Project Management

José González, Ecuador

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Mi blog es un espacio donde podremos compartir información de Dirección de Proyectos en Español, buscando como unificar criterios y desarrollar habilidades para la Dirección de Proyectos, personalizado al público habla hispana. My blog is a space where we can share Project Management information in Spanish, looking for how to unify criteria and develop skills for Project Management, personalized to the Spanish speaking public.

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El futuro del Project Manager a 2030: habilidades, salarios y roles emergentes - The future of the Project Manager in 2030: skills, salaries and emerging roles.

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El futuro del Project Manager a 2030: habilidades, salarios y roles emergentes - The future of the Project Manager in 2030: skills, salaries and emerging roles.

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Hablar del futuro del Project Manager ya no es un ejercicio especulativo. Los datos disponibles permiten observar señales claras sobre hacia dónde se está moviendo la profesión y qué capacidades serán determinantes para mantenerse vigente en los próximos años.

La dirección de proyectos en Ecuador está entrando en una etapa de transición profunda: más organizaciones estructuran roles de gestión, crece la presencia de las PMO, aumenta el interés por la inteligencia artificial, se incorporan profesionales jóvenes y se reconoce con mayor fuerza que los proyectos son una capacidad estratégica para competir, innovar y ejecutar la transformación.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 muestra que el país atraviesa una segunda ola de profesionalización. La muestra crece de 58 participantes en 2024 a 126 en 2025, lo que permite observar con mayor claridad la evolución del ecosistema. En 2024 predominaban perfiles con mayor trayectoria; en 2025, el 46% de los profesionales reporta menos de cinco años de experiencia, el 27% entre seis y diez años, y otro 27% más de once años. Este dato revela una entrada significativa de talento joven, lo que representa una oportunidad para renovar la disciplina, pero también un riesgo si esa nueva generación no se forma con estándares, mentoría y una experiencia progresiva.

El futuro del Project Manager ecuatoriano hacia 2030 estará marcado por una paradoja: habrá una mayor demanda de profesionales de proyectos, pero no todos estarán preparados para captar las mejores oportunidades. El mercado ya está enviando señales. En 2025, el 73% de los encuestados no posee certificaciones internacionales y solo el 27% declara contar con alguna credencial relacionada con la dirección de proyectos, cifra inferior al 32,8% registrado en 2024. Esta reducción ocurre justamente cuando la profesión exige mayor formalización, dominio metodológico, lenguaje global y capacidad para trabajar en entornos híbridos, digitales y multiculturales.

La certificación no debe verse como un fin en sí mismo, sino como una señal de disciplina profesional. Los datos salariales del informe lo confirman: el salario guarda una relación estadística con el cargo, la experiencia y la certificación internacional. Entre quienes poseen certificación, el 67,6% reporta ingresos superiores a $2.001 mensuales; entre quienes no la poseen, esa proporción baja al 31,5%. Esto no significa que una credencial garantice automáticamente mejores ingresos, pero sí evidencia que el mercado comienza a reconocer con mayor fuerza la combinación de experiencia aplicada, responsabilidad organizacional y validación profesional.

Para 2030, el salario del Project Manager ecuatoriano probablemente se diferenciará menos por el título del cargo y más por el valor que sea capaz de generar. El informe 2025 muestra que un coordinador de proyectos se percibe principalmente entre $1.001 y $2.500, mientras que un director de proyecto con certificación se percibe con mayor fuerza entre $2.501 y $5.000. El director de PMO se proyecta en rangos superiores, con una concentración entre $3.501 y $5.000 y una proporción relevante por encima de $5.001. El gerente departamental de proyectos aparece como el rol con la mayor expectativa de compensación. La lectura es clara: cuanto más estratégico sea el rol, mayor será su reconocimiento económico.

Esta tendencia permite anticipar una transformación en las trayectorias profesionales. El Project Manager operativo seguirá existiendo, pero tendrá menos diferenciación si se limita a administrar cronogramas, reuniones y reportes. En cambio, emergerán perfiles de mayor valor: líderes de PMO, gestores de portafolio, directores de programas estratégicos, especialistas en beneficios, gestores de transformación digital, líderes de proyectos con inteligencia artificial, project controllers con analítica de datos, responsables de la gobernanza de cambios, gestores de sostenibilidad en proyectos y profesionales capaces de integrar estrategia, tecnología y ejecución.

La PMO desempeñará un papel central en este escenario. En 2024, solo el 34,5% de las organizaciones reportaba contar con una oficina o departamento de gestión de proyectos; en 2025, la cifra sube al 50%. Este avance muestra que la dirección de proyectos está dejando de ser una práctica dispersa para convertirse en una estructura organizacional. Sin embargo, el reto hacia 2030 será evitar que las PMO se limiten a consolidar reportes. Una PMO madura deberá priorizar los portafolios, proteger los recursos, gestionar los beneficios, anticipar los riesgos, institucionalizar las buenas prácticas y conectar la ejecución con la estrategia.

La inteligencia artificial también redefinirá el perfil profesional. En 2025, el 81,7% considera importante o muy importante el machine learning para mejorar la dirección de proyectos; también se valoran tecnologías como el deep learning, la computación en la nube distribuida, el procesamiento del lenguaje natural, el IoT y los robots de software. No obstante, todavía existe una brecha entre la percepción y el uso real. Hacia 2030, el Project Manager que no domine datos, automatización, analítica predictiva y herramientas digitales estará en desventaja frente a perfiles capaces de anticipar desviaciones, simular escenarios, optimizar recursos y generar información ejecutiva para la toma de decisiones.

Pero el futuro no será únicamente tecnológico. El informe 2025 muestra que el 99,2% considera importantes las habilidades de liderazgo, el 96,8% las de negocio, el 90,5% las técnicas y el 89,7% las digitales. Esta combinación confirma que el Project Manager del futuro no será ni un técnico aislado ni un administrador de tareas. Será un integrador organizacional: alguien capaz de influir sin autoridad formal, negociar recursos limitados, resolver conflictos, comunicar con claridad, comprender el negocio y traducir datos en decisiones.

Esta capacidad será especialmente importante en Ecuador y LATAM, donde muchas organizaciones mantienen estructuras funcionales y niveles de autoridad compartidos. En 2025, aunque el 42,1% declara tener alta autoridad sobre los recursos, la mayoría opera con autoridad media, baja o incierta. Además, los recursos limitados aparecen como la principal causa de fracaso de los proyectos, con un 47,6%. Esto significa que el Project Manager a 2030 no podrá depender solo de su cargo. Deberá liderar por influencia: construir alianzas, persuadir con evidencia, negociar prioridades y elevar las conversaciones ejecutivas sobre capacidad, riesgos, presupuesto y beneficios.

Para mantenerse relevante, el profesional de proyectos debería iniciar hoy una ruta de desarrollo concreta.

Primero, fortalecer sus fundamentos: alcance, cronograma, costos, riesgos, adquisiciones, interesados, beneficios y control de cambios.
Segundo, certificarse progresivamente según su etapa profesional: credenciales iniciales para quienes comienzan, certificaciones ágiles o híbridas para quienes lideran equipos, y certificaciones avanzadas para quienes gestionan programas, portafolios o PMO.
Tercero, desarrollar capacidades digitales: analítica de datos, inteligencia artificial aplicada, automatización, tableros ejecutivos y herramientas PPM.
Cuarto, comprender el negocio: finanzas, estrategia, contratos, valor, productividad y sostenibilidad.
Quinto, construir liderazgo real: comunicación ejecutiva, negociación, gestión de conflictos e influencia.

Las empresas también deben tomar decisiones. No podrán competir a 2030 si siguen tratando la dirección de proyectos como una función administrativa. Deberán diseñar rutas de carrera, diferenciar roles, crear un PMO con mandato estratégico, medir el desempeño y los beneficios, profesionalizar la gestión de recursos, invertir en certificaciones y vincular la compensación al valor generado. El talento joven necesita mentoría; los profesionales sénior necesitan actualización; y las organizaciones necesitan sistemas que permitan convertir la experiencia individual en capacidad institucional.

El escenario más probable hacia 2030 es dual. Las organizaciones que profesionalicen su gestión de proyectos, adopten datos, fortalezcan su PMO y desarrollen talento podrán ejecutar con mayor consistencia y competir mejor. Las que no lo hagan seguirán enfrentando los mismos síntomas: retrasos, sobrecostos, corrupción del alcance, recursos insuficientes y decisiones tardías. Para los profesionales ocurrirá algo similar: quienes combinen experiencia, certificación, liderazgo, tecnología y visión de negocio tendrán mejores oportunidades salariales y estratégicas; quienes permanezcan solo en la administración operativa verán limitada su diferenciación.

El futuro del Project Manager ecuatoriano y, probablemente, de todo LATAM no estará definido únicamente por las metodologías. Estará definido por su capacidad para convertirse en un líder de transformación.

En 2030, el profesional más valioso no será quien conozca más formatos, sino quien logre conectar personas, estrategia, tecnología, recursos y resultados.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version

Talking about the future of the Project Manager is no longer a speculative exercise. The available data allows us to observe clear signals about where the profession is heading and which capabilities will be decisive for remaining relevant in the coming years.

Project management in Ecuador is entering a stage of deep transition: more organizations are structuring management roles, the presence of PMOs is growing, interest in artificial intelligence is increasing, young professionals are entering the field, and projects are increasingly recognized as a strategic capability for competing, innovating, and executing transformation.

The *Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2* shows that the country is going through a second wave of professionalization. The sample grew from 58 participants in 2024 to 126 in 2025, which makes it possible to observe the evolution of the ecosystem more clearly. In 2024, profiles with greater professional experience predominated; in 2025, 46% of professionals reported having less than five years of experience, 27% between six and ten years, and another 27% more than eleven years. This data reveals a significant entry of young talent, which represents an opportunity to renew the discipline, but also a risk if this new generation is not developed through standards, mentoring, and progressive experience.

The future of the Ecuadorian Project Manager toward 2030 will be marked by a paradox: there will be greater demand for project professionals, but not all will be prepared to capture the best opportunities. The market is already sending signals. In 2025, 73% of respondents did not hold international certifications, and only 27% reported having a project management credential, a figure below the 32.8% recorded in 2024. This reduction occurs precisely when the profession demands greater formalization, methodological mastery, a global language, and the ability to work in hybrid, digital, and multicultural environments.

Certification should not be seen as an end in itself, but as a signal of professional discipline. The salary data in the report confirms this: salary shows a statistical relationship with role, experience, and international certification. Among those who hold a certification, 67.6% report monthly income above $2,001; among those without certification, that proportion drops to 31.5%. This does not mean that a credential automatically guarantees higher income, but it does show that the market is increasingly recognizing the combination of applied experience, organizational responsibility, and professional validation.

By 2030, the salary of the Ecuadorian Project Manager will likely be differentiated less by job title and more by the value the professional can generate. The 2025 report shows that a project coordinator is primarily perceived in the $1,001 to $2,500 range, while a certified project manager is more strongly positioned in the $2,501 to $5,000 range. The PMO Director is projected in higher ranges, with a concentration between $3,501 and $5,000 and a significant proportion above $5,001. The departmental project manager appears to be the role with the highest compensation expectations. The reading is clear: the more strategic the role, the greater its economic recognition.

This trend makes it possible to anticipate a transformation in professional career paths. The operational Project Manager will continue to exist, but will have less differentiation if limited to managing schedules, meetings, and reports. Instead, higher-value profiles will emerge: PMO leaders, portfolio managers, strategic program directors, benefits specialists, digital transformation managers, AI-enabled project leaders, project controllers with data analytics capabilities, change governance managers, sustainability project managers, and professionals capable of integrating strategy, technology, and execution.

The PMO will play a central role in this scenario. In 2024, only 34.5% of organizations reported having a project management office or department; in 2025, the figure rose to 50%. This progress shows that project management is moving away from being a dispersed practice and becoming an organizational structure. However, the challenge toward 2030 will be to prevent PMOs from limiting themselves to consolidating reports. A mature PMO must prioritize portfolios, protect resources, manage benefits, anticipate risks, institutionalize good practices, and connect execution with strategy.

Artificial intelligence will also redefine the professional profile. In 2025, 81.7% considered machine learning important or very important for improving project management; technologies such as deep learning, distributed cloud computing, natural language processing, IoT, and software robots were also highly valued. Nevertheless, there is still a gap between perception and actual use. By 2030, the Project Manager who does not master data, automation, predictive analytics, and digital tools will be at a disadvantage compared to profiles capable of anticipating deviations, simulating scenarios, optimizing resources, and generating executive information for decision-making.

But the future will not be only technological. The 2025 report shows that 99.2% consider leadership skills important, 96.8% value business skills, 90.5% value technical skills, and 89.7% value digital skills. This combination confirms that the Project Manager of the future will not be an isolated technician or a task administrator. They will be an organizational integrator: someone capable of influencing without formal authority, negotiating limited resources, resolving conflicts, communicating clearly, understanding the business, and translating data into decisions.

This capability will be especially important in Ecuador and Latin America, where many organizations maintain functional structures and shared levels of authority. In 2025, although 42.1% reported having high authority over resources, the majority operate with medium, low, or uncertain authority. In addition, limited resources appear as the main cause of project failure, with 47.6%. This means that the Project Manager of 2030 will not be able to depend only on their title. They will have to lead through influence: building alliances, persuading with evidence, negotiating priorities, and elevating executive conversations about capacity, risks, budgets, and benefits.

To remain relevant, project professionals should begin a concrete development path today.

First, strengthen their fundamentals: scope, schedule, costs, risks, procurement, stakeholders, benefits, and change control.

Second, pursue certifications progressively according to their professional stage: entry-level credentials for those starting out, agile or hybrid certifications for those leading teams, and advanced certifications for those managing programs, portfolios, or PMOs.

Third, develop digital capabilities: data analytics, applied artificial intelligence, automation, executive dashboards, and PPM tools.

Fourth, understand the business: finance, strategy, contracts, value, productivity, and sustainability.

Fifth, build real leadership: executive communication, negotiation, conflict management, and influence.

Companies must also make decisions. They will not be able to compete by 2030 if they continue treating project management as an administrative function. They will need to design career paths, differentiate roles, create a PMO with a strategic mandate, measure performance and benefits, professionalize resource management, invest in certifications, and link compensation to generated value. Young talent needs mentoring; senior professionals need updating; and organizations need systems that enable the transformation of individual experience into institutional capability.

The most likely scenario toward 2030 is dual. Organizations that professionalize their project management, adopt data, strengthen their PMO, and develop talent will be able to execute with greater consistency and compete more effectively. Those that do not will continue to face the same symptoms: delays, cost overruns, scope creep, insufficient resources, and late decisions. For professionals, something similar will occur: those who combine experience, certification, leadership, technology, and business vision will earn higher salaries and have more strategic opportunities; those who remain only in operational administration will see their differentiation limited.

The future of the Ecuadorian Project Manager—and probably of the Project Manager across Latin America—will not be defined solely by methodologies. It will be defined by their ability to become a transformation leader.

In 2030, the most valuable professional will not be the one who knows the most templates, but the one who can connect people, strategy, technology, resources, and results.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.

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Posted on: July 05, 2026 11:43 AM | Permalink | Comments (1)

Construcción y sector público: lo que nos dice estos sectores para la dirección de proyectos - Construction and the public sector: what these sectors tell us about project management.

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Los sectores que más proyectos movilizan no siempre son los que tienen mayor madurez para ejecutarlos. El caso ecuatoriano permite observar con claridad esta tensión.

En 2025, el sector público aparece como el principal espacio de actividad proyectizada, con un 21,4% de participación en la muestra, seguido por la construcción, con un 19%. Un año antes, en 2024, el liderazgo estaba en servicios, con 20,7%, mientras que el sector público representaba 13,8% y la construcción, 12,1%. Este cambio no es solo estadístico; refleja una transformación del ecosistema: los proyectos con mayor impacto territorial, institucional y económico están ganando protagonismo.

Esta realidad es especialmente relevante porque la construcción y el sector público inciden directamente en la competitividad de un país. Infraestructura, obras civiles, mantenimiento, equipamiento, servicios públicos, tecnología estatal, movilidad, educación, salud y desarrollo urbano dependen, en gran medida, de la capacidad para ejecutar proyectos con disciplina. Cuando estos sectores funcionan bien, se acelera el desarrollo. Cuando fallan, los efectos se trasladan a los ciudadanos, las empresas, los presupuestos públicos y la confianza institucional.

Sin embargo, liderar en presencia no significa liderar en desempeño. El informe 2025 evidencia que el sector privado presenta mejores resultados que el público. En cumplimiento de objetivos, el sector público alcanza el 68% de los proyectos que cumplen siempre o casi siempre con el objetivo para el que fueron creados, mientras que el sector privado llega al 72,2%. En cumplimiento de plazos, el sector público alcanza el 48%, frente al 56,4% del sector privado. En el presupuesto, el sector público registra un 44%, frente al 56,5% del sector privado. Además, la corrupción del alcance afecta con mayor fuerza al sector público: el 84% reporta que ocurre algunas veces, casi siempre o siempre, frente al 75,2% en el sector privado.

La conclusión no debe ser que el sector público “gestiona mal” y el privado “gestiona bien”. Esa lectura sería superficial. Lo que muestran los datos es que los proyectos públicos operan bajo mayor complejidad institucional: contratación, fiscalización, controles, presión social, múltiples interesados, cambios políticos, restricciones presupuestarias y rendición de cuentas.

Pero precisamente por esa complejidad, el sector público necesita más profesionalización, no menos. Necesita PMO gubernamentales, gestión de portafolios, mejores criterios de priorización, control de cambios, trazabilidad, indicadores de beneficios y equipos especializados en adquisiciones.

La construcción enfrenta una realidad similar desde otro ángulo. Es un sector intensivo en contratos, costos, plazos, proveedores, permisos, riesgos técnicos, logística y cambios de alcance. Aunque el informe no desglosa el desempeño específico de la construcción, los principales problemas del ecosistema ecuatoriano impactan directamente en este sector: el 47,6% identifica los recursos limitados como la principal causa de fracaso; el 10,3% menciona la recopilación inadecuada de requisitos; y la corrupción del alcance sigue siendo frecuente. En la construcción, estos factores suelen traducirse en ampliaciones de plazo, órdenes de cambio, sobrecostos, reclamos, disputas contractuales y pérdida de confianza del cliente.

La experiencia ecuatoriana deja una lección para LATAM: la madurez en la dirección de proyectos no se mide por la cantidad de proyectos iniciados, sino por la capacidad de terminarlos con valor, control y aprendizaje institucional. Muchos países de la región comparten desafíos similares: alta dependencia de proyectos públicos de infraestructura, estructuras funcionales, cambios de prioridades, baja cultura de portafolio, contratación compleja, limitación de recursos y débil institucionalización de PMO. Por eso, Ecuador sirve como un espejo útil para analizar una realidad regional.

La primera lección para LATAM es que el sector público debe dejar de gestionar proyectos como expedientes administrativos y empezar a gestionarlos como inversiones de valor público. Esto implica pasar de medir la ejecución presupuestaria a medir beneficios, impacto, calidad, oportunidad y sostenibilidad. Un proyecto público no es exitoso solo porque se contrató o se ejecutó; lo es cuando resuelve el problema para el que fue creado y entrega valor real a la ciudadanía.

La segunda lección es que la construcción necesita fortalecer su gobernanza contractual y técnica. En muchos países latinoamericanos, los proyectos de construcción siguen dependiendo en exceso de la experiencia individual del residente, del fiscalizador o del gerente de obra. Esa experiencia es valiosa, pero debe complementarse con sistemas: matrices de riesgos, control integrado de cambios, gestión formal de requisitos, tableros de avance físico-financiero, gestión de restricciones y lecciones aprendidas. La obra no puede depender solo del oficio; debe apoyarse en una gestión profesional.

La tercera lección es que las PMO deben evolucionar. En Ecuador, las organizaciones con PMO pasaron del 34,5% en 2024 al 50% en 2025. Este avance es importante, pero LATAM debe evitar que las PMO se conviertan únicamente en oficinas de reportes. Una PMO madura debe ayudar a priorizar, decidir, asignar recursos, controlar los beneficios y proteger el portafolio. En el sector público, puede ser una herramienta de transparencia y eficiencia. En construcción, puede ser un mecanismo para estandarizar la planificación, el control de costos, los riesgos y los cambios.

La cuarta lección es que la gestión de licitaciones debe considerarse una competencia estratégica. El 79% de los encuestados en 2025 considera necesario contar con una persona especializada para gestionar licitaciones públicas y privadas. Este dato es clave para Ecuador y para LATAM. Muchas fallas de proyectos surgen antes de iniciar la ejecución: bases mal definidas, requisitos incompletos, riesgos no asignados, cronogramas irreales, contratos ambiguos o criterios de selección centrados únicamente en el precio. Profesionalizar la licitación es proteger el proyecto desde su origen.

La quinta lección es que los directores de proyectos deben liderar más allá de la autoridad formal. En sectores como la construcción y sector público, el Project Manager suele coordinar actores que no le reportan directamente: contratistas, proveedores, áreas legales, finanzas, fiscalizadores, autoridades, usuarios y comunidades. Por eso, el liderazgo efectivo requiere influencia, negociación, comunicación ejecutiva y gestión de conflictos. En LATAM, donde las estructuras jerárquicas y funcionales siguen siendo fuertes, dirigir proyectos exige construir acuerdos, no solo administrar cronogramas.

La recomendación para las empresas y entidades públicas es concreta: identificar sus proyectos críticos, clasificarlos por complejidad, fortalecer la planificación inicial, asignar responsables claros, crear comités de decisión, controlar los cambios con evidencia y medir los beneficios desde el inicio.

