Project Management

José González, Ecuador

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Mi blog es un espacio donde podremos compartir información de Dirección de Proyectos en Español, buscando como unificar criterios y desarrollar habilidades para la Dirección de Proyectos, personalizado al público habla hispana. My blog is a space where we can share Project Management information in Spanish, looking for how to unify criteria and develop skills for Project Management, personalized to the Spanish speaking public.

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Las PMO gubernamentales: el paso que se necesita para mejorar obras y programas - Government PMOs: the step needed to improve projects and programs.

Por qué las empresas necesitan un Observatorio Nacional de Proyectos - Why companies need a National Project Observatory.

El futuro del Project Manager a 2030: habilidades, salarios y roles emergentes - The future of the Project Manager in 2030: skills, salaries and emerging roles.

Cómo evitar la mala planificación de recursos: el error más subestimado - How to avoid poor resource planning: the most underestimated mistake.

Construcción y sector público: lo que nos dice estos sectores para la dirección de proyectos - Construction and the public sector: what these sectors tell us about project management.

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Agile, Artificial Intelligence, Benefits Realization, Business Intelligence, Certification, Construction, Consulting, Cost Management, COSTO, Decision Making, Director de Proyecto, Director de Proyectos, Diversity, Education, Energy and Utilities, Estimating, Estrategias, Ethics, Gestión, Governance, Government, IA, Innovation, Integration Management, Leadership, Legal Project Management, Management, management, New Practitioners, Organizational Culture, Organizational Project Management, PMO, PMO, PMO, PMO, Portfolio Management, Program Management, project culture, project management, project manager, recursos, Resource Management, RIESGO, salary, Scope Management, Scrum, SOFT SKILL, Strategy, Sustainability, Talent Management, Teams, trends, Utility, Virtual Project Management

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Por qué las empresas necesitan un Observatorio Nacional de Proyectos - Why companies need a National Project Observatory.

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En todos los países se habla cada vez más de proyectos, transformación, innovación, infraestructura, tecnología, sostenibilidad y competitividad. Sin embargo, todavía existe una pregunta incómoda que rara vez se responde con evidencia suficiente: ¿sabemos realmente cómo se gestionan los proyectos en cada país, qué resultados generan, por qué fallan y qué capacidades necesitamos fortalecer?

La respuesta, aunque ha empezado a construirse, todavía es parcial. En el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2, los datos muestran avances: más organizaciones estructuran roles de gestión, aumenta la presencia de los PMO, se incorpora talento joven, crece el interés por la inteligencia artificial y la disciplina empieza a verse como una capacidad estratégica. Pero también persisten brechas estructurales: recursos limitados, baja certificación internacional, madurez desigual, alcance poco controlado y una institucionalización todavía incompleta.

Precisamente por eso Ecuador necesita un Observatorio Nacional de Proyectos. No como una oficina burocrática adicional, sino como una plataforma técnica, independiente, colaborativa y basada en datos que permita medir, analizar y orientar la evolución de los proyectos públicos, privados, académicos y sociales del país. Un observatorio no debería limitarse a publicar informes anuales. Debería convertirse en un sistema permanente de inteligencia para entender cómo se ejecutan los proyectos, qué sectores están avanzando, dónde se concentran los riesgos, qué competencias demanda el mercado y qué decisiones deben tomar las empresas, las universidades, los gremios y las entidades públicas.

El propio informe 2025 plantea la necesidad de crear un Observatorio Nacional de Proyectos que centralice la información y ofrezca transparencia, junto con la creación de PMO gubernamentales, políticas de certificación, profesionalización del sector público, gestión de proyectos sostenibles, alianzas público-privadas y enseñanza de dirección de proyectos en distintos niveles educativos. Esta propuesta no es menor. Representa un salto de enfoque: pasar de analizar casos aislados a construir una memoria nacional de proyectos.

La importancia de un observatorio se entiende mejor al revisar algunos datos críticos. En 2025, el 47,6% de los encuestados identifica los recursos limitados como la principal causa de fracaso de los proyectos. Este dato revela que muchas iniciativas no fallan por falta de intención, sino porque se aprueban sin la capacidad suficiente para sostenerlas. A la vez, el informe muestra que, aunque la asignación completa de recursos mejoró respecto a 2024, aún persisten restricciones importantes. Si el país no mide de forma sistemática la capacidad disponible, seguirá aprobando proyectos con una brecha entre la aspiración y la ejecución.

Un Observatorio Nacional de Proyectos permitiría convertir datos en decisiones. Para las empresas, serviría como referencia sectorial: saber cómo se comportan los proyectos por industria, qué prácticas tienen mayor uso, cuáles son las causas recurrentes de fracaso, qué nivel de autoridad tienen los directores de proyectos, cómo evolucionan los salarios, qué certificaciones se valoran y qué capacidades digitales se incorporan. Esta información ayudaría a diseñar mejores rutas de carrera, ajustar estructuras organizacionales, fortalecer el PMO, priorizar la inversión en formación y justificar ante la alta dirección por qué la gestión de proyectos no puede seguir tratándose como una función administrativa.

Para el sector público, el observatorio tendría un valor aún mayor. Los proyectos públicos impactan directamente en la infraestructura, los servicios, la movilidad, la salud, la educación, la tecnología estatal, el desarrollo territorial y la confianza ciudadana. Sin información integrada, la gestión pública corre el riesgo de repetir errores: licitaciones mal estructuradas, requisitos incompletos, cambios de alcance, sobrecostos, retrasos y beneficios no medidos. Un observatorio permitiría generar evidencia para mejorar la planificación, profesionalizar las adquisiciones, medir los beneficios públicos, fortalecer las PMO gubernamentales y transparentar el avance de los proyectos estratégicos.

Desde una perspectiva macroeconómica, el valor también es evidente. Cada proyecto mal planificado consume recursos que podrían haberse destinado a la inversión productiva, el empleo, la infraestructura, la innovación o el bienestar social. Cuando los proyectos se retrasan, no solo se afecta el cronograma; se posterga la generación de valor. Cuando los presupuestos se desvían, no solo se afecta una cuenta contable; también se reduce la eficiencia del capital. Cuando el alcance se corrompe, no solo se modifica un entregable; se distorsiona la promesa de valor original. Por eso, mejorar la gestión de proyectos no es un asunto técnico aislado: es una política de competitividad.

Un Observatorio Nacional de Proyectos debería cumplir al menos seis funciones. La primera sería recopilar datos periódicos y comparables sobre la gestión de proyectos en Ecuador. No basta con medir una sola vez; se necesita una serie histórica que permita observar la evolución, las tendencias y las brechas. La segunda sería construir indicadores nacionales de madurez: PMO, certificación, uso de IA, desempeño en tiempo, costo y alcance, gestión de riesgos, recursos, licitaciones, sostenibilidad y beneficios. La tercera sería generar estudios sectoriales: construcción, sector público, tecnología, servicios, educación, banca, energía, salud y pequeñas empresas. Cada sector enfrenta desafíos distintos y requiere recomendaciones específicas.

La cuarta función sería desarrollar tableros de aprendizaje para empresas y profesionales. Un observatorio no debe producir solo documentos extensos; debe traducir los datos en herramientas prácticas: matrices de benchmarking, alertas de riesgo, guías de buenas prácticas, modelos de capacidad, hojas de ruta de certificación, recomendaciones para PMO y criterios para priorizar portafolios. La quinta función sería articular a los actores. La dirección de proyectos no puede desarrollarse desde un solo sector. Requiere empresas, universidades, gremios, capítulos profesionales, consultores, entidades públicas y organismos multilaterales. La sexta función sería impulsar una cultura de transparencia y mejora continua, en la que los datos no se utilicen para señalar culpables, sino para aprender y elevar la madurez del país.

Para los directores de proyectos, el observatorio también sería una plataforma de crecimiento profesional. Les permitiría conocer hacia dónde se mueve el mercado, qué capacidades se valoran, qué roles emergen, cómo se comportan los salarios y qué brechas deben cerrar para mantenerse relevantes. El informe 2025 muestra que las habilidades de liderazgo, de negocio, técnicas y digitales se consideran altamente importantes. Esto confirma que el Project Manager moderno ya no puede limitarse a administrar cronogramas. Debe influir sin autoridad formal, negociar recursos, comunicarse con claridad, resolver conflictos, comprender el negocio y usar datos para tomar decisiones.

Desde la perspectiva del país, los beneficios pueden ser significativos. Un observatorio permitiría mejorar la productividad de los proyectos, reducir pérdidas por mala planificación, aumentar la transparencia, elevar la calidad de las decisiones públicas, fortalecer la competitividad empresarial, orientar las políticas de formación, impulsar certificaciones, promover mejores PMO y generar conocimiento local exportable a LATAM. En una región donde muchos países comparten problemas similares —recursos limitados, baja institucionalización, cambios de prioridades, escasa medición de beneficios y una débil cultura de portafolio—, Ecuador podría convertirse en un laboratorio de aprendizaje para la región.

Por eso, las empresas ecuatorianas necesitan un Observatorio Nacional de Proyectos. No solo para saber cómo estamos, sino también para construir hacia dónde queremos ir. Porque el futuro de la competitividad del país no se juega únicamente en grandes discursos de transformación, sino en la capacidad real de convertir proyectos en resultados sostenibles.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version

In every country, there is increasing discussion about projects, transformation, innovation, infrastructure, technology, sustainability, and competitiveness. However, there is still an uncomfortable question that is rarely answered with sufficient evidence: do we really know how projects are managed in each country, what results they generate, why they fail, and which capabilities we need to strengthen?

The answer, although it has begun to take shape, is still partial. In the *Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2*, the data shows progress: more organizations are structuring management roles, the presence of PMOs is increasing, young talent is entering the field, interest in artificial intelligence is growing, and the discipline is beginning to be seen as a strategic capability. But structural gaps also persist: limited resources, low levels of international certification, uneven maturity, poorly controlled scope, and incomplete institutionalization.

That is precisely why Ecuador needs a National Project Observatory. Not as an additional bureaucratic office, but as a technical, independent, collaborative, and data-driven platform that enables measuring, analyzing, and guiding the evolution of public, private, academic, and social projects in the country. An observatory should not be limited to publishing annual reports. It should become a permanent intelligence system to understand how projects are executed, which sectors are advancing, where risks are concentrated, what competencies the market demands, and what decisions companies, universities, professional associations, and public entities must make.

The 2025 report itself highlights the need to create a National Project Observatory that centralizes information and provides transparency, as well as to establish government PMOs, certification policies, professionalization of the public sector, sustainable project management, public-private partnerships, and the teaching of project management at different educational levels. This proposal is not minor. It represents a shift in approach: moving from analyzing isolated cases to building a national memory of projects.

The importance of an observatory becomes clearer when reviewing some critical data. In 2025, 47.6% of respondents identified limited resources as the main cause of project failure. This data reveals that many initiatives do not fail due to lack of intention, but because they are approved without sufficient capacity to sustain them. At the same time, the report shows that although full resource allocation improved compared to 2024, significant constraints still persist. If the country does not systematically measure available capacity, it will continue approving projects with a gap between aspiration and execution.

A National Project Observatory would make it possible to turn data into decisions. For companies, it would serve as a sectoral reference: understanding how projects behave by industry, which practices are most commonly used, the recurring causes of failure, the level of authority project managers have, how salaries evolve, which certifications are valued, and which digital capabilities are being incorporated. This information would help design better career paths, adjust organizational structures, strengthen the PMO, prioritize training investments, and justify to senior management why project management can no longer be treated as an administrative function.

For the public sector, the observatory would have even greater value. Public projects directly impact infrastructure, services, mobility, health, education, government technology, territorial development, and citizen trust. Without integrated information, public management risks repeating mistakes: poorly structured tenders, incomplete requirements, scope changes, cost overruns, delays, and unmeasured benefits. An observatory would enable the generation of evidence to improve planning, professionalize procurement, measure public benefits, strengthen government PMOs, and make the progress of strategic projects more transparent.

From a macroeconomic perspective, the value is also evident. Every poorly planned project consumes resources that could have been allocated to productive investment, employment, infrastructure, innovation, or social well-being. When projects are delayed, not only the schedule is affected; value generation is also postponed. When budgets deviate, not only an accounting line is affected; capital efficiency is also reduced. When scope is corrupted, not only does the deliverable change; the original value promise is distorted. Therefore, improving project management is not an isolated technical matter: it is a competitiveness policy.

A National Project Observatory should fulfill at least six functions. The first would be to collect periodic and comparable data on project management in Ecuador. Measuring only once is not enough; a historical series is needed to observe evolution, trends, and gaps. The second would be to build national maturity indicators: PMO, certification, use of AI, performance in time, cost, and scope, risk management, resources, tenders, sustainability, and benefits. The third would be to generate sectoral studies: construction, public sector, technology, services, education, banking, energy, health, and small businesses. Each sector faces different challenges and requires specific recommendations.

The fourth function would be to develop learning dashboards for companies and professionals. An observatory should not produce only lengthy documents; it should translate data into practical tools, including benchmarking matrices, risk alerts, good-practice guides, capacity models, certification roadmaps, PMO recommendations, and criteria for prioritizing portfolios. The fifth function would be to connect stakeholders. Project management cannot be developed from a single sector. It requires companies, universities, professional associations, professional chapters, consultants, public entities, and multilateral organizations. The sixth function would be to promote a culture of transparency and continuous improvement, where data is not used to blame, but to learn and raise the country’s maturity.

For project managers, the observatory would also be a platform for professional growth. It would allow them to understand where the market is moving, which capabilities are valued, which roles are emerging, how salaries behave, and which gaps they must close to remain relevant. The 2025 report shows that leadership, business, technical, and digital skills are considered highly important. This confirms that the modern Project Manager can no longer limit themselves to managing schedules. They must influence without formal authority, negotiate resources, communicate clearly, resolve conflicts, understand the business, and use data to make decisions.

From the country’s perspective, the benefits can be significant. An observatory would enable improvements in project productivity, reduce losses from poor planning, increase transparency, raise the quality of public decisions, strengthen business competitiveness, guide training policies, promote certifications, encourage better PMOs, and generate local knowledge that can be exported to Latin America. In a region where many countries share similar problems—limited resources, low institutionalization, shifting priorities, scarce measurement of benefits, and a weak portfolio culture—Ecuador could become a learning laboratory for the region.

That is why Ecuadorian companies need a National Project Observatory. Not only to understand where we are, but also to build where we want to go. Because the future of the country’s competitiveness will not be determined only by major speeches about transformation, but by the real capacity to turn projects into sustainable results.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

About the Author
PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.
Professional Contact: [email protected]
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Posted on: July 13, 2026 03:23 PM | Permalink | Comments (0)

El futuro del Project Manager a 2030: habilidades, salarios y roles emergentes - The future of the Project Manager in 2030: skills, salaries and emerging roles.

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Hablar del futuro del Project Manager ya no es un ejercicio especulativo. Los datos disponibles permiten observar señales claras sobre hacia dónde se está moviendo la profesión y qué capacidades serán determinantes para mantenerse vigente en los próximos años.

La dirección de proyectos en Ecuador está entrando en una etapa de transición profunda: más organizaciones estructuran roles de gestión, crece la presencia de las PMO, aumenta el interés por la inteligencia artificial, se incorporan profesionales jóvenes y se reconoce con mayor fuerza que los proyectos son una capacidad estratégica para competir, innovar y ejecutar la transformación.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 muestra que el país atraviesa una segunda ola de profesionalización. La muestra crece de 58 participantes en 2024 a 126 en 2025, lo que permite observar con mayor claridad la evolución del ecosistema. En 2024 predominaban perfiles con mayor trayectoria; en 2025, el 46% de los profesionales reporta menos de cinco años de experiencia, el 27% entre seis y diez años, y otro 27% más de once años. Este dato revela una entrada significativa de talento joven, lo que representa una oportunidad para renovar la disciplina, pero también un riesgo si esa nueva generación no se forma con estándares, mentoría y una experiencia progresiva.

El futuro del Project Manager ecuatoriano hacia 2030 estará marcado por una paradoja: habrá una mayor demanda de profesionales de proyectos, pero no todos estarán preparados para captar las mejores oportunidades. El mercado ya está enviando señales. En 2025, el 73% de los encuestados no posee certificaciones internacionales y solo el 27% declara contar con alguna credencial relacionada con la dirección de proyectos, cifra inferior al 32,8% registrado en 2024. Esta reducción ocurre justamente cuando la profesión exige mayor formalización, dominio metodológico, lenguaje global y capacidad para trabajar en entornos híbridos, digitales y multiculturales.

La certificación no debe verse como un fin en sí mismo, sino como una señal de disciplina profesional. Los datos salariales del informe lo confirman: el salario guarda una relación estadística con el cargo, la experiencia y la certificación internacional. Entre quienes poseen certificación, el 67,6% reporta ingresos superiores a $2.001 mensuales; entre quienes no la poseen, esa proporción baja al 31,5%. Esto no significa que una credencial garantice automáticamente mejores ingresos, pero sí evidencia que el mercado comienza a reconocer con mayor fuerza la combinación de experiencia aplicada, responsabilidad organizacional y validación profesional.

Para 2030, el salario del Project Manager ecuatoriano probablemente se diferenciará menos por el título del cargo y más por el valor que sea capaz de generar. El informe 2025 muestra que un coordinador de proyectos se percibe principalmente entre $1.001 y $2.500, mientras que un director de proyecto con certificación se percibe con mayor fuerza entre $2.501 y $5.000. El director de PMO se proyecta en rangos superiores, con una concentración entre $3.501 y $5.000 y una proporción relevante por encima de $5.001. El gerente departamental de proyectos aparece como el rol con la mayor expectativa de compensación. La lectura es clara: cuanto más estratégico sea el rol, mayor será su reconocimiento económico.

Esta tendencia permite anticipar una transformación en las trayectorias profesionales. El Project Manager operativo seguirá existiendo, pero tendrá menos diferenciación si se limita a administrar cronogramas, reuniones y reportes. En cambio, emergerán perfiles de mayor valor: líderes de PMO, gestores de portafolio, directores de programas estratégicos, especialistas en beneficios, gestores de transformación digital, líderes de proyectos con inteligencia artificial, project controllers con analítica de datos, responsables de la gobernanza de cambios, gestores de sostenibilidad en proyectos y profesionales capaces de integrar estrategia, tecnología y ejecución.

La PMO desempeñará un papel central en este escenario. En 2024, solo el 34,5% de las organizaciones reportaba contar con una oficina o departamento de gestión de proyectos; en 2025, la cifra sube al 50%. Este avance muestra que la dirección de proyectos está dejando de ser una práctica dispersa para convertirse en una estructura organizacional. Sin embargo, el reto hacia 2030 será evitar que las PMO se limiten a consolidar reportes. Una PMO madura deberá priorizar los portafolios, proteger los recursos, gestionar los beneficios, anticipar los riesgos, institucionalizar las buenas prácticas y conectar la ejecución con la estrategia.

La inteligencia artificial también redefinirá el perfil profesional. En 2025, el 81,7% considera importante o muy importante el machine learning para mejorar la dirección de proyectos; también se valoran tecnologías como el deep learning, la computación en la nube distribuida, el procesamiento del lenguaje natural, el IoT y los robots de software. No obstante, todavía existe una brecha entre la percepción y el uso real. Hacia 2030, el Project Manager que no domine datos, automatización, analítica predictiva y herramientas digitales estará en desventaja frente a perfiles capaces de anticipar desviaciones, simular escenarios, optimizar recursos y generar información ejecutiva para la toma de decisiones.

Pero el futuro no será únicamente tecnológico. El informe 2025 muestra que el 99,2% considera importantes las habilidades de liderazgo, el 96,8% las de negocio, el 90,5% las técnicas y el 89,7% las digitales. Esta combinación confirma que el Project Manager del futuro no será ni un técnico aislado ni un administrador de tareas. Será un integrador organizacional: alguien capaz de influir sin autoridad formal, negociar recursos limitados, resolver conflictos, comunicar con claridad, comprender el negocio y traducir datos en decisiones.

Esta capacidad será especialmente importante en Ecuador y LATAM, donde muchas organizaciones mantienen estructuras funcionales y niveles de autoridad compartidos. En 2025, aunque el 42,1% declara tener alta autoridad sobre los recursos, la mayoría opera con autoridad media, baja o incierta. Además, los recursos limitados aparecen como la principal causa de fracaso de los proyectos, con un 47,6%. Esto significa que el Project Manager a 2030 no podrá depender solo de su cargo. Deberá liderar por influencia: construir alianzas, persuadir con evidencia, negociar prioridades y elevar las conversaciones ejecutivas sobre capacidad, riesgos, presupuesto y beneficios.

Para mantenerse relevante, el profesional de proyectos debería iniciar hoy una ruta de desarrollo concreta.

Primero, fortalecer sus fundamentos: alcance, cronograma, costos, riesgos, adquisiciones, interesados, beneficios y control de cambios.
Segundo, certificarse progresivamente según su etapa profesional: credenciales iniciales para quienes comienzan, certificaciones ágiles o híbridas para quienes lideran equipos, y certificaciones avanzadas para quienes gestionan programas, portafolios o PMO.
Tercero, desarrollar capacidades digitales: analítica de datos, inteligencia artificial aplicada, automatización, tableros ejecutivos y herramientas PPM.
Cuarto, comprender el negocio: finanzas, estrategia, contratos, valor, productividad y sostenibilidad.
Quinto, construir liderazgo real: comunicación ejecutiva, negociación, gestión de conflictos e influencia.

Las empresas también deben tomar decisiones. No podrán competir a 2030 si siguen tratando la dirección de proyectos como una función administrativa. Deberán diseñar rutas de carrera, diferenciar roles, crear un PMO con mandato estratégico, medir el desempeño y los beneficios, profesionalizar la gestión de recursos, invertir en certificaciones y vincular la compensación al valor generado. El talento joven necesita mentoría; los profesionales sénior necesitan actualización; y las organizaciones necesitan sistemas que permitan convertir la experiencia individual en capacidad institucional.

El escenario más probable hacia 2030 es dual. Las organizaciones que profesionalicen su gestión de proyectos, adopten datos, fortalezcan su PMO y desarrollen talento podrán ejecutar con mayor consistencia y competir mejor. Las que no lo hagan seguirán enfrentando los mismos síntomas: retrasos, sobrecostos, corrupción del alcance, recursos insuficientes y decisiones tardías. Para los profesionales ocurrirá algo similar: quienes combinen experiencia, certificación, liderazgo, tecnología y visión de negocio tendrán mejores oportunidades salariales y estratégicas; quienes permanezcan solo en la administración operativa verán limitada su diferenciación.

El futuro del Project Manager ecuatoriano y, probablemente, de todo LATAM no estará definido únicamente por las metodologías. Estará definido por su capacidad para convertirse en un líder de transformación.

En 2030, el profesional más valioso no será quien conozca más formatos, sino quien logre conectar personas, estrategia, tecnología, recursos y resultados.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
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English Version

Talking about the future of the Project Manager is no longer a speculative exercise. The available data allows us to observe clear signals about where the profession is heading and which capabilities will be decisive for remaining relevant in the coming years.

Project management in Ecuador is entering a stage of deep transition: more organizations are structuring management roles, the presence of PMOs is growing, interest in artificial intelligence is increasing, young professionals are entering the field, and projects are increasingly recognized as a strategic capability for competing, innovating, and executing transformation.

The *Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2* shows that the country is going through a second wave of professionalization. The sample grew from 58 participants in 2024 to 126 in 2025, which makes it possible to observe the evolution of the ecosystem more clearly. In 2024, profiles with greater professional experience predominated; in 2025, 46% of professionals reported having less than five years of experience, 27% between six and ten years, and another 27% more than eleven years. This data reveals a significant entry of young talent, which represents an opportunity to renew the discipline, but also a risk if this new generation is not developed through standards, mentoring, and progressive experience.

The future of the Ecuadorian Project Manager toward 2030 will be marked by a paradox: there will be greater demand for project professionals, but not all will be prepared to capture the best opportunities. The market is already sending signals. In 2025, 73% of respondents did not hold international certifications, and only 27% reported having a project management credential, a figure below the 32.8% recorded in 2024. This reduction occurs precisely when the profession demands greater formalization, methodological mastery, a global language, and the ability to work in hybrid, digital, and multicultural environments.

Certification should not be seen as an end in itself, but as a signal of professional discipline. The salary data in the report confirms this: salary shows a statistical relationship with role, experience, and international certification. Among those who hold a certification, 67.6% report monthly income above $2,001; among those without certification, that proportion drops to 31.5%. This does not mean that a credential automatically guarantees higher income, but it does show that the market is increasingly recognizing the combination of applied experience, organizational responsibility, and professional validation.

By 2030, the salary of the Ecuadorian Project Manager will likely be differentiated less by job title and more by the value the professional can generate. The 2025 report shows that a project coordinator is primarily perceived in the $1,001 to $2,500 range, while a certified project manager is more strongly positioned in the $2,501 to $5,000 range. The PMO Director is projected in higher ranges, with a concentration between $3,501 and $5,000 and a significant proportion above $5,001. The departmental project manager appears to be the role with the highest compensation expectations. The reading is clear: the more strategic the role, the greater its economic recognition.

This trend makes it possible to anticipate a transformation in professional career paths. The operational Project Manager will continue to exist, but will have less differentiation if limited to managing schedules, meetings, and reports. Instead, higher-value profiles will emerge: PMO leaders, portfolio managers, strategic program directors, benefits specialists, digital transformation managers, AI-enabled project leaders, project controllers with data analytics capabilities, change governance managers, sustainability project managers, and professionals capable of integrating strategy, technology, and execution.

The PMO will play a central role in this scenario. In 2024, only 34.5% of organizations reported having a project management office or department; in 2025, the figure rose to 50%. This progress shows that project management is moving away from being a dispersed practice and becoming an organizational structure. However, the challenge toward 2030 will be to prevent PMOs from limiting themselves to consolidating reports. A mature PMO must prioritize portfolios, protect resources, manage benefits, anticipate risks, institutionalize good practices, and connect execution with strategy.

Artificial intelligence will also redefine the professional profile. In 2025, 81.7% considered machine learning important or very important for improving project management; technologies such as deep learning, distributed cloud computing, natural language processing, IoT, and software robots were also highly valued. Nevertheless, there is still a gap between perception and actual use. By 2030, the Project Manager who does not master data, automation, predictive analytics, and digital tools will be at a disadvantage compared to profiles capable of anticipating deviations, simulating scenarios, optimizing resources, and generating executive information for decision-making.

But the future will not be only technological. The 2025 report shows that 99.2% consider leadership skills important, 96.8% value business skills, 90.5% value technical skills, and 89.7% value digital skills. This combination confirms that the Project Manager of the future will not be an isolated technician or a task administrator. They will be an organizational integrator: someone capable of influencing without formal authority, negotiating limited resources, resolving conflicts, communicating clearly, understanding the business, and translating data into decisions.

This capability will be especially important in Ecuador and Latin America, where many organizations maintain functional structures and shared levels of authority. In 2025, although 42.1% reported having high authority over resources, the majority operate with medium, low, or uncertain authority. In addition, limited resources appear as the main cause of project failure, with 47.6%. This means that the Project Manager of 2030 will not be able to depend only on their title. They will have to lead through influence: building alliances, persuading with evidence, negotiating priorities, and elevating executive conversations about capacity, risks, budgets, and benefits.

To remain relevant, project professionals should begin a concrete development path today.

First, strengthen their fundamentals: scope, schedule, costs, risks, procurement, stakeholders, benefits, and change control.

Second, pursue certifications progressively according to their professional stage: entry-level credentials for those starting out, agile or hybrid certifications for those leading teams, and advanced certifications for those managing programs, portfolios, or PMOs.

Third, develop digital capabilities: data analytics, applied artificial intelligence, automation, executive dashboards, and PPM tools.

Fourth, understand the business: finance, strategy, contracts, value, productivity, and sustainability.

Fifth, build real leadership: executive communication, negotiation, conflict management, and influence.

Companies must also make decisions. They will not be able to compete by 2030 if they continue treating project management as an administrative function. They will need to design career paths, differentiate roles, create a PMO with a strategic mandate, measure performance and benefits, professionalize resource management, invest in certifications, and link compensation to generated value. Young talent needs mentoring; senior professionals need updating; and organizations need systems that enable the transformation of individual experience into institutional capability.

The most likely scenario toward 2030 is dual. Organizations that professionalize their project management, adopt data, strengthen their PMO, and develop talent will be able to execute with greater consistency and compete more effectively. Those that do not will continue to face the same symptoms: delays, cost overruns, scope creep, insufficient resources, and late decisions. For professionals, something similar will occur: those who combine experience, certification, leadership, technology, and business vision will earn higher salaries and have more strategic opportunities; those who remain only in operational administration will see their differentiation limited.

The future of the Ecuadorian Project Manager—and probably of the Project Manager across Latin America—will not be defined solely by methodologies. It will be defined by their ability to become a transformation leader.

In 2030, the most valuable professional will not be the one who knows the most templates, but the one who can connect people, strategy, technology, resources, and results.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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Posted on: July 05, 2026 11:43 AM | Permalink | Comments (1)

Construcción y sector público: lo que nos dice estos sectores para la dirección de proyectos - Construction and the public sector: what these sectors tell us about project management.

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Los sectores que más proyectos movilizan no siempre son los que tienen mayor madurez para ejecutarlos. El caso ecuatoriano permite observar con claridad esta tensión.

En 2025, el sector público aparece como el principal espacio de actividad proyectizada, con un 21,4% de participación en la muestra, seguido por la construcción, con un 19%. Un año antes, en 2024, el liderazgo estaba en servicios, con 20,7%, mientras que el sector público representaba 13,8% y la construcción, 12,1%. Este cambio no es solo estadístico; refleja una transformación del ecosistema: los proyectos con mayor impacto territorial, institucional y económico están ganando protagonismo.

Esta realidad es especialmente relevante porque la construcción y el sector público inciden directamente en la competitividad de un país. Infraestructura, obras civiles, mantenimiento, equipamiento, servicios públicos, tecnología estatal, movilidad, educación, salud y desarrollo urbano dependen, en gran medida, de la capacidad para ejecutar proyectos con disciplina. Cuando estos sectores funcionan bien, se acelera el desarrollo. Cuando fallan, los efectos se trasladan a los ciudadanos, las empresas, los presupuestos públicos y la confianza institucional.

Sin embargo, liderar en presencia no significa liderar en desempeño. El informe 2025 evidencia que el sector privado presenta mejores resultados que el público. En cumplimiento de objetivos, el sector público alcanza el 68% de los proyectos que cumplen siempre o casi siempre con el objetivo para el que fueron creados, mientras que el sector privado llega al 72,2%. En cumplimiento de plazos, el sector público alcanza el 48%, frente al 56,4% del sector privado. En el presupuesto, el sector público registra un 44%, frente al 56,5% del sector privado. Además, la corrupción del alcance afecta con mayor fuerza al sector público: el 84% reporta que ocurre algunas veces, casi siempre o siempre, frente al 75,2% en el sector privado.

La conclusión no debe ser que el sector público “gestiona mal” y el privado “gestiona bien”. Esa lectura sería superficial. Lo que muestran los datos es que los proyectos públicos operan bajo mayor complejidad institucional: contratación, fiscalización, controles, presión social, múltiples interesados, cambios políticos, restricciones presupuestarias y rendición de cuentas.

Pero precisamente por esa complejidad, el sector público necesita más profesionalización, no menos. Necesita PMO gubernamentales, gestión de portafolios, mejores criterios de priorización, control de cambios, trazabilidad, indicadores de beneficios y equipos especializados en adquisiciones.

La construcción enfrenta una realidad similar desde otro ángulo. Es un sector intensivo en contratos, costos, plazos, proveedores, permisos, riesgos técnicos, logística y cambios de alcance. Aunque el informe no desglosa el desempeño específico de la construcción, los principales problemas del ecosistema ecuatoriano impactan directamente en este sector: el 47,6% identifica los recursos limitados como la principal causa de fracaso; el 10,3% menciona la recopilación inadecuada de requisitos; y la corrupción del alcance sigue siendo frecuente. En la construcción, estos factores suelen traducirse en ampliaciones de plazo, órdenes de cambio, sobrecostos, reclamos, disputas contractuales y pérdida de confianza del cliente.

La experiencia ecuatoriana deja una lección para LATAM: la madurez en la dirección de proyectos no se mide por la cantidad de proyectos iniciados, sino por la capacidad de terminarlos con valor, control y aprendizaje institucional. Muchos países de la región comparten desafíos similares: alta dependencia de proyectos públicos de infraestructura, estructuras funcionales, cambios de prioridades, baja cultura de portafolio, contratación compleja, limitación de recursos y débil institucionalización de PMO. Por eso, Ecuador sirve como un espejo útil para analizar una realidad regional.

La primera lección para LATAM es que el sector público debe dejar de gestionar proyectos como expedientes administrativos y empezar a gestionarlos como inversiones de valor público. Esto implica pasar de medir la ejecución presupuestaria a medir beneficios, impacto, calidad, oportunidad y sostenibilidad. Un proyecto público no es exitoso solo porque se contrató o se ejecutó; lo es cuando resuelve el problema para el que fue creado y entrega valor real a la ciudadanía.

