Project Management

José González, Ecuador

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Mi blog es un espacio donde podremos compartir información de Dirección de Proyectos en Español, buscando como unificar criterios y desarrollar habilidades para la Dirección de Proyectos, personalizado al público habla hispana. My blog is a space where we can share Project Management information in Spanish, looking for how to unify criteria and develop skills for Project Management, personalized to the Spanish speaking public.

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Los cinco hábitos de las empresas ecuatorianas que mejor ejecutan sus proyectos - The five habits of Ecuadorian companies that best execute their projects

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En Ecuador, la diferencia entre una empresa que simplemente “hace proyectos” y otra que realmente “ejecuta proyectos con madurez” no radica únicamente en la metodología que utiliza. Tampoco depende solo del tamaño del presupuesto ni del número de personas asignadas. La diferencia más importante radica en sus hábitos organizacionales: prácticas repetidas, disciplinadas y sostenidas que convierten la gestión de proyectos en una capacidad real de ejecución.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 muestra que el país está entrando en una segunda ola de profesionalización. La muestra del estudio pasó de 58 profesionales en 2024 a 126 participantes en 2025, lo que permite observar con mayor claridad la evolución de la disciplina. Esta nueva etapa se caracteriza por un mayor interés empresarial, el crecimiento del PMO, la incorporación de talento joven, más conversación sobre inteligencia artificial y una transición metodológica en la que conviven enfoques predictivos, ágiles e híbridos.

Sin embargo, los datos también muestran que la madurez aún es parcial. En 2025, el 71,4% de los proyectos cumple siempre o casi siempre con el objetivo para el cual fue creado, pero solo el 54,7% culmina siempre o casi siempre dentro del tiempo estimado y el 54% dentro del presupuesto inicial. Además, la corrupción del alcance sigue siendo una señal crítica: el 37,3% indica que ocurre algunas veces, el 28,6% casi siempre y el 11,1% siempre. Esto revela una realidad importante: muchas organizaciones logran resultados, pero aún no los ejecutan con suficiente consistencia, control y disciplina.

A partir de los datos de los informes de 2024 y 2025, se identifican cinco hábitos que distinguen a las empresas ecuatorianas que mejor ejecutan sus proyectos.

El primer hábito consiste en medir el desempeño de manera sistemática. En ambos informes, la medición del desempeño figura como la práctica más frecuente en la gestión de proyectos. En 2024 ocupó el primer lugar del ranking, con una puntuación de 2,4, por encima de los enfoques predictivos, la gestión de cambios, la gestión de programas y la gestión de riesgos. En 2025 vuelve a ocupar el primer lugar, con un ranking de 5,3; el 25,4% de las organizaciones la usa siempre y el 50% algunas veces.
Este hallazgo es clave porque confirma que las empresas con mejores posibilidades de ejecución no son necesariamente las que más planifican, sino las que mejor observan, miden y corrigen. Medir permite detectar desviaciones tempranas, anticipar problemas presupuestarios, identificar sobrecargas de recursos y controlar el avance real. Pero medir no significa llenar reportes. Significa convertir datos en decisiones. Una empresa madura no pregunta únicamente “¿cuánto avanzamos?”, sino también “¿qué decisión debemos tomar con esta información?”.

El segundo hábito consiste en gestionar los riesgos antes de que se conviertan en crisis. En 2025, la gestión de riesgos aparece como la tercera práctica más frecuente, con un ranking de 4,6; el 15,1% la utiliza siempre y el 56,3% la utiliza algunas veces. Este dato debe leerse junto con una de las conclusiones más sólidas del informe: el 47,6% identifica los recursos limitados como la principal causa de fracaso en los proyectos ecuatorianos.
Esto significa que muchos proyectos no fracasan por falta de esfuerzo, sino porque nacen con restricciones estructurales: equipos incompletos, presupuesto insuficiente, capacidades limitadas o prioridades mal definidas. La empresa que mejor ejecuta no es la que no tiene riesgos; es la que los reconoce temprano y los gestiona con disciplina. Esto exige registros de riesgos vivos, responsables definidos, planes de respuesta y conversaciones ejecutivas oportunas. Si los recursos son limitados, el riesgo debe escalarse, priorizarse y negociarse desde el inicio.

El tercer hábito consiste en gestionar programas y portafolios, no solo proyectos aislados. En 2025, la gestión de programas ocupa el segundo lugar en el ranking de prácticas, con 4,7, y la gestión de portafolios aparece en cuarto lugar, con 4,3. Esta tendencia revela una evolución importante: las empresas empiezan a comprender que el problema muchas veces no está en un proyecto individual, sino en la forma en que la organización prioriza el conjunto de sus iniciativas.
Cuando una empresa no gestiona portafolios, todos los proyectos parecen importantes, compiten por los mismos recursos y exigen atención urgente. El resultado es saturación, retrasos y pérdida de foco estratégico. Las empresas que mejor ejecutan tienen una conversación distinta: no solo revisan el avance de cada proyecto, sino que también preguntan si ese proyecto sigue siendo prioritario, si genera valor, si cuenta con recursos reales y si debe continuar, pausarse o rediseñarse.
El crecