with the support of the PMO
4. Integrate technological tools
5. Link measurement to strategic decision-making
6. Include organizational maturity and learning metrics
7. Periodically review and update the metrics system
Measuring well isn't just a technique: it's a cultural decision that will make the difference between projects that deliver and projects that transcend, between successful projects and projects that fail, between companies with a competitive advantage and companies with a loss of management resources. It's no longer just about managing projects on a day-to-day basis, but rather about the tools and metrics we have for it and how they are monitored and managed over time. |
La necesidad de un Observatorio Nacional de Proyectos, “El mapa invisible” - The need for a National Project Observatory, “The Invisible Map”
| En Ecuador y muchos países de Latinoamérica, la gestión de proyectos se ha convertido en un pilar indispensable para el desarrollo económico, social y tecnológico. Sin embargo, los datos revelados en el reciente Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador evidencian una realidad preocupante: operamos en un terreno fragmentado, sin un sistema robusto de monitoreo, evaluación y aprendizaje colectivo que permita transformar la información dispersa en conocimiento estratégico. Lo que tenemos hoy es, en palabras simples, un “mapa invisible”, sabemos que los proyectos están allí, pero no contamos con un mecanismo público que nos permita comprender con claridad su impacto, eficiencia y alineación con las necesidades del país. Los hallazgos del informe, complementados con el análisis específico del sector público, son contundentes: el 65,5% de las instituciones no cuenta con una PMO que centralice información y estandarice procesos; la mayoría de proyectos se gestiona con enfoques predictivos que, si bien útiles, resultan insuficientes ante la complejidad de los entornos actuales; y, lo más preocupante, los fracasos recurrentes, cambios de prioridades, falta de recursos, pobre gestión de requisitos, que reflejan una gestión más reactiva que estratégica. En este contexto, un Observatorio Nacional de Proyectos (ONP) se presenta no solo como una necesidad, sino como un imperativo para profesionalizar la gestión y democratizar el acceso a información confiable y actualizada. Este observatorio sería un espacio público, transparente y colaborativo que permita centralizar datos, generar indicadores y ofrecer análisis abiertos, accesibles no solo para los organismos del Estado y el sector privado, sino también para la ciudadanía, la academia y los gremios profesionales. El ONP podría estructurarse bajo un modelo de gobernanza tripartito que integre:
El funcionamiento debería basarse en datos abiertos, con un sistema digital en línea que permita:
Más allá de una plataforma tecnológica, el observatorio debe convertirse en un centro de conocimiento, capaz de generar tendencias, identificar brechas de capacidad y proponer estrategias de mejora continua. Algunas recomendaciones que puedo sugerir para su implementación
Aunque esta propuesta surge de la realidad ecuatoriana, su lógica es aplicable a otros países de la región que enfrentan retos similares: baja madurez en la gestión, uso limitado de metodologías modernas, carencia de datos abiertos y brechas de transparencia. Un Observatorio Nacional de Proyectos no solo ordena la información, sino que genera confianza y habilita la toma de decisiones basada en evidencia. En países con estructuras gubernamentales descentralizadas, puede incluso articularse con observatorios locales, construyendo redes de conocimiento regionales. Un Estado que gestiona bien sus proyectos no solo entrega obras en tiempo y presupuesto; construye confianza, competitividad y sostenibilidad. Pero para lograrlo, necesitamos dejar de trabajar en silos y comenzar a pensar en ecosistemas de gestión integrados. El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador es más que un diagnóstico: es un punto de partida. Nos muestra con precisión dónde estamos y nos invita a reflexionar hacia dónde queremos ir. Por eso, esta invitación es clara: lea el informe completo, analice los datos, cuestione los hallazgos y súmese a la conversación sobre cómo construir un Ecuador con proyectos que realmente transformen vidas. En este “mapa invisible” que hoy tenemos, el Observatorio Nacional de Proyectos podría ser la brújula que nos ayude a navegar hacia un futuro más ordenado, eficiente y, sobre todo, sostenible. English VersionIn Ecuador and many Latin American countries, project management has become an indispensable pillar for economic, social, and technological development. However, the data from the recent Analysis of Project Management in Ecuador reveal a worrying reality: we operate in a fragmented environment, lacking a robust monitoring, evaluation, and collective learning system that enables us to transform dispersed information into strategic knowledge. What we have today is, simply put, an "invisible map." We know the projects are there, but we lack a public mechanism that allows us to clearly understand their impact, efficiency, and alignment with the country's needs. The report's findings, complemented by the specific analysis of the public sector, are compelling: 65.5% of institutions do not have a PMO that centralizes information and standardizes processes; most projects are managed with predictive approaches that, while helpful, are insufficient given the complexity of today's environments; And, most worryingly, the recurring failures, changes in priorities, lack of resources, and poor management of requirements, which reflect a more reactive than strategic management approach. In this context, a National Project Observatory (NPO) is presented not only as a necessity but as an imperative to professionalize management and democratize access to reliable and up-to-date information. This observatory would be a public, transparent, and collaborative space that centralizes data, generates indicators, and offers open analyses, accessible not only to state agencies and the private sector but also to citizens, academia, and professional associations. The NPO could be structured under a tripartite governance model that integrates:
Beyond a technological platform, the observatory must become a knowledge center, capable of generating trends, identifying capacity gaps, and proposing continuous improvement strategies. Some recommendations I can suggest for its implementation:
Although this proposal stems from the Ecuadorian reality, its logic applies to other countries in the region that face similar challenges: low management maturity, limited use of modern methodologies, lack of open data, and transparency gaps. A National Project Observatory not only organizes information but also builds trust and enables evidence-based decision-making. In countries with decentralized government structures, it can even be coordinated with local observatories, building regional knowledge networks. In this "invisible map" we have today, the National Project Observatory could be the compass that helps us navigate toward a more orderly, efficient, and, above all, sustainable future. |
Gestión de proyectos en el sector público - Project management in the public sector.
| En Ecuador, la gestión de proyectos en el sector público es, en muchos sentidos, el gran elefante en la sala del desarrollo nacional: está presente en cada discusión sobre progreso, infraestructura, inversión social y modernización del Estado, pero rara vez se aborda con la franqueza y profundidad que amerita. El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador, con base en datos reales de directores y gerentes de proyectos de todo el país, pone en blanco y negro lo que muchos sospechaban: la cultura de dirección de proyectos, particularmente en el sector público, se encuentra en una etapa de madurez baja, carece de un marco consolidado y, en demasiados casos, está más expuesta a la improvisación que a la planificación estratégica. La radiografía que presenta el informe no es complaciente. A pesar de que el 70,7% de los directores de proyectos en el país tienen estudios de cuarto nivel y más del 65% cuenta con más de seis años de experiencia, solo el 32,8% posee certificaciones internacionales como la PMP®, estándar reconocido por el Project Management Institute (PMI) como prueba de competencia global. La falta de certificación no solo limita la adopción de metodologías y herramientas probadas, sino que, en el caso del sector público, se traduce en mayores probabilidades de repetir errores estructurales en la ejecución de proyectos. El panorama se agrava con un dato que debería generar debate: el 65,5% de las empresas y entidades encuestadas no cuenta con una Oficina de Dirección de Proyectos (PMO), una instancia clave para estandarizar procesos, medir el rendimiento y garantizar la alineación de los proyectos con los objetivos institucionales. En el caso de las instituciones públicas, la ausencia de una PMO con autoridad técnica significa que la continuidad y calidad de los proyectos dependen excesivamente de voluntades políticas o de decisiones administrativas coyunturales, más que de criterios técnicos y de impacto. La consecuencia de estas debilidades se refleja en las causas de fracaso más frecuentes identificadas por el informe: cambios constantes de prioridades (17,2%), recursos limitados (17,2%), recopilación de requisitos inadecuada (12,1%), falta de identificación temprana de riesgos (10,3%) y cambios de objetivos en plena ejecución (8,6%). En proyectos de infraestructura, salud o educación, estos problemas se traducen en obras inconclusas, sobrecostos y pérdida de confianza ciudadana. A pesar de que las metodologías ágiles y los enfoques híbridos son ampliamente reconocidos como herramientas para manejar entornos inciertos, en el Ecuador su uso aún es limitado. El estudio revela que predomina el enfoque predictivo —tradicionalmente más rígido— y que prácticas como Scrum, Kanban, DevOps o Design Thinking ocupan los últimos lugares en frecuencia de uso. Esto no es menor: un sector público que no adapta su gestión a un mundo cambiante se condena a trabajar con procesos más lentos y menos responsivos ante imprevistos. El informe también alerta sobre un aspecto estratégico: la subutilización de la tecnología. Aunque los encuestados reconocen la importancia de la inteligencia artificial, el machine learning y el blockchain para optimizar la asignación de recursos, mejorar el análisis de riesgos y automatizar tareas, su integración en la gestión pública es escasa. Esta brecha tecnológica limita la capacidad de anticiparse a problemas y tomar decisiones basadas en datos. Frente a este diagnóstico, las propuestas para el sector público deben ir más allá de reformas aisladas. Se requiere:
Para quienes aspiran a convertirse en directores de proyectos en el Ecuador, las recomendaciones son claras: invertir en educación especializada, obtener certificaciones como PMP®, PMI-ACP®, desarrollar habilidades de liderazgo y negociación, dominar las herramientas digitales y, sobre todo, comprender el marco normativo del sector público. La gestión de proyectos no es solo un conjunto de técnicas; es la capacidad de alinear visiones políticas, recursos limitados y expectativas ciudadanas hacia resultados medibles y sostenibles. El “elefante en la sala” de la gestión pública no desaparecerá por sí solo. Se necesita voluntad política para impulsar estándares globales, compromiso de los directores de proyectos para elevar su nivel profesional y una sociedad que exija transparencia y resultados. Un Estado que gestiona bien sus proyectos no solo entrega obras en tiempo y presupuesto: construye confianza, impulsa competitividad y crea las condiciones para un desarrollo nacional sostenible. Para entender en profundidad esta realidad y explorar con datos precisos dónde estamos y hacia dónde podemos llegar, el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador es una lectura imprescindible. Es más que un diagnóstico: es un llamado a la acción para transformar la manera en que concebimos, planificamos y ejecutamos los proyectos que moldean el futuro del país. English VersionIn Ecuador, project management in the public sector is, in many ways, the big elephant in the room of national development: it's present in every discussion about progress, infrastructure, social investment, and state modernization, but it's rarely addressed with the frankness and depth it deserves. The Analysis of Project Management in Ecuador, based on real data from project directors and managers across the country, puts into sharp focus what many suspected: the project management culture, particularly in the public sector, is at a low stage of maturity, lacks a consolidated framework, and, in too many cases, is more prone to improvisation than to strategic planning. The report's snapshot is not flattering. Although 70.7% of project directors in the country have a post-secondary education and more than 65% have more than six years of experience, only 32.8% hold international certifications such as the PMP®, a standard recognized by the Project Management Institute (PMI) as proof of global competency. The lack of certification not only limits the adoption of proven methodologies and tools but, in the case of the public sector, also translates into a greater likelihood of repeating structural errors in project execution. The situation is further aggravated by the fact that 65.5% of the companies and entities surveyed do not have a Project Management Office (PMO), a key entity for standardizing processes, measuring performance, and ensuring project alignment with institutional objectives. In the case of public institutions, the absence of a PMO with technical authority means that project continuity and quality depend excessively on political will or temporary administrative decisions, rather than on technical and impact criteria. The consequences of these weaknesses are reflected in the most frequent causes of failure identified by the report: constant changes in priorities (17.2%), limited resources (17.2%), inadequate