La segunda lección es que la construcción necesita fortalecer su gobernanza contractual y técnica. En muchos países latinoamericanos, los proyectos de construcción siguen dependiendo en exceso de la experiencia individual del residente, del fiscalizador o del gerente de obra. Esa experiencia es valiosa, pero debe complementarse con sistemas: matrices de riesgos, control integrado de cambios, gestión formal de requisitos, tableros de avance físico-financiero, gestión de restricciones y lecciones aprendidas. La obra no puede depender solo del oficio; debe apoyarse en una gestión profesional.

La tercera lección es que las PMO deben evolucionar. En Ecuador, las organizaciones con PMO pasaron del 34,5% en 2024 al 50% en 2025. Este avance es importante, pero LATAM debe evitar que las PMO se conviertan únicamente en oficinas de reportes. Una PMO madura debe ayudar a priorizar, decidir, asignar recursos, controlar los beneficios y proteger el portafolio. En el sector público, puede ser una herramienta de transparencia y eficiencia. En construcción, puede ser un mecanismo para estandarizar la planificación, el control de costos, los riesgos y los cambios.

La cuarta lección es que la gestión de licitaciones debe considerarse una competencia estratégica. El 79% de los encuestados en 2025 considera necesario contar con una persona especializada para gestionar licitaciones públicas y privadas. Este dato es clave para Ecuador y para LATAM. Muchas fallas de proyectos surgen antes de iniciar la ejecución: bases mal definidas, requisitos incompletos, riesgos no asignados, cronogramas irreales, contratos ambiguos o criterios de selección centrados únicamente en el precio. Profesionalizar la licitación es proteger el proyecto desde su origen.

La quinta lección es que los directores de proyectos deben liderar más allá de la autoridad formal. En sectores como la construcción y sector público, el Project Manager suele coordinar actores que no le reportan directamente: contratistas, proveedores, áreas legales, finanzas, fiscalizadores, autoridades, usuarios y comunidades. Por eso, el liderazgo efectivo requiere influencia, negociación, comunicación ejecutiva y gestión de conflictos. En LATAM, donde las estructuras jerárquicas y funcionales siguen siendo fuertes, dirigir proyectos exige construir acuerdos, no solo administrar cronogramas.

La recomendación para las empresas y entidades públicas es concreta: identificar sus proyectos críticos, clasificarlos por complejidad, fortalecer la planificación inicial, asignar responsables claros, crear comités de decisión, controlar los cambios con evidencia y medir los beneficios desde el inicio.

Para los directores de proyectos, la recomendación es desarrollar capacidades que integren técnica, contrato, finanzas, liderazgo, datos y negociación. El futuro del PM en LATAM no será solo metodológico; será estratégico.

La dirección de proyectos en la región necesita pasar de la ejecución reactiva a la gestión estratégica. Esa transición no depende únicamente de las metodologías. Depende de la gobernanza, el talento, los datos, el liderazgo y la decisión institucional. Allí está el verdadero reto para Ecuador y para América Latina.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor

PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.

Contacto profesional: [email protected]

Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version

The sectors that mobilize the most projects are not always the ones with the greatest maturity to execute them. The Ecuadorian case clearly illustrates this tension.

In 2025, the public sector is the main area of project-based activity, representing 21.4% of the sample, followed by construction at 19%. One year earlier, in 2024, services led the sample at 20.7%, while the public sector accounted for 13.8% and construction for 12.1%. This shift is not merely statistical; it reflects a transformation of the ecosystem: the projects with the greatest territorial, institutional, and economic impact are gaining prominence.

This reality is especially relevant because construction and the public sector directly influence a country’s competitiveness. Infrastructure, civil works, maintenance, equipment, public services, government technology, mobility, education, health, and urban development largely depend on the ability to execute projects with discipline. When these sectors perform well, development accelerates. When they fail, the effects are transferred to citizens, companies, public budgets, and institutional trust.

However, leading in presence does not mean leading in performance. The 2025 report shows that the private sector achieves better results than the public sector. In terms of objective achievement, the public sector achieves 68% of projects that always or almost always meet the objectives for which they were created, while the private sector achieves 72.2%. In schedule performance, the public sector reaches 48%, compared to 56.4% in the private sector. In budget performance, the public sector records 44%, compared to 56.5% in the private sector. In addition, scope creep affects the public sector more strongly: 84% report that it occurs sometimes, almost always, or always, compared to 75.2% in the private sector.

The conclusion should not be that the public sector “manages poorly” and the private sector “manages well.” That would be a superficial interpretation. The data show that public projects operate under greater institutional complexity: procurement, oversight, controls, social pressure, multiple stakeholders, political changes, budget restrictions, and accountability.

But precisely because of that complexity, the public sector needs more professionalization, not less. It needs government PMOs, portfolio management, better prioritization criteria, change control, traceability, benefits indicators, and specialized procurement teams.

Construction faces a similar reality from another angle. It is a sector heavily driven by contracts, costs, schedules, suppliers, permits, technical risks, logistics, and scope changes. Although the report does not break down the specific performance of the construction sector, the main problems in the Ecuadorian ecosystem directly affect this industry: 47.6% identify limited resources as the main cause of failure; 10.3% mention inadequate requirements gathering; and scope creep remains frequent. In construction, these factors often translate into schedule extensions, change orders, cost overruns, claims, contractual disputes, and loss of client trust.

The Ecuadorian experience leaves a lesson for Latin America: maturity in project management is not measured by the number of projects initiated, but by the ability to complete them with value, control, and institutional learning. Many countries in the region share similar challenges: high dependence on public infrastructure projects, functional structures, shifting priorities, weak portfolio culture, complex procurement, resource constraints, and weak institutionalization of PMOs. For this reason, Ecuador serves as a useful mirror for analyzing a regional reality.

The first lesson for Latin America is that the public sector must stop managing projects as administrative files and begin managing them as investments in public value. This means moving from measuring budget execution to measuring benefits, impact, quality, timeliness, and sustainability. A public project is not successful simply because it was contracted or executed; it is successful when it solves the problem for which it was created and delivers real value to citizens.

The second lesson is that construction needs to strengthen its contractual and technical governance. In many Latin American countries, construction projects still depend excessively on the individual experience of the site manager, supervisor, or construction manager. That experience is valuable, but it must be complemented with systems: risk matrices, integrated change control, formal requirements management, physical-financial progress dashboards, constraint management, and lessons learned. A construction project cannot depend only on craftsmanship and experience; it must be supported by professional management.

The third lesson is that PMOs must evolve. In Ecuador, the share of organizations with a PMO increased from 34.5% in 2024 to 50% in 2025. This progress is important, but Latin America must avoid reducing PMOs to mere reporting offices. A mature PMO should help prioritize, decide, allocate resources, control benefits, and protect the portfolio. In the public sector, it can become a tool for transparency and efficiency. In construction, it can serve as a mechanism to standardize planning, cost control, risk management, and change management.

The fourth lesson is that bid and tender management must be considered a strategic capability. In 2025, 79% of respondents considered it necessary to have a specialized person to manage public and private tenders. This finding is key for both Ecuador and Latin America. Many project failures arise before execution even begins: poorly defined terms of reference, incomplete requirements, unassigned risks, unrealistic schedules, ambiguous contracts, or selection criteria focused only on price. Professionalizing tender management means protecting the project from its origin.

The fifth lesson is that project managers must lead beyond formal authority. In sectors such as construction and the public sector, the Project Manager often coordinates actors who do not report directly to them: contractors, suppliers, legal departments, finance teams, supervisors, authorities, users, and communities. For this reason, effective leadership requires influence, negotiation, executive communication, and conflict management. In Latin America, where hierarchical and functional structures remain strong, directing projects requires building agreements rather than merely managing schedules.

The recommendation for companies and public entities is concrete: identify critical projects, classify them by complexity, strengthen initial planning, assign clear owners, create decision-making committees, control changes with evidence, and measure benefits from the beginning.

For project managers, the recommendation is to develop capabilities that integrate technical knowledge, contracts, finance, leadership, data, and negotiation. The future of the PM in Latin America will not be merely methodological; it will be strategic.

Project management in the region needs to move from reactive execution to strategic management. This transition does not depend solely on methodologies. It depends on governance, talent, data, leadership, and institutional decision-making. That is the real challenge for Ecuador and Latin America.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.

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Posted on: June 21, 2026 12:56 AM | Permalink | Comments (0)

Más PMs jóvenes, menos certificación: ¿avance o riesgo? - More young PMs, less certification: progress or risk?

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La dirección de proyectos atraviesa una etapa de transición que merece ser analizada con cuidado. A primera vista, a mayor número de profesionales que participan en el ecosistema, más organizaciones estructuran roles de gestión, crece el interés por la inteligencia artificial y la disciplina empieza a posicionarse como una capacidad estratégica. Sin embargo, detrás de ese avance se esconde una paradoja crítica: ingresan más profesionales jóvenes al campo, pero disminuye la proporción de certificaciones internacionales.

Esta tensión constituye uno de los principales desafíos de la segunda ola de la profesionalización de la gestión de proyectos en Ecuador. El país no está estancado; está creciendo. Pero la pregunta de fondo es si ese crecimiento será sólido o si generará una expansión con baja formalización profesional.

El perfil cambia de manera significativa: el 46% reporta menos de cinco años de experiencia, mientras que el 27% tiene entre seis y diez años y otro 27% más de once años. Este dato confirma que una nueva generación está entrando al mercado de proyectos.

Este ingreso de talento joven es una buena noticia. Significa que la dirección de proyectos empieza a ser vista como una ruta profesional atractiva y no únicamente como una función asumida por experiencia. También refleja un ecosistema más diverso en términos de edades, con profesionales más cercanos a las herramientas digitales, a las metodologías colaborativas, a la inteligencia artificial y a nuevas formas de trabajo. Para un país que necesita mejorar su capacidad de ejecución, incorporar nuevas generaciones es indispensable.

Pero el avance tiene un punto débil: la certificación internacional no está creciendo; está retrocediendo. En 2024, el 32,8% de los encuestados declaraba contar con certificaciones internacionales en dirección de proyectos. En 2025, la cifra baja al 27%. Es decir, mientras aumenta la participación de profesionales jóvenes, disminuye la proporción de credenciales formales que conectan al mercado local con los estándares globales.
Este hallazgo no debe interpretarse como una crítica al talento joven. Al contrario, debe leerse como una advertencia para el ecosistema. El riesgo no está en que entren nuevos profesionales; el riesgo está en que ingresen sin una ruta estructurada de formación, mentoría, certificación y exposición progresiva a proyectos de mayor complejidad. Un mercado que crece sin fortalecer los estándares puede aumentar el número de personas vinculadas a proyectos, pero no necesariamente mejorar la calidad de la gestión.

La paradoja cobra mayor relevancia al analizar el desempeño general de los proyectos en Ecuador. El Volumen 2 muestra que el 71,4% de los proyectos cumple siempre o casi siempre con el objetivo para el que fue creado. Sin embargo, solo el 54,7% culmina siempre o casi siempre dentro del tiempo inicialmente estimado y apenas el 54% dentro del presupuesto inicial. Además, la corrupción del alcance sigue siendo frecuente: el 37,3% señala que ocurre algunas veces, el 28,6% casi siempre y el 11,1% siempre. Esto indica que el país logra resultados, pero aún tiene dificultades para ejecutar con disciplina, control y consistencia.

En ese contexto, la baja certificación internacional no es un dato menor. Las certificaciones no garantizan por sí solas la madurez profesional, pero cumplen una función importante: ordenan los conocimientos, exponen al profesional a marcos globales, fortalecen el lenguaje común y crean criterios mínimos para gestionar el alcance, los riesgos, los costos, los cronogramas, los stakeholders, los beneficios y los cambios. En mercados emergentes, donde muchas organizaciones aún no cuentan con PMO consolidadas, la certificación puede servir como un mecanismo de formalización profesional.

La evidencia salarial también refuerza esta lectura. El informe 2025 muestra que el salario guarda una relación estadística con tres variables: cargo, experiencia y certificación internacional. Entre quienes cuentan con certificación, el 67,6% reporta ingresos superiores a $2.001 mensuales; entre quienes no la poseen, ese porcentaje desciende al 31,5%. Esta diferencia no significa que la certificación produzca automáticamente mejores ingresos, pero sí muestra que funciona como una señal de diferenciación y acceso a mejores oportunidades.

La pregunta estratégica es entonces evidente: ¿Ecuador está formando una nueva generación de directores de proyectos o solo ampliando la base de coordinadores y ejecutores operativos? La respuesta dependerá de las decisiones que tomen las empresas, las universidades, los gremios y los propios profesionales en los próximos años.

Las empresas tienen una responsabilidad central. No basta con contratar jóvenes con energía, adaptabilidad y manejo tecnológico. Es necesario diseñar rutas de crecimiento profesional. Un joven director de proyectos no debería aprender únicamente por ensayo y error, porque los errores en los proyectos cuestan tiempo, dinero, reputación y confianza organizacional. Las empresas deben crear modelos de carrera que diferencien los niveles de madurez: asistente de proyecto, coordinador, líder de proyecto, director de proyecto, director de programa y líder de PMO. Cada nivel debería estar asociado a competencias, responsabilidades, exposición, mentoría y certificaciones recomendadas.

También se requiere una práctica que muchas organizaciones aún subestiman: el acompañamiento de profesionales senior. Ecuador no necesita reemplazar la experiencia por la juventud ni la juventud por la experiencia. Necesita integrar ambas. Los profesionales senior deben asumir un rol más activo como mentores, revisores de decisiones críticas y facilitadores de buenas prácticas. La experiencia acumulada tiene valor si se convierte en transferencia de conocimiento, no solo en control jerárquico.

Para los jóvenes profesionales, el mensaje es claro: la energía y la adaptabilidad abren puertas, pero no sustituyen la disciplina profesional. Quien aspire a diferenciarse debe construir una trayectoria deliberada. Esto implica dominar fundamentos predictivos, ágiles e híbridos; participar en comunidades profesionales; documentar resultados; desarrollar habilidades de comunicación ejecutiva; aprender a negociar recursos; comprender el negocio; y avanzar hacia certificaciones que validen competencias ante un mercado cada vez más exigente.

La proyección para los próximos años es clara. Si Ecuador logra canalizar el ingreso de talento joven mediante formación estructurada, certificaciones, mentoría y PMO más robustas, la disciplina podría dar un salto importante en su madurez. Pero si el crecimiento se limita a incorporar más personas sin fortalecer los estándares, el país podría enfrentar una expansión frágil: más proyectos gestionados, pero con los mismos problemas de alcance, tiempo, recursos y presupuesto.

El reto no es elegir entre juventud y certificación. El verdadero desafío es construir una generación joven certificada, guiada y preparada para liderar proyectos complejos.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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English Version



Project management is undergoing a transition that warrants careful analysis. At first glance, as more professionals participate in the ecosystem, more organizations structure management roles, interest in artificial intelligence grows, and the discipline begins to position itself as a strategic capability. However, behind this progress lies a critical paradox: more young professionals are entering the field, while the proportion of international certifications is decreasing.

This tension represents one of the main challenges of the second wave of professionalization in project management in Ecuador. The country is not stagnant; it is growing. But the deeper question is whether this growth will be solid or generate expansion with low professional formalization.

The professional profile has changed significantly: 46% report having less than five years of experience, while 27% have between six and ten years, and another 27% have more than eleven years. This data confirms that a new generation is entering the project management market.

The arrival of young talent is good news. It means that project management is beginning to be seen as an attractive professional path, not only as a function assumed through accumulated experience. It also reflects an ecosystem that is more diverse in age, with professionals closer to digital tools, collaborative methodologies, artificial intelligence, and new ways of working. For a country that needs to improve its execution capacity, incorporating new generations is essential.

But this progress has a weak point: international certification is not growing; it is declining. In 2024, 32.8% of respondents reported holding international project management certifications. In 2025, that figure dropped to 27%. In other words, while the participation of young professionals is increasing, the proportion of formal credentials linking the local market to global standards is decreasing.

This finding should not be interpreted as criticism of young talent. On the contrary, it should be read as a warning to the ecosystem. The risk is not that new professionals are entering the field; the risk is that they are entering without a structured path of training, mentoring, certification, and progressive exposure to more complex projects. A market that grows without strengthening standards may increase the number of people involved in projects, but it will not necessarily improve the quality of project management.

The paradox becomes even more relevant when analyzing the overall performance of projects in Ecuador. Volume 2 shows that 71.4% of projects always or almost always achieve the objective for which they were created. However, only 54.7% always or almost always finish within the initially estimated time, and only 54% within the initial budget. In addition, scope creep remains frequent: 37.3% state that it occurs sometimes, 28.6% almost always, and 11.1% always. This indicates that the country achieves results, but still faces difficulties in executing with discipline, control, and consistency.

In this context, the low level of international certification is not a minor issue. Certifications do not guarantee professional maturity on their own, but they play an important role: they organize knowledge, expose professionals to global frameworks, strengthen a common language, and establish minimum criteria for managing scope, risks, costs, schedules, stakeholders, benefits, and changes. In emerging markets, where many organizations still lack consolidated PMOs, certification can serve as a mechanism for professionalization.

The salary evidence also reinforces this interpretation. The 2025 report shows that salary is statistically related to three variables: role, experience, and international certification. Among those who hold a certification, 67.6% report a monthly income above $2,001; among those without certification, that percentage drops to 31.5%. This difference does not mean that certification automatically leads to higher income, but it does show that it serves as a signal of differentiation and access to better opportunities.

The strategic question is therefore clear: is Ecuador developing a new generation of project managers, or simply expanding the pool of coordinators and operational executors? The answer will depend on the decisions made by companies, universities, professional associations, and professionals themselves over the next few years.

Companies have a central responsibility. It is not enough to hire young people with energy, adaptability, and technological skills. It is necessary to design professional growth paths. A young project manager should not learn only through trial and error, because mistakes in projects cost time, money, reputation, and organizational trust. Companies must create career models that differentiate maturity levels: project assistant, coordinator, project lead, project manager, program manager, and PMO leader. Each level should be associated with competencies, responsibilities, exposure, mentoring, and recommended certifications.

Another practice is also required, one that many organizations still underestimate: the guidance of senior professionals. Ecuador does not need to replace experience with youth, nor youth with experience. It needs to integrate both. Senior professionals must assume a more active role as mentors, reviewers of critical decisions, and facilitators of good practices. Accumulated experience has value when it becomes knowledge transfer, not merely hierarchical control.

For young professionals, the message is clear: energy and adaptability open doors, but they do not replace professional discipline. Anyone who aspires to stand out must build a deliberate career path. This means mastering predictive, agile, and hybrid fundamentals; participating in professional communities; documenting results; developing executive communication skills; learning to negotiate for resources; understanding the business; and pursuing certifications that validate competencies in an increasingly demanding market.

The projection for the coming years is clear. If Ecuador manages to channel the entry of young talent through structured training, certifications, mentoring, and stronger PMOs, the discipline could make a significant leap in maturity. But if growth is limited to incorporating more people without strengthening standards, the country could face fragile expansion: more projects being managed, but with the same problems of scope, time, resources, and budget.

The challenge is not to choose between youth and certification. The real challenge is to build a young generation that is certified, guided, and prepared to lead complex projects.





Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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Posted on: June 14, 2026 11:43 PM | Permalink | Comments (0)

Los cinco hábitos de las empresas ecuatorianas que mejor ejecutan sus proyectos - The five habits of Ecuadorian companies that best execute their projects

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En Ecuador, la diferencia entre una empresa que simplemente “hace proyectos” y otra que realmente “ejecuta proyectos con madurez” no radica únicamente en la metodología que utiliza. Tampoco depende solo del tamaño del presupuesto ni del número de personas asignadas. La diferencia más importante radica en sus hábitos organizacionales: prácticas repetidas, disciplinadas y sostenidas que convierten la gestión de proyectos en una capacidad real de ejecución.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 muestra que el país está entrando en una segunda ola de profesionalización. La muestra del estudio pasó de 58 profesionales en 2024 a 126 participantes en 2025, lo que permite observar con mayor claridad la evolución de la disciplina. Esta nueva etapa se caracteriza por un mayor interés empresarial, el crecimiento del PMO, la incorporación de talento joven, más conversación sobre inteligencia artificial y una transición metodológica en la que conviven enfoques predictivos, ágiles e híbridos.

Sin embargo, los datos también muestran que la madurez aún es parcial. En 2025, el 71,4% de los proyectos cumple siempre o casi siempre con el objetivo para el cual fue creado, pero solo el 54,7% culmina siempre o casi siempre dentro del tiempo estimado y el 54% dentro del presupuesto inicial. Además, la corrupción del alcance sigue siendo una señal crítica: el 37,3% indica que ocurre algunas veces, el 28,6% casi siempre y el 11,1% siempre. Esto revela una realidad importante: muchas organizaciones logran resultados, pero aún no los ejecutan con suficiente consistencia, control y disciplina.

A partir de los datos de los informes de 2024 y 2025, se identifican cinco hábitos que distinguen a las empresas ecuatorianas que mejor ejecutan sus proyectos.

El primer hábito consiste en medir el desempeño de manera sistemática. En ambos informes, la medición del desempeño figura como la práctica más frecuente en la gestión de proyectos. En 2024 ocupó el primer lugar del ranking, con una puntuación de 2,4, por encima de los enfoques predictivos, la gestión de cambios, la gestión de programas y la gestión de riesgos. En 2025 vuelve a ocupar el primer lugar, con un ranking de 5,3; el 25,4% de las organizaciones la usa siempre y el 50% algunas veces.
Este hallazgo es clave porque confirma que las empresas con mejores posibilidades de ejecución no son necesariamente las que más planifican, sino las que mejor observan, miden y corrigen. Medir permite detectar desviaciones tempranas, anticipar problemas presupuestarios, identificar sobrecargas de recursos y controlar el avance real. Pero medir no significa llenar reportes. Significa convertir datos en decisiones. Una empresa madura no pregunta únicamente “¿cuánto avanzamos?”, sino también “¿qué decisión debemos tomar con esta información?”.

El segundo hábito consiste en gestionar los riesgos antes de que se conviertan en crisis. En 2025, la gestión de riesgos aparece como la tercera práctica más frecuente, con un ranking de 4,6; el 15,1% la utiliza siempre y el 56,3% la utiliza algunas veces. Este dato debe leerse junto con una de las conclusiones más sólidas del informe: el 47,6% identifica los recursos limitados como la principal causa de fracaso en los proyectos ecuatorianos.
Esto significa que muchos proyectos no fracasan por falta de esfuerzo, sino porque nacen con restricciones estructurales: equipos incompletos, presupuesto insuficiente, capacidades limitadas o prioridades mal definidas. La empresa que mejor ejecuta no es la que no tiene riesgos; es la que los reconoce temprano y los gestiona con disciplina. Esto exige registros de riesgos vivos, responsables definidos, planes de respuesta y conversaciones ejecutivas oportunas. Si los recursos son limitados, el riesgo debe escalarse, priorizarse y negociarse desde el inicio.

El tercer hábito consiste en gestionar programas y portafolios, no solo proyectos aislados. En 2025, la gestión de programas ocupa el segundo lugar en el ranking de prácticas, con 4,7, y la gestión de portafolios aparece en cuarto lugar, con 4,3. Esta tendencia revela una evolución importante: las empresas empiezan a comprender que el problema muchas veces no está en un proyecto individual, sino en la forma en que la organización prioriza el conjunto de sus iniciativas.
Cuando una empresa no gestiona portafolios, todos los proyectos parecen importantes, compiten por los mismos recursos y exigen atención urgente. El resultado es saturación, retrasos y pérdida de foco estratégico. Las empresas que mejor ejecutan tienen una conversación distinta: no solo revisan el avance de cada proyecto, sino que también preguntan si ese proyecto sigue siendo prioritario, si genera valor, si cuenta con recursos reales y si debe continuar, pausarse o rediseñarse.
El crecimiento de las PMO en Ecuador refuerza esta tendencia. En 2024, solo el 34,5% de las organizaciones reportaban contar con una oficina o departamento de gestión de proyectos; en 2025, la cifra sube al 50%. Esta evolución es positiva, pero el reto es que las PMO no se conviertan únicamente en oficinas de reportes. Su verdadero valor radica en conectar la estrategia, los recursos, los riesgos, los beneficios y la toma de decisiones.

El cuarto hábito consiste en controlar los cambios mediante una gobernanza y roles claros. En 2025, la gestión de cambios figura entre las cinco prácticas más utilizadas. Sin embargo, la corrupción del alcance sigue siendo frecuente. En 2024, el 31% de los encuestados indicó que sus proyectos experimentaban corrupción del alcance algunas veces, otro 31% casi siempre y el 12,1% siempre. En 2025, el patrón se mantiene: 37,3% algunas veces, 28,6% casi siempre y 11,1% siempre.
La lección es clara: no basta con decir que se gestionan cambios; hay que disciplinarlos. Muchas organizaciones confunden la flexibilidad con la informalidad. Aceptan nuevas solicitudes sin evaluar el impacto, modifican entregables sin revisar el presupuesto y ajustan prioridades sin actualizar los compromisos. Las empresas que mejor ejecutan no bloquean todos los cambios, pero sí los hacen visibles. Cada cambio debe tener un impacto estimado en el alcance, el tiempo, el costo, el riesgo y el valor. Cada decisión debe quedar documentada. Cada responsable debe estar claro.
Aquí el liderazgo del director de proyectos es fundamental. En Ecuador, muchos Project Managers lideran sin plena autoridad. En 2025, el 42,1% declara tener alta autoridad sobre los recursos, mientras que el resto opera con autoridad media, baja o incierta. Por eso, controlar los cambios no es solo un proceso técnico; también exige influencia, negociación, comunicación ejecutiva y capacidad para construir acuerdos.

El quinto hábito consiste en desarrollar simultáneamente el liderazgo, la visión de negocio y las capacidades digitales. El informe 2025 muestra que el 99,2% de los encuestados considera importantes las habilidades de liderazgo, el 96,8% las de negocio, el 90,5% las técnicas y el 89,7% las digitales. Este dato confirma que el Project Manager ecuatoriano ya no puede limitarse a ser solo un administrador de cronogramas. Debe ser un articulador estratégico capaz de conectar personas, datos, decisiones y resultados.
Este hábito es todavía más relevante si consideramos que el 46% de los profesionales encuestados en 2025 tiene menos de cinco años de experiencia. Ecuador está incorporando una nueva generación de talento al ecosistema de proyectos. Esa es una gran oportunidad, pero también una responsabilidad. Las empresas deben formar temprano en buenas prácticas, pensamiento estratégico, ética, comunicación, gestión de conflictos, IA aplicada y toma de decisiones basada en datos.

En conclusión, las empresas ecuatorianas que mejor ejecutan sus proyectos no son necesariamente las que siguen una metodología de moda. Son las que han construido hábitos: miden el desempeño, gestionan riesgos, priorizan programas y portafolios, controlan los cambios y desarrollan líderes integrales.

La segunda ola de profesionalización ya está en marcha, pero su consolidación dependerá de que estas prácticas dejen de ser esfuerzos aislados y se conviertan en una cultura organizacional.

Ecuador no necesita únicamente más proyectos. Necesita mejores hábitos de ejecución. Porque los proyectos exitosos no dependen solo de una buena idea inicial; dependen de la disciplina diaria con la que una organización mide, decide, aprende y corrige.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y en su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
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In Ecuador, the difference between a company that simply “does projects” and one that truly “executes projects with maturity” does not lie solely in the methodology it uses. Nor does it depend only on the size of the budget or the number of people assigned. The most important difference lies in its organizational habits: repeated, disciplined, and sustained practices that turn project management into a real execution capability.

The Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 shows that the country is entering a second wave of professionalization. The study sample increased from 58 professionals in 2024 to 126 participants in 2025, allowing a clearer view of the discipline’s evolution. This new stage is characterized by greater business interest, the growth of PMOs, the incorporation of young talent, more conversation around artificial intelligence, and a methodological transition in which predictive, agile, and hybrid approaches coexist.

However, the data also show that maturity remains partial. In 2025, 71.4% of projects always or almost always achieve the objective for which they were created, but only 54.7% always or almost always finish within the estimated time, and 54% always or almost always finish within the initial budget. In addition, scope creep remains a critical signal: 37.3% indicate that it occurs sometimes, 28.6% almost always, and 11.1% always. This reveals an important reality: many organizations achieve results but still do not execute them with sufficient consistency, control, and discipline.

Based on data from the 2024 and 2025 reports, five habits can be identified that distinguish Ecuadorian companies that execute their projects more effectively.

The first habit is to measure performance systematically. In both reports, performance measurement appears as the most frequent practice in project management. In 2024, it ranked first, with a score of 2.4, above predictive approaches, change management, program management, and risk management. In 2025, it once again ranks first, with a score of 5.3; 25.4% of organizations use it always, and 50% use it sometimes.

This finding is key because it confirms that companies with better execution potential are not necessarily those that plan the most, but those that observe, measure, and correct more effectively. Measurement makes it possible to detect early deviations, anticipate budget problems, identify resource overloads, and control real progress. But measuring does not mean filling out reports. It means turning data into decisions. A mature company does not only ask, “How much progress have we made?” It asks, “What decision must we make with this information?”

The second habit is to manage risks before they become crises. In 2025, risk management appears as the third most frequent practice, with a score of 4.6; 15.1% use it always, and 56.3% use it sometimes. This data should be read together with one of the strongest conclusions of the report: 47.6% identify limited resources as the main cause of project failure in Ecuadorian companies.

This means that many projects do not fail due to lack of effort, but because they are born with structural constraints: incomplete teams, insufficient budgets, limited capabilities, or poorly defined priorities. The company that executes best is not the one that has no risks; it is the one that recognizes them early and manages them with discipline. This requires living risk registers, defined owners, response plans, and timely executive conversations. If resources are limited, the risk must be escalated, prioritized, and negotiated from the beginning.

The third habit is to manage programs and portfolios, not just isolated projects. In 2025, program management ranks second among project management practices, with a score of 4.7, while portfolio management ranks fourth, with 4.3. This trend reveals an important evolution: companies are beginning to understand that the problem is often not in an individual project but in how the organization prioritizes its initiatives.

When a company does not manage portfolios, all projects seem important, compete for the same resources, and demand urgent attention. The result is saturation, delays, and loss of strategic focus. Companies that execute better have a different conversation: they not only review the progress of each project, but also ask whether that project remains a priority, whether it generates value, whether it has real resources, and whether it should continue, pause, or be redesigned.

The growth of PMOs in Ecuador reinforces this trend. In 2024, only 34.5% of organizations reported having a project management office or department; in 2025, the figure rises to 50%. This evolution is positive, but the challenge is to prevent PMOs from becoming merely reporting offices. Their real value lies in connecting strategy, resources, risks, benefits, and decision-making.

The fourth habit is to control changes through governance and clear roles. In 2025, change management ranks among the five most-used practices. However, scope creep remains frequent. In 2024, 31% of respondents indicated that their projects experienced scope creep sometimes, another 31% almost always, and 12.1% always. In 2025, the pattern continues: 37.3% sometimes, 28.6% almost always, and 11.1% always.

The lesson is clear: it is not enough to say that changes are managed; they must be disciplined. Many organizations confuse flexibility with informality. They accept new requests without assessing impact, modify deliverables without reviewing the budget, and adjust priorities without updating commitments. Companies that execute best do not block every change, but they do make them visible. Every change must have an estimated impact on scope, time, cost, risk, and value. Every decision must be documented. Every responsible party must be clear.

Here, the project manager's leadership is fundamental. In Ecuador, many Project Managers lead without full authority. In 2025, 42.1% report having high authority over resources, while the rest operate with medium, low, or uncertain authority. Therefore, controlling changes is not only a technical process; it also requires influence, negotiation, executive communication, and the ability to build agreements.

The fifth habit is to develop leadership, business vision, and digital capabilities simultaneously. The 2025 report shows that 99.2% of respondents consider leadership skills important, 96.8% consider business skills, 90.5% consider technical skills, and 89.7% consider digital skills. This confirms that the Ecuadorian Project Manager can no longer be limited to being a schedule administrator. They must be a strategic connector capable of linking people, data, decisions, and results.

This habit is even more relevant, given that 46% of the professionals surveyed in 2025 have less than 5 years of experience. Ecuador is incorporating a new generation of talent into the project ecosystem. This is a great opportunity, but also a responsibility. Companies must provide early training in good practices, strategic thinking, ethics, communication, conflict management, applied AI, and data-driven decision-making.

In conclusion, Ecuadorian companies that execute their projects best are not necessarily those that follow a fashionable methodology. They are the ones that have built habits: they measure performance, manage risks, prioritize programs and portfolios, control changes, and develop well-rounded leaders.

The second wave of professionalization is already underway, but its consolidation will depend on these practices no longer being isolated efforts and instead becoming part of the organizational culture.

The companies need more than just projects. It needs better execution habits. Because successful projects do not depend only on a good initial idea, they depend on the daily discipline with which an organization measures, decides, learns, and corrects.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2, and its comparison with Volume 1. You can review both reports here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM®. Advisor, professor, and researcher in project management
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Posted on: May 23, 2026 08:38 PM | Permalink | Comments (1)
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"O, it is excellent To have a giant's strength! But it is tyrannous To use it like a giant."

- William Shakespeare

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