Para los directores de proyectos, la recomendación es desarrollar capacidades que integren técnica, contrato, finanzas, liderazgo, datos y negociación. El futuro del PM en LATAM no será solo metodológico; será estratégico.

La dirección de proyectos en la región necesita pasar de la ejecución reactiva a la gestión estratégica. Esa transición no depende únicamente de las metodologías. Depende de la gobernanza, el talento, los datos, el liderazgo y la decisión institucional. Allí está el verdadero reto para Ecuador y para América Latina.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.

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The sectors that mobilize the most projects are not always the ones with the greatest maturity to execute them. The Ecuadorian case clearly illustrates this tension.

In 2025, the public sector is the main area of project-based activity, representing 21.4% of the sample, followed by construction at 19%. One year earlier, in 2024, services led the sample at 20.7%, while the public sector accounted for 13.8% and construction for 12.1%. This shift is not merely statistical; it reflects a transformation of the ecosystem: the projects with the greatest territorial, institutional, and economic impact are gaining prominence.

This reality is especially relevant because construction and the public sector directly influence a country’s competitiveness. Infrastructure, civil works, maintenance, equipment, public services, government technology, mobility, education, health, and urban development largely depend on the ability to execute projects with discipline. When these sectors perform well, development accelerates. When they fail, the effects are transferred to citizens, companies, public budgets, and institutional trust.

However, leading in presence does not mean leading in performance. The 2025 report shows that the private sector achieves better results than the public sector. In terms of objective achievement, the public sector achieves 68% of projects that always or almost always meet the objectives for which they were created, while the private sector achieves 72.2%. In schedule performance, the public sector reaches 48%, compared to 56.4% in the private sector. In budget performance, the public sector records 44%, compared to 56.5% in the private sector. In addition, scope creep affects the public sector more strongly: 84% report that it occurs sometimes, almost always, or always, compared to 75.2% in the private sector.

The conclusion should not be that the public sector “manages poorly” and the private sector “manages well.” That would be a superficial interpretation. The data show that public projects operate under greater institutional complexity: procurement, oversight, controls, social pressure, multiple stakeholders, political changes, budget restrictions, and accountability.

But precisely because of that complexity, the public sector needs more professionalization, not less. It needs government PMOs, portfolio management, better prioritization criteria, change control, traceability, benefits indicators, and specialized procurement teams.

Construction faces a similar reality from another angle. It is a sector heavily driven by contracts, costs, schedules, suppliers, permits, technical risks, logistics, and scope changes. Although the report does not break down the specific performance of the construction sector, the main problems in the Ecuadorian ecosystem directly affect this industry: 47.6% identify limited resources as the main cause of failure; 10.3% mention inadequate requirements gathering; and scope creep remains frequent. In construction, these factors often translate into schedule extensions, change orders, cost overruns, claims, contractual disputes, and loss of client trust.

The Ecuadorian experience leaves a lesson for Latin America: maturity in project management is not measured by the number of projects initiated, but by the ability to complete them with value, control, and institutional learning. Many countries in the region share similar challenges: high dependence on public infrastructure projects, functional structures, shifting priorities, weak portfolio culture, complex procurement, resource constraints, and weak institutionalization of PMOs. For this reason, Ecuador serves as a useful mirror for analyzing a regional reality.

The first lesson for Latin America is that the public sector must stop managing projects as administrative files and begin managing them as investments in public value. This means moving from measuring budget execution to measuring benefits, impact, quality, timeliness, and sustainability. A public project is not successful simply because it was contracted or executed; it is successful when it solves the problem for which it was created and delivers real value to citizens.

The second lesson is that construction needs to strengthen its contractual and technical governance. In many Latin American countries, construction projects still depend excessively on the individual experience of the site manager, supervisor, or construction manager. That experience is valuable, but it must be complemented with systems: risk matrices, integrated change control, formal requirements management, physical-financial progress dashboards, constraint management, and lessons learned. A construction project cannot depend only on craftsmanship and experience; it must be supported by professional management.

The third lesson is that PMOs must evolve. In Ecuador, the share of organizations with a PMO increased from 34.5% in 2024 to 50% in 2025. This progress is important, but Latin America must avoid reducing PMOs to mere reporting offices. A mature PMO should help prioritize, decide, allocate resources, control benefits, and protect the portfolio. In the public sector, it can become a tool for transparency and efficiency. In construction, it can serve as a mechanism to standardize planning, cost control, risk management, and change management.

The fourth lesson is that bid and tender management must be considered a strategic capability. In 2025, 79% of respondents considered it necessary to have a specialized person to manage public and private tenders. This finding is key for both Ecuador and Latin America. Many project failures arise before execution even begins: poorly defined terms of reference, incomplete requirements, unassigned risks, unrealistic schedules, ambiguous contracts, or selection criteria focused only on price. Professionalizing tender management means protecting the project from its origin.

The fifth lesson is that project managers must lead beyond formal authority. In sectors such as construction and the public sector, the Project Manager often coordinates actors who do not report directly to them: contractors, suppliers, legal departments, finance teams, supervisors, authorities, users, and communities. For this reason, effective leadership requires influence, negotiation, executive communication, and conflict management. In Latin America, where hierarchical and functional structures remain strong, directing projects requires building agreements rather than merely managing schedules.

The recommendation for companies and public entities is concrete: identify critical projects, classify them by complexity, strengthen initial planning, assign clear owners, create decision-making committees, control changes with evidence, and measure benefits from the beginning.

For project managers, the recommendation is to develop capabilities that integrate technical knowledge, contracts, finance, leadership, data, and negotiation. The future of the PM in Latin America will not be merely methodological; it will be strategic.

Project management in the region needs to move from reactive execution to strategic management. This transition does not depend solely on methodologies. It depends on governance, talent, data, leadership, and institutional decision-making. That is the real challenge for Ecuador and Latin America.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.

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Posted on: June 21, 2026 12:56 AM | Permalink | Comments (0)

Más PMs jóvenes, menos certificación: ¿avance o riesgo? - More young PMs, less certification: progress or risk?

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La dirección de proyectos atraviesa una etapa de transición que merece ser analizada con cuidado. A primera vista, a mayor número de profesionales que participan en el ecosistema, más organizaciones estructuran roles de gestión, crece el interés por la inteligencia artificial y la disciplina empieza a posicionarse como una capacidad estratégica. Sin embargo, detrás de ese avance se esconde una paradoja crítica: ingresan más profesionales jóvenes al campo, pero disminuye la proporción de certificaciones internacionales.

Esta tensión constituye uno de los principales desafíos de la segunda ola de la profesionalización de la gestión de proyectos en Ecuador. El país no está estancado; está creciendo. Pero la pregunta de fondo es si ese crecimiento será sólido o si generará una expansión con baja formalización profesional.

El perfil cambia de manera significativa: el 46% reporta menos de cinco años de experiencia, mientras que el 27% tiene entre seis y diez años y otro 27% más de once años. Este dato confirma que una nueva generación está entrando al mercado de proyectos.

Este ingreso de talento joven es una buena noticia. Significa que la dirección de proyectos empieza a ser vista como una ruta profesional atractiva y no únicamente como una función asumida por experiencia. También refleja un ecosistema más diverso en términos de edades, con profesionales más cercanos a las herramientas digitales, a las metodologías colaborativas, a la inteligencia artificial y a nuevas formas de trabajo. Para un país que necesita mejorar su capacidad de ejecución, incorporar nuevas generaciones es indispensable.

Pero el avance tiene un punto débil: la certificación internacional no está creciendo; está retrocediendo. En 2024, el 32,8% de los encuestados declaraba contar con certificaciones internacionales en dirección de proyectos. En 2025, la cifra baja al 27%. Es decir, mientras aumenta la participación de profesionales jóvenes, disminuye la proporción de credenciales formales que conectan al mercado local con los estándares globales.
Este hallazgo no debe interpretarse como una crítica al talento joven. Al contrario, debe leerse como una advertencia para el ecosistema. El riesgo no está en que entren nuevos profesionales; el riesgo está en que ingresen sin una ruta estructurada de formación, mentoría, certificación y exposición progresiva a proyectos de mayor complejidad. Un mercado que crece sin fortalecer los estándares puede aumentar el número de personas vinculadas a proyectos, pero no necesariamente mejorar la calidad de la gestión.

La paradoja cobra mayor relevancia al analizar el desempeño general de los proyectos en Ecuador. El Volumen 2 muestra que el 71,4% de los proyectos cumple siempre o casi siempre con el objetivo para el que fue creado. Sin embargo, solo el 54,7% culmina siempre o casi siempre dentro del tiempo inicialmente estimado y apenas el 54% dentro del presupuesto inicial. Además, la corrupción del alcance sigue siendo frecuente: el 37,3% señala que ocurre algunas veces, el 28,6% casi siempre y el 11,1% siempre. Esto indica que el país logra resultados, pero aún tiene dificultades para ejecutar con disciplina, control y consistencia.

En ese contexto, la baja certificación internacional no es un dato menor. Las certificaciones no garantizan por sí solas la madurez profesional, pero cumplen una función importante: ordenan los conocimientos, exponen al profesional a marcos globales, fortalecen el lenguaje común y crean criterios mínimos para gestionar el alcance, los riesgos, los costos, los cronogramas, los stakeholders, los beneficios y los cambios. En mercados emergentes, donde muchas organizaciones aún no cuentan con PMO consolidadas, la certificación puede servir como un mecanismo de formalización profesional.

La evidencia salarial también refuerza esta lectura. El informe 2025 muestra que el salario guarda una relación estadística con tres variables: cargo, experiencia y certificación internacional. Entre quienes cuentan con certificación, el 67,6% reporta ingresos superiores a $2.001 mensuales; entre quienes no la poseen, ese porcentaje desciende al 31,5%. Esta diferencia no significa que la certificación produzca automáticamente mejores ingresos, pero sí muestra que funciona como una señal de diferenciación y acceso a mejores oportunidades.

La pregunta estratégica es entonces evidente: ¿Ecuador está formando una nueva generación de directores de proyectos o solo ampliando la base de coordinadores y ejecutores operativos? La respuesta dependerá de las decisiones que tomen las empresas, las universidades, los gremios y los propios profesionales en los próximos años.

Las empresas tienen una responsabilidad central. No basta con contratar jóvenes con energía, adaptabilidad y manejo tecnológico. Es necesario diseñar rutas de crecimiento profesional. Un joven director de proyectos no debería aprender únicamente por ensayo y error, porque los errores en los proyectos cuestan tiempo, dinero, reputación y confianza organizacional. Las empresas deben crear modelos de carrera que diferencien los niveles de madurez: asistente de proyecto, coordinador, líder de proyecto, director de proyecto, director de programa y líder de PMO. Cada nivel debería estar asociado a competencias, responsabilidades, exposición, mentoría y certificaciones recomendadas.

También se requiere una práctica que muchas organizaciones aún subestiman: el acompañamiento de profesionales senior. Ecuador no necesita reemplazar la experiencia por la juventud ni la juventud por la experiencia. Necesita integrar ambas. Los profesionales senior deben asumir un rol más activo como mentores, revisores de decisiones críticas y facilitadores de buenas prácticas. La experiencia acumulada tiene valor si se convierte en transferencia de conocimiento, no solo en control jerárquico.

Para los jóvenes profesionales, el mensaje es claro: la energía y la adaptabilidad abren puertas, pero no sustituyen la disciplina profesional. Quien aspire a diferenciarse debe construir una trayectoria deliberada. Esto implica dominar fundamentos predictivos, ágiles e híbridos; participar en comunidades profesionales; documentar resultados; desarrollar habilidades de comunicación ejecutiva; aprender a negociar recursos; comprender el negocio; y avanzar hacia certificaciones que validen competencias ante un mercado cada vez más exigente.

La proyección para los próximos años es clara. Si Ecuador logra canalizar el ingreso de talento joven mediante formación estructurada, certificaciones, mentoría y PMO más robustas, la disciplina podría dar un salto importante en su madurez. Pero si el crecimiento se limita a incorporar más personas sin fortalecer los estándares, el país podría enfrentar una expansión frágil: más proyectos gestionados, pero con los mismos problemas de alcance, tiempo, recursos y presupuesto.

El reto no es elegir entre juventud y certificación. El verdadero desafío es construir una generación joven certificada, guiada y preparada para liderar proyectos complejos.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor

PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.

Contacto profesional: [email protected]

Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/



English Version



Project management is undergoing a transition that warrants careful analysis. At first glance, as more professionals participate in the ecosystem, more organizations structure management roles, interest in artificial intelligence grows, and the discipline begins to position itself as a strategic capability. However, behind this progress lies a critical paradox: more young professionals are entering the field, while the proportion of international certifications is decreasing.

This tension represents one of the main challenges of the second wave of professionalization in project management in Ecuador. The country is not stagnant; it is growing. But the deeper question is whether this growth will be solid or generate expansion with low professional formalization.

The professional profile has changed significantly: 46% report having less than five years of experience, while 27% have between six and ten years, and another 27% have more than eleven years. This data confirms that a new generation is entering the project management market.

The arrival of young talent is good news. It means that project management is beginning to be seen as an attractive professional path, not only as a function assumed through accumulated experience. It also reflects an ecosystem that is more diverse in age, with professionals closer to digital tools, collaborative methodologies, artificial intelligence, and new ways of working. For a country that needs to improve its execution capacity, incorporating new generations is essential.

But this progress has a weak point: international certification is not growing; it is declining. In 2024, 32.8% of respondents reported holding international project management certifications. In 2025, that figure dropped to 27%. In other words, while the participation of young professionals is increasing, the proportion of formal credentials linking the local market to global standards is decreasing.

This finding should not be interpreted as criticism of young talent. On the contrary, it should be read as a warning to the ecosystem. The risk is not that new professionals are entering the field; the risk is that they are entering without a structured path of training, mentoring, certification, and progressive exposure to more complex projects. A market that grows without strengthening standards may increase the number of people involved in projects, but it will not necessarily improve the quality of project management.

The paradox becomes even more relevant when analyzing the overall performance of projects in Ecuador. Volume 2 shows that 71.4% of projects always or almost always achieve the objective for which they were created. However, only 54.7% always or almost always finish within the initially estimated time, and only 54% within the initial budget. In addition, scope creep remains frequent: 37.3% state that it occurs sometimes, 28.6% almost always, and 11.1% always. This indicates that the country achieves results, but still faces difficulties in executing with discipline, control, and consistency.

In this context, the low level of international certification is not a minor issue. Certifications do not guarantee professional maturity on their own, but they play an important role: they organize knowledge, expose professionals to global frameworks, strengthen a common language, and establish minimum criteria for managing scope, risks, costs, schedules, stakeholders, benefits, and changes. In emerging markets, where many organizations still lack consolidated PMOs, certification can serve as a mechanism for professionalization.

The salary evidence also reinforces this interpretation. The 2025 report shows that salary is statistically related to three variables: role, experience, and international certification. Among those who hold a certification, 67.6% report a monthly income above $2,001; among those without certification, that percentage drops to 31.5%. This difference does not mean that certification automatically leads to higher income, but it does show that it serves as a signal of differentiation and access to better opportunities.

The strategic question is therefore clear: is Ecuador developing a new generation of project managers, or simply expanding the pool of coordinators and operational executors? The answer will depend on the decisions made by companies, universities, professional associations, and professionals themselves over the next few years.

Companies have a central responsibility. It is not enough to hire young people with energy, adaptability, and technological skills. It is necessary to design professional growth paths. A young project manager should not learn only through trial and error, because mistakes in projects cost time, money, reputation, and organizational trust. Companies must create career models that differentiate maturity levels: project assistant, coordinator, project lead, project manager, program manager, and PMO leader. Each level should be associated with competencies, responsibilities, exposure, mentoring, and recommended certifications.

Another practice is also required, one that many organizations still underestimate: the guidance of senior professionals. Ecuador does not need to replace experience with youth, nor youth with experience. It needs to integrate both. Senior professionals must assume a more active role as mentors, reviewers of critical decisions, and facilitators of good practices. Accumulated experience has value when it becomes knowledge transfer, not merely hierarchical control.

For young professionals, the message is clear: energy and adaptability open doors, but they do not replace professional discipline. Anyone who aspires to stand out must build a deliberate career path. This means mastering predictive, agile, and hybrid fundamentals; participating in professional communities; documenting results; developing executive communication skills; learning to negotiate for resources; understanding the business; and pursuing certifications that validate competencies in an increasingly demanding market.

The projection for the coming years is clear. If Ecuador manages to channel the entry of young talent through structured training, certifications, mentoring, and stronger PMOs, the discipline could make a significant leap in maturity. But if growth is limited to incorporating more people without strengthening standards, the country could face fragile expansion: more projects being managed, but with the same problems of scope, time, resources, and budget.

The challenge is not to choose between youth and certification. The real challenge is to build a young generation that is certified, guided, and prepared to lead complex projects.





Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.

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Posted on: June 14, 2026 11:43 PM | Permalink | Comments (0)

El Project Manager sin autoridad: cómo liderar cuando el poder no acompaña - The Project Manager without authority: how to lead when power is lacking.

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En teoría, dirigir un proyecto implica tomar decisiones, asignar recursos y alinear equipos. En la práctica, especialmente en Ecuador, la realidad es muy distinta: muchos Project Managers deben entregar resultados sin tener control real sobre los recursos, las personas ni siquiera sobre las prioridades del proyecto.

Y esta no es una percepción aislada.. es un patrón estructural.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 evidencia que solo el 42,1% de los directores de proyectos declara tener un alto nivel de autoridad sobre los recursos, mientras que el 36,5% opera con autoridad media y el 11,1% con autoridad baja. Es decir, más de la mitad de los Project Managers gestionan en contextos en los que el poder formal es limitado.

Esto redefine completamente el rol. Ya no se trata de gestionar proyectos. Se trata de gestionar sin poder.
Si contrastamos este dato con otro hallazgo del mismo informe, la tensión se vuelve evidente: el 99% de los profesionales considera que las habilidades de liderazgo son fundamentales en la dirección de proyectos.

Es decir, el sistema reconoce la necesidad de liderazgo… pero no otorga la autoridad para ejercerlo.
Aquí nace una de las mayores paradojas de la gestión de proyectos en Ecuador: se espera influencia sin estructura, resultados sin control y ejecución sin poder.

Y este fenómeno no es casual. Es parte de una etapa evolutiva. El análisis comparativo entre 2024 y 2025 evidencia con claridad que el país está entrando en una segunda ola de madurez en la gestión de proyectos.
Sin embargo, esta evolución convive con problemas estructurales: el 73% no cuenta con certificaciones internacionales, el 50% de las empresas no tiene PMO y el 47,6% de los proyectos fracasa principalmente por recursos limitados.

En este contexto, el Project Manager se convierte en un actor clave… pero carece de poder suficiente. Hay una conclusión clara: el Project Manager efectivo no es quien tiene autoridad, sino quien sabe construirla.
Y esa autoridad no es jerárquica. Es relacional.

Se construye en cuatro dimensiones fundamentales:
La primera es la influencia. No se trata de imponer decisiones, sino de alinear intereses. Un Project Manager efectivo entiende qué motiva a cada stakeholder y construye acuerdos basados en el valor.
La segunda es la negociación. En un entorno donde los recursos son limitados y el 47,6% de los proyectos lo confirma, cada asignación es, en esencia, una negociación activa.
La tercera es la gestión de conflictos. Los conflictos no son fallas del sistema, son parte natural de él. Cambios de prioridades, objetivos difusos y presión organizacional generan fricción constante. El liderazgo consiste en convertir esa fricción en decisiones.
La cuarta es la comunicación ejecutiva. No basta con reportar avances; hay que traducir la información técnica en decisiones de negocio.

Uno de los errores más comunes es creer que el problema radica en la falta de poder formal. Pero el análisis muestra algo más profundo.

El verdadero problema es la falta de madurez organizacional en la gestión de proyectos.

Cuando el 50% de las empresas no tiene PMO, cuando la mayoría de los proyectos opera con recursos limitados y cuando la certificación internacional sigue siendo baja, el Project Manager no está fallando… está compensando un sistema incompleto.

Y en sistemas inmaduros, el liderazgo sustituye a la estructura.

Ecuador no tiene problemas con las metodologías. Tiene un desafío de liderazgo en contextos de baja autoridad formal.

La segunda ola de la gestión de proyectos está en marcha. Las PMO crecen, la tecnología avanza y el talento joven entra al mercado laboral. Pero el verdadero cambio no vendrá de las herramientas. Vendrá de la capacidad de los Project Managers para liderar sin poder.

Porque en entornos donde la estructura aún se está construyendo, la diferencia no la marca la autoridad… sino la influencia.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y en su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
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English Version

In theory, managing a project involves making decisions, allocating resources, and aligning teams. In practice—especially in Ecuador—the reality is very different: many Project Managers are expected to deliver results without having real control over resources, people, or even project priorities.

And this is not an isolated perception. It is a structural pattern.

The Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 shows that only 42.1% of project managers report having a high level of authority over resources, while 36.5% operate with moderate authority and 11.1% with low authority. In other words, more than half of Project Managers operate in environments where formal power is limited.

This completely redefines the role. It is no longer about managing projects—it is about managing without power. When we contrast this with another key finding from the same report, the tension becomes clear: 99% of professionals consider leadership skills essential to project management.

In other words, the system recognizes the need for leadership… but does not provide the authority to exercise it.
This is where one of the greatest paradoxes of project management in Ecuador emerges: organizations expect influence without structure, results without control, and execution without power.

And this phenomenon is not accidental. It is part of an evolutionary stage.

The comparative analysis between 2024 and 2025 clearly shows that Ecuador is entering a second wave of maturity in project management. However, this evolution coexists with structural challenges: 73% of professionals lack international certifications, 50% of companies lack a PMO, and 47.6% of projects fail primarily due to limited resources.

In this context, the Project Manager becomes a key actor… but lacks sufficient formal power.
There is a clear conclusion: the effective Project Manager is not the one who has authority, but the one who knows how to build it. And that authority is not hierarchical—it is relational.

It is built across four fundamental dimensions:
The first is influence. It is not about imposing decisions, but about aligning interests. An effective Project Manager understands what motivates each stakeholder and builds agreements based on value.
The second is negotiation. In an environment where resources are limited—and 47.6% of projects confirm this—every allocation becomes an active negotiation.
The third is conflict management. Conflicts are not system failures; they are a natural part of it. Changing priorities, unclear objectives, and organizational pressure create constant friction. Leadership consists of turning that friction into decisions.
The fourth is executive communication. It is not enough to report progress; technical information must be translated into business decisions.

One of the most common mistakes is assuming the problem lies in a lack of formal authority. However, the analysis reveals something deeper.

The real issue is the lack of organizational maturity in project management. When 50% of companies lack a PMO, when most projects operate with limited resources, and when international certification levels remain low, the Project Manager is not failing… they are compensating for an incomplete system.

And in immature systems, leadership replaces structure. Ecuador does not have a methodology problem. It faces leadership challenges in environments with low formal authority.

The second wave of project management is already underway. PMOs are growing, technology is advancing, and young talent is entering the workforce. But the real transformation will not come from tools.
It will come from the Project Managers' ability to lead without power.

Because in environments where structure is still being built, the difference is not made by authority… but by influence.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2, and its comparison with Volume 1. You can review both reports here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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Posted on: April 18, 2026 09:44 PM | Permalink | Comments (0)

La gran brecha de certificaciones: ¿Por qué el 73% de los Project Managers en Ecuador aún no se certifica? - The great certification gap: Why are 73% of Project Managers in Ecuador still not certified?

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Durante años hemos repetido una premisa que hoy nadie discute: la Dirección de Proyectos es una competencia estratégica para la competitividad de las organizaciones. Sin embargo, cuando observamos la realidad ecuatoriana con datos concretos, surge una paradoja inquietante: el rol del Director de Proyectos es cada vez más valorado, pero la certificación profesional internacional sigue siendo excepcional y no la norma.
El reciente Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 (2025) confirma esta brecha con claridad estadística. De 126 directores de proyectos encuestados, el 73% no cuenta con ninguna certificación internacional en dirección de proyectos, mientras que apenas el 27% sí posee alguna credencial formal, principalmente Scrum Master (11,9%) y PMP (5,6%).
Este dato no es un hecho aislado ni coyuntural. Cuando contrastamos con el Volumen 1 (2024), encontramos que ya entonces el 67,2% de los profesionales no tenía certificaciones internacionales, y solo el 32,8% contaba con alguna credencial, principalmente PMP
La tendencia es clara: en lugar de mejorar, la tasa de certificación cayó cinco puntos porcentuales en un año, a pesar de que el mercado laboral demanda cada vez más formalización, metodologías y estándares internacionales. Esta es, quizás, la mayor contradicción del ecosistema de proyectos en Ecuador.
Los propios informes muestran que el perfil del director de proyectos en Ecuador cuenta con una alta formación académica. En el Volumen 2, el 61% posee estudios de cuarto nivel (maestría) y apenas el 38% tiene estudios solo de tercer nivel. Es decir, la formación académica no es el problema.
El problema radica en la desconexión entre la educación académica y la certificación profesional especializada. Mientras las maestrías siguen siendo vistas como el camino principal de formación, las certificaciones internacionales que validan competencias prácticas, estándares globales y experiencia aplicada siguen percibidas como opcionales, costosas o innecesarias.
Esta percepción tiene raíces profundas en la cultura organizacional ecuatoriana. Históricamente, las empresas han priorizado los títulos académicos sobre las credenciales profesionales. Sin embargo, en mercados maduros, las certificaciones son diferenciales clave en materia de empleabilidad, salarios y credibilidad técnica.
Una de las razones más frecuentes de esta brecha es económica. Certificarse internacionalmente implica inversión en formación, horas de estudio, el pago de exámenes y el mantenimiento de credenciales.
No obstante, los propios datos salariales del Volumen 2 muestran que los directores de proyectos certificados tienden a ubicarse en los rangos salariales más altos, mientras que los roles de coordinación, donde predominan profesionales sin certificación, se concentran en rangos medios o bajos.
Es decir, la certificación no es un gasto, sino una inversión con retorno directo en ingresos y empleabilidad, pero esta lógica aún no ha sido plenamente comprendida por profesionales ni por empresas.
A ello se suma que muchas organizaciones ecuatorianas todavía no cuentan con planes de capacitación estructurados. En el Volumen 2, aunque el 73% de las empresas afirma contar con personal con formación en dirección de proyectos, en la mayoría de los casos se trata de cursos, diplomados o talleres internos, y no de certificaciones internacionales formales. La capacitación existe, pero no culmina en una certificación.
Otro patrón detectado en la cultura profesional ecuatoriana es la creencia de que la experiencia sustituye a la certificación. En el Volumen 2, el 46% de los directores de proyectos tiene menos de cinco años de experiencia, mientras que solo el 4,8% supera los 20 años. Esto significa que una gran parte del ecosistema está conformada por talento joven en crecimiento, que aún no ha incorporado la certificación como parte natural de su desarrollo profesional. En mercados más maduros, la certificación suele alcanzarse entre el tercer y quinto año de experiencia. En Ecuador, ese paso aún no se consolida.
Al mismo tiempo, profesionales senior formados en la práctica empírica suelen considerar que la certificación no aporta valor adicional. Esta combinación de jóvenes sin certificarse y sénior que no ven necesidad de certificarse perpetúa la brecha.
De entrevistas y talleres realizados en el ecosistema local emergen mitos persistentes:
  • “Mi empresa no lo necesita”
  • “Es solo un papel”
  • “Es muy costoso”
  • “Solo sirve en multinacionales”
  • “Ya tengo maestría”
Los datos del informe desmienten estos mitos. Las empresas que cuentan con estructuras formales de PMO que crecieron de 34,5% en 2024 a 50% en 2025 son precisamente las que más demandan perfiles certificados para liderar metodologías, estándares y gobernanza. La institucionalización de la gestión de proyectos está avanzando, y con ella crecerá inevitablemente la demanda de directores de proyectos certificados.
Los informes también muestran que las principales causas de fracaso en proyectos en Ecuador siguen siendo estructurales: recursos limitados (47,6%), recopilación inadecuada de requisitos (10,3%) y cambios de objetivos (6,3%). Estas son precisamente las áreas en las que las certificaciones internacionales desarrollan competencias técnicas específicas: gestión de alcance, riesgos, stakeholders, planificación de recursos y control integrado de cambios.
Sin certificación, la práctica permanece empírica; con certificación, se vuelve disciplinada y estandarizada.
Además, en un mercado donde solo el 27% posee certificaciones, quienes sí las obtienen automáticamente destacan en procesos de selección, consultorías y en el liderazgo de proyectos estratégicos.
Se puede afirmar que Ecuador se encuentra en una etapa de transición hacia la profesionalización, pero aún mantiene una brecha crítica en certificación internacional.