requirements gathering (12.1%), lack of early risk identification (10.3%), and changes in objectives during execution (8.6%). In infrastructure, healthcare, and education projects, these problems translate into unfinished projects, cost overruns, and loss of public trust. Although agile methodologies and hybrid approaches are widely recognized as tools for managing uncertain environments, their use is still limited in Ecuador. The study reveals that the predictive approach—traditionally more rigid—predominates, and practices such as Scrum, Kanban, DevOps, and Design Thinking occupy the lowest places in frequency of use. This is not insignificant: a public sector that does not adapt its management to a changing world condemns itself to working with slower processes that are less responsive to unforeseen events. The report also highlights a strategic aspect: the underutilization of technology. Although respondents recognize the importance of artificial intelligence, machine learning, and blockchain for optimizing resource allocation, improving risk analysis, and automating tasks, their integration into public management is limited. This technological gap limits the ability to anticipate problems and make data-driven decisions. Faced with this diagnosis, proposals for the public sector must go beyond isolated reforms. The following are required: 1. Establish robust PMOs in all state agencies, with standardized processes and technical authority to oversee and guide projects. For those aspiring to become project managers in Ecuador, the recommendations are clear: invest in specialized education, obtain certifications such as PMP® and PMI-ACP®, develop leadership and negotiation skills, master digital tools, and, above all, understand the public sector's regulatory framework. Project management is not just a set of techniques; it is the ability to align political visions, limited resources, and citizen expectations toward measurable and sustainable results. The "elephant in the room" of public management will not disappear on its own. It requires political will to promote global standards, commitment from project managers to elevate their professional level, and a society that demands transparency and results. A State that manages its projects well not only delivers works on time and within budget; it builds trust, boosts competitiveness, and creates the conditions for sustainable national development. To fully understand this reality and explore with accurate data where we are and where we can go, the Analysis of Project Management in Ecuador is essential reading. It's more than a diagnosis: it's a call to action to transform the way we conceive, plan, and execute the projects that shape the country's future. |
La IA ya está aquí: ¿cómo pueden los project managers usarla antes de quedar obsoletos?. - AI is here: How can project managers use it before it becomes obsolete?
| La inteligencia artificial (IA) no es una moda ni un “nice to have”: es el nuevo lenguaje operativo de los negocios y, por tanto, de los proyectos. Mientras muchos directores de proyecto aún discuten si su organización debería “probar algo de IA”, otras compañías ya automatizan la PMO, predicen riesgos con modelos de machine learning, redactan informes ejecutivos en minutos con modelos de lenguaje y optimizan la asignación de recursos en tiempo (casi) real. En Ecuador, los datos del Análisis de la Gestión de Proyectos muestran que el ecosistema todavía está madurando: 65,5% de las empresas no cuentan con un departamento específico para la gestión de proyectos (PMO), 44,8% declara no tener personal con formación especializada en dirección de proyectos y sólo el 32,8% de los profesionales encuestados posee certificaciones internacionales; aun así, la IA ya figura como importante para muchos, destacando tecnologías como deep learning, machine learning, NLP y blockchain. Desde la perspectiva del Project Management Institute (PMI), el rol del director de proyectos se ha ido moviendo desde el “gestor de entregables” hacia un integrador de valor, estratega adaptable y líder impulsado por datos. La IA acelera ese giro: transfiere al algoritmo las tareas transaccionales (reportería, estimaciones, procesamiento de cambios, consolidación de lecciones aprendidas) y libera tiempo humano para lo que PMI llama consistentemente power skills: liderazgo, influencia, pensamiento sistémico, ética y juicio. Si el project manager no abraza esa reasignación, quedará atrapado defendiendo tareas que la máquina hará más rápido, más barato y —tarde o temprano— mejor. El informe revela una fuerte preferencia por enfoques predictivos y mediciones clásicas del desempeño (primer y segundo lugar del ranking de prácticas), con baja adopción de marcos ágiles escalados, Kanban y DevOps. Eso abre una ventana clara: la IA puede ser el puente práctico hacia verdaderos enfoques híbridos, porque permite simular escenarios (predictivo) y, al mismo tiempo, aprender de iteraciones rápidas (ágil). Por ejemplo:
No es casual que, en el informe, tecnologías como machine learning (41,4% la considera importante), deep learning (46,6%), NLP (44,8%) y blockchain (43,1%) ya sean vistas como relevantes: el terreno está abonado para dar el salto, pero falta método, gobierno de datos y, sobre todo, patrones de uso repetibles que hagan que la IA deje de ser un experimento aislado y pase a formar parte del sistema operativo de la organización. Casos de uso reales y herramientas emergentes que ya podemos integrar
Algunas de las actividades concretas que podemos analizar para implementar la IA en los proyectos son:
El director de proyectos del futuro cercano no se define por las herramientas que domina, sino por su capacidad de traducir problemas complejos en flujos de datos, algoritmos y decisiones humanas informadas. No es reemplazado por la IA; es reemplazado por quien sepa trabajar con ella. La obsolescencia no vendrá porque “una máquina haga su trabajo”, sino porque otro profesional que entregará más valor, más rápido y con menos fricción. Ecuador tiene una oportunidad única: partir de una base que reconoce la importancia de la IA, pero que aún no la integra sistemáticamente, permite saltar etapas si se articula una agenda país-empresa-profesional coherente: PMOs digitales, programas de certificación que incluyan IA aplicada, repositorios nacionales de lecciones aprendidas anonimizadas, y comunidades que compartan playbooks y modelos reutilizables. Este ensayo es apenas una puerta de entrada. La invitación es a leer completo el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador, Volumen 1, entender dónde estamos realmente y decidir, con evidencia local, por dónde empezar a incorporar IA en la práctica diaria. Disponible a través de Grupo González – Línea ESPRO en el link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net El reloj ya corre: la IA está aquí. El reto es que todos los project managers también lo estemos. English VersionArtificial intelligence (AI) is neither a fad nor a "nice-to-have ": it is the new operational language of business, and therefore, of projects. While many project managers are still debating whether their organization should "try some AI," other companies are already automating the PMO, predicting risks with machine learning models, writing executive reports in minutes with language models, and optimizing resource allocation in (almost) real time. In Ecuador, data from the Project Management Analysis indicate that the ecosystem is still maturing: 65.5% of companies do not have a dedicated project management department (PMO), 44.8% report not having staff with specialized training in project management, and only 32.8% of the professionals surveyed hold international project management certifications. Even so, AI is already considered important to many, with technologies such as deep learning, machine learning, NLP, and blockchain being highlighted. From the Project Management Institute (PMI) perspective, the role of the project manager has been shifting from "deliverables manager" to that of a value integrator, adaptable strategist, and data-driven leader. AI accelerates this shift: it transfers transactional tasks (reporting, estimating, change processing, and consolidating lessons learned) to the algorithm, freeing up human time for what PMI consistently calls power skills: leadership, influence, systems thinking, ethics, and judgment. If the project manager doesn't embrace this reallocation, they'll be stuck defending tasks that the machine will do faster, cheaper, and—sooner or later—better. The report reveals a strong preference for predictive approaches and classic performance measurements (first and second in the ranking of practices), with low adoption of scaled agile frameworks, Kanban, and DevOps. This opens a clear window: AI can be the practical bridge to true hybrid approaches, because it allows for simulating scenarios (predictive) and, at the same time, learning from rapid iterations (agile). For example:
It's no coincidence that, in the report, technologies such as machine learning (41.4% consider it important), deep learning (46.6%), NLP (44.8%), and blockchain (43.1%) are already seen as relevant: the ground is ripe for making the leap, but what's lacking is a method, data governance, and, above all, repeatable usage patterns that will transform AI from an isolated experiment to an integral part of the organization's operating system.
Some of the specific activities we can analyze to implement AI in projects are:
The project manager of the near future is not defined by the tools they master, but by their ability to translate complex problems into data flows, algorithms, and informed human decisions. AI does not replace them; they are replaced by those who know how to work with it. Obsolescence will not come about because "a machine does its job," but because another professional will deliver more value, faster, and with less friction. Ecuador has a unique opportunity: starting from a foundation that recognizes the importance of AI, but has not yet systematically integrated it, allows for leaps forward if a coherent country-company-professional agenda is articulated: digital PMOs, certification programs that include applied AI, national repositories of anonymized lessons learned, and communities that share playbooks and reusable models. This essay is merely a starting point. The invitation is to read the entire Analysis of Project Management in Ecuador, Volume 1, to understand where we really are and decide, based on local evidence, where to start incorporating AI into daily practice. Available through Grupo González – Línea ESPRO at the link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net The clock is ticking: AI is here. The challenge is for all project managers to be here too. |
La invisibilidad del director de proyectos en la toma de decisiones: ¿por qué aún no lideramos los presupuestos? - The invisibility of the project manager in decision-making: Why aren't we still leading budgets?
| En la teoría, el director de proyectos es quien lidera, guía y toma decisiones estratégicas para lograr que un proyecto avance con éxito desde su inicio hasta su cierre. Pero en la práctica ecuatoriana, y quizás de algunos países, esta figura sigue atrapada en una paradoja organizacional: se espera que entregue resultados sobresalientes, sin que se le otorgue el poder y autoridad necesaria para alcanzarlos. Una de las manifestaciones más evidentes de esta contradicción se observa en la gestión presupuestaria. Según el reciente Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador (González y Jaramillo, 2024), apenas el 32,8% de los directores de proyectos gestionan directamente los presupuestos de sus iniciativas. En contraste, el 41,4% de los presupuestos están bajo la responsabilidad de gerentes funcionales, y otro 17,2% recae en líderes funcionales o administrativos. Es decir, en más de la mitad de los casos, quien lidera el proyecto no tiene el control financiero del mismo. Esto genera una situación insostenible, en la que los directores deben rendir cuentas por resultados que dependen de decisiones tomadas por otros actores. Esta falta de empoderamiento no es un simple error técnico; es un síntoma de una cultura organizacional que todavía no reconoce al director de proyectos como un líder estratégico, sino como un rol solo operacional de coordinación de reuniones. En muchas empresas ecuatorianas, el rol del director de proyectos es visto como operativo, limitado a gestionar cronogramas y coordinar tareas, mientras que las decisiones clave, como la aprobación de gastos, la asignación de recursos o la reprogramación presupuestaria, permanecen en manos de otros. Las consecuencias de esta desconexión son profundas. Sin control sobre el presupuesto, el director de proyectos no puede tomar decisiones oportunas ante riesgos emergentes ni ajustar recursos de forma proactiva. La planificación pierde precisión, la ejecución se ralentiza y los costos tienden a desviarse. Además, esta situación mina la motivación del líder de proyecto, quien muchas veces se convierte en un mero intermediario entre los intereses del área funcional y las necesidades del equipo de trabajo. El impacto de esta falta de autoridad presupuestaria también se refleja en los resultados. El informe revela que las causas más frecuentes de fracaso en los proyectos ecuatorianos son el cambio constante de prioridades organizacionales (17,2%), los recursos limitados (17,2%) y la recolección inadecuada de requisitos (12,1%). Todas estas causas tienen un denominador común: una gobernanza débil, donde las decisiones críticas no están alineadas con el liderazgo del proyecto. La falta de una figura que tenga tanto la responsabilidad como la autoridad para guiar el proyecto termina comprometiendo su éxito. Para comprender por qué esta situación persiste, debemos mirar más allá de las cifras y explorar el entorno estructural que la permite. Primero, la cultura de gestión en muchas organizaciones ecuatorianas sigue estando anclada en modelos funcionales tradicionales. En estos esquemas, el poder está concentrado en las líneas jerárquicas verticales y no se distribuye de forma transversal a los líderes de proyecto. Segundo, existe una visión limitada del rol del director de proyectos, a quien se le sigue viendo como un ejecutor técnico y no como un estratega capaz de generar valor. Tercero, aún se percibe cierta desconfianza institucional hacia estos profesionales, alimentada por el bajo porcentaje de certificaciones internacionales: apenas el 32,8% de los encuestados posee alguna, siendo la PMP®. Esta carencia puede influir en la reticencia de las organizaciones a delegar el control de recursos significativos. No obstante, esta realidad puede y debe cambiar. Para lograrlo, es imprescindible que las empresas ecuatorianas adopten un nuevo modelo de gobernanza de proyectos. Este modelo debe reconocer formalmente al director de proyectos como un líder con poder de decisión presupuestaria. No se trata simplemente de modificar una estructura organizacional, sino de transformar la mentalidad con la que se aborda la gestión de proyectos. Una solución clave es fortalecer las Oficinas de Gestión de Proyectos (PMO), ya que estas estructuras permiten establecer políticas claras sobre roles, responsabilidades, niveles de autoridad y rendición de cuentas. Una PMO madura no solo respalda al director de proyecto, sino que actúa como puente entre la alta dirección y los equipos operativos, asegurando una alineación constante entre los objetivos estratégicos y la ejecución táctica. Asimismo, es fundamental invertir en el desarrollo profesional de los directores de proyecto. Obtener certificaciones internacionales como PMP®, PMI-ACP® o CAPM®, no debe verse como un lujo, sino como una inversión estratégica en la credibilidad del liderazgo técnico. Más allá de la certificación, los directores de proyectos deben fortalecer sus habilidades en gestión financiera, negociación, comunicación efectiva y liderazgo organizacional. Dominar el lenguaje del presupuesto es también dominar el lenguaje del poder. Para quienes aspiran a convertirse en directores de proyectos, el mensaje es claro: no basta con conocer metodologías o dominar herramientas digitales. Hoy, más que nunca, es indispensable construir una identidad profesional sólida, capaz de generar confianza, inspirar a los equipos y negociar con decisión frente a las altas esferas organizacionales. Formarse, certificarse, participar en comunidades como el PMI y asumir roles de voluntariado profesional son pasos fundamentales para dejar atrás la invisibilidad y convertirse en protagonistas del cambio. En definitiva, el camino hacia una gestión de proyectos moderna, efectiva y alineada con las mejores prácticas internacionales no se construye con buenas intenciones, sino con decisiones estructurales. Empoderar al director de proyectos para que lidere también el presupuesto es más que una necesidad: es un paso ineludible hacia la eficiencia, la transparencia y el verdadero liderazgo de proyectos en Ecuador. Te invito a leer el informe completo "Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador" para descubrir en profundidad los hallazgos, cifras, gráficos y estrategias que marcarán el futuro de esta disciplina en el país. Disponible a través de Grupo González – Línea ESPRO en el link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net
English Version In theory, the project manager is the person who leads, guides, and makes strategic decisions to ensure a project's successful progress from inception to completion. But in Ecuadorian practice, and perhaps in some other countries, this figure remains trapped in an organizational paradox: they are expected to deliver outstanding results without being granted the power and authority necessary to achieve them. One of the most evident manifestations of this contradiction is observed in budget management. According to the recent Analysis of Project Management in Ecuador (González and Jaramillo, 2024), only 32.8% of project managers directly manage the budgets of their initiatives. In contrast, 41.4% of budgets are under the responsibility of functional managers, and an additional 17.2% fall under the purview of functional or administrative leaders. In other words, in more than half of the cases, the project leader does not have financial control over the project. This creates an unsustainable situation in which project managers are held accountable for results that depend on decisions made by other stakeholders. This lack of empowerment is not a simple technical error; it is a symptom of an organizational culture that still fails to recognize the project manager as a strategic leader, but rather as a purely operational role, focusing on coordinating meetings. In many Ecuadorian companies, the project manager's role is often viewed as operational, with a focus on managing schedules and coordinating tasks. At the same time, key decisions, such as expense approval, resource allocation, or budget rescheduling, remain in the hands of others. The consequences of this disconnect are profound. Without control over the budget, the project manager cannot make timely decisions regarding emerging risks or proactively adjust resources to address them. Planning loses precision, execution slows down, and costs tend to slip. Furthermore, this situation undermines the project leader's motivation, who often becomes a mere intermediary between the interests of the functional area and the needs of the work team. The impact of this lack of budgetary authority is also reflected in the results. The report reveals that the most frequent causes of failure in Ecuadorian projects are the constant change of organizational priorities (17.2%), limited resources (17.2%), and inadequate requirements gathering (12.1%). All of these causes have a common denominator: weak governance, where critical decisions are not aligned with project leadership. The lack of a figure with both the responsibility and authority to guide the project ultimately compromises its success. To understand why this situation persists, we must look beyond the numbers and explore the structural environment that enables it. First, the management culture in many Ecuadorian organizations remains anchored in traditional functional models. In these structures, power is concentrated in vertical reporting lines rather than being distributed across project leaders. Second, there is a limited view of the project manager's role, who continues to be viewed as a technical executor rather than a strategist capable of generating value. Third, there remains a certain institutional distrust toward these professionals, fueled by the low percentage of international certifications: only 32.8% of respondents hold one, with the PMP being the only recognized certification. This lack may influence organizations' reluctance to delegate control of significant resources. However, this reality can and must change. To achieve this, Ecuadorian companies must adopt a new project governance model. This model must formally recognize the project manager as a leader with budgetary decision-making power. This is not simply a matter of modifying an organizational structure, but rather a transformation of the mindset with which project management is approached. A key solution is to strengthen Project Management Offices (PMOs), as these structures enable the establishment of clear policies regarding roles, responsibilities, levels of authority, and accountability. A mature PMO not only supports the project manager but also serves as a bridge between senior management and operational teams, ensuring constant alignment between strategic objectives and tactical execution. Likewise, it is essential to invest in the professional development of project managers. Obtaining international certifications such as PMP®, PMI-ACP®, or CAPM® should not be seen as a luxury, but as a strategic investment in the credibility of technical leadership. Beyond certification, project managers must strengthen their skills in financial management, negotiation, effective communication, and organizational leadership. Mastering the language of the budget also means learning the language of power. For those aspiring to become project managers, the message is clear: knowing methodologies or mastering digital tools is not enough. Today, more than ever, it is essential to build a strong professional identity that can generate trust, inspire teams, and negotiate decisively at the highest levels of the organization. Training, certification, participating in communities like the PMI, and taking on professional volunteer roles are fundamental steps to leaving invisibility behind and becoming protagonists of change. Ultimately, the path to modern, effective project management aligned with international best practices is not built on good intentions alone, but on structural decisions. Empowering project managers to also lead the budget is more than a necessity; it is an unavoidable step toward efficiency, transparency, and true project leadership in Ecuador. I invite you to read the full report "Analysis of Project Management in Ecuador" to discover in-depth findings, figures, graphs, and strategies that will shape the future of this discipline in the country. Available through Grupo González – Línea ESPRO at the link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net |