El ecosistema ya cuenta con:
  • Mayor presencia de PMO
  • Mayor dedicación exclusiva a dirección de proyectos
  • Creciente interés por IA y tecnología
  • Entrada de talento joven
Pero todavía carece de:
  • Cultura sistemática de certificación
  • Inversión empresarial estructurada en credenciales
  • Reconocimiento salarial formal del PM certificado
Este es el punto exacto en el que la oportunidad profesional es más alta. En los próximos tres a cinco años, cuando la madurez organizacional continúe avanzando, la certificación pasará de ser un diferencial a un requisito.
Recomendaciones para directores de proyectos
  1. Incorporar la certificación como parte integrante del plan de carrera.
  2. Aprovechar los primeros cinco años de experiencia para obtener credenciales de base (CAPM, Scrum Master).
  3. Escalar progresivamente hacia PMP, PMI-ACP, PMO-CP u otras especializaciones.
  4. Participar en capítulos de PMI y en redes profesionales, donde la certificación es un valor social y técnico.
Recomendaciones para empresas
  1. Incluir certificaciones como criterio de selección y de promoción.
  2. Financiar planes de certificación como una inversión en la madurez organizacional.
  3. Integrar la certificación en el modelo de PMO.
  4. Medir el impacto de proyectos liderados por PMs certificados frente a no certificados.

El Volumen 2 del Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador no solo presenta cifras, sino que muestra el momento exacto en que Ecuador debe decidir si desea permanecer en la práctica empírica o avanzar hacia la profesionalización global.
Cerrar la brecha de certificaciones no es una meta individual; es una decisión estratégica para el país.

Cada PM que se certifica eleva el estándar.
Cada empresa que invierte en certificación mejora su tasa de éxito.
Cada proyecto bien gestionado contribuye al desarrollo económico y social.

Invito a la comunidad profesional, académica y empresarial a leer el informe completo del Volumen 2, donde estos datos y tendencias se analizan en profundidad, y a sumarse a la construcción de un Ecuador en el que dirigir proyectos con estándares internacionales sea la regla y no la excepción.


English Version

For years, we have repeated a premise that no one disputes today: Project Management is a strategic competency for organizational competitiveness. However, when we examine the Ecuadorian reality with concrete data, a troubling paradox emerges: the role of the Project Manager is increasingly valued, yet international professional certification remains exceptional rather than the norm.
The recent Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 (2025) confirms this gap with statistical clarity. Of the 126 project managers surveyed, 73% do not hold any international project management certification, while only 27% do hold a formal credential, mainly Scrum Master (11.9%) and PMP (5.6%).
This data is neither an isolated nor a temporary phenomenon. When we compare this to Volume 1 (2024), we find that even then, 67.2% of professionals lacked international certifications, and only 32.8% held any credential, primarily PMP. The trend is clear: instead of improving, the certification rate fell by 5 percentage points over the year, despite the labor market's increasing demand for formalization, methodologies, and international standards. This is perhaps the greatest contradiction within Ecuador's project ecosystem.
The reports themselves show that the typical project manager in Ecuador has a high level of academic training. In Volume 2, 61% held postgraduate degrees (master's degrees), while only 38% had undergraduate degrees. In other words, formal academic training is not the problem. The problem lies in the disconnect between academic education and specialized professional certification. While master's degrees remain the primary path to professional development, international certifications that validate practical skills, meet global standards, and demonstrate applied experience are still seen as optional, expensive, or unnecessary.

This perception is deeply rooted in Ecuadorian organizational culture. Historically, companies have prioritized academic degrees over professional credentials. However, in mature markets, certifications are key differentiators for employability, salary, and technical credibility.

One of the most frequent reasons behind this gap is economic. International certification involves investment in training, study hours, exam fees, and credential maintenance.
Nevertheless, the salary data in Volume 2 shows that certified project managers tend to be in the highest salary brackets, while coordination roles, where professionals without certification predominate, are concentrated in the middle or lower ranges.
In other words, certification is not an expense but an investment with a direct return in income and employability; this logic has not yet been fully grasped by professionals or companies.

In addition, many Ecuadorian organizations still lack structured training plans. In Volume 2, although 73% of companies report having staff trained in project management, in most cases this training consists of internal courses, diplomas, or workshops, rather than formal international certifications. Training exists, but it doesn't culminate in certification.

Another pattern identified in Ecuadorian professional culture is the belief that experience substitutes for certification. In Volume 2, 46% of project managers have less than five years of experience, while only 4.8% have more than 20 years. This means that a large part of the ecosystem is made up of young, developing talent that has not yet incorporated certification into their professional development. In more mature markets, certification is usually achieved between the third and fifth year of experience. In Ecuador, this step has not yet been consolidated.
At the same time, senior professionals trained through practical experience often believe that certification does not add additional value. This combination of young professionals without certification and senior professionals who see no need for it perpetuates the gap.
Persistent myths emerge from interviews and workshops conducted within the local ecosystem:

• “My company doesn't need it”
• “It's just a piece of paper”
• “It's very expensive”
• “It's only useful in multinationals”
• “I already have a master's degree”

The report's data debunks these myths. Companies with formal PMO structures, which grew from 34.5% in 2024 to 50% in 2025, are precisely those that most demand certified professionals to lead methodologies, standards, and governance. The institutionalization of project management is progressing, and with it, the demand for certified project managers will inevitably grow.

The reports also show that the main causes of project failure in Ecuador remain structural: limited resources (47.6%), inadequate requirements gathering (10.3%), and changes in objectives (6.3%). These are precisely the areas where international certifications develop specific technical skills: scope management, risk management, stakeholder management, resource planning, and integrated change control.

Without certification, practice remains empirical; with certification, it becomes disciplined and standardized.

Furthermore, in a market where only 27% hold certifications, those who do automatically stand out in selection processes, consulting, and leading strategic projects.
Ecuador is in a transitional phase toward professionalization, but it still faces a critical gap in international certification.

The ecosystem already includes:
• Greater presence of PMOs
• Greater exclusive focus on project management
• Growing interest in AI and technology
• Influx of young talent

But it still lacks:
• A systematic certification culture
• Structured business investment in credentials
• Formal salary recognition for certified PMs
This is precisely where professional opportunity is greatest. In the next three to five years, as organizational maturity continues to advance, certification will shift from being a differentiator to a requirement.

Recommendations for Project Managers
1. Incorporate certification as a natural part of your career plan.

2. Leverage your first five years of experience to obtain foundational credentials (CAPM, Scrum Master).

3. Progressively advance toward PMP, PMI-ACP, PMO-CP, or other specializations.

4. Participate in PMI chapters and professional networks, where certification is valued both socially and technically.

Recommendations for Companies
1. Include certifications as a selection and promotion criterion.

2. Fund certification programs as an investment in organizational maturity.

3. Integrate certification into the PMO model.

4. Measure the impact of projects led by certified PMs versus non-certified PMs.

Volume 2 of the Analysis of Project Management in Ecuador not only presents figures; it also reveals the precise moment when Ecuador must decide whether to remain in empirical practice or move toward global professionalization. Closing the certification gap is not an individual goal; it is a strategic national decision.

Every certified project manager raises the bar.
Every company that invests in certification improves its success rate.
Every well-managed project contributes to economic and social development.

I invite the professional, academic, and business community to read the full report in Volume 2, where these data and trends are analyzed in depth, and to join us in building an Ecuador where managing projects with international standards is the rule, not the exception.
Posted on: January 25, 2026 11:49 PM | Permalink | Comments (0)
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"I'll do the stupid thing first and then you shy people follow..."

- Frank Zappa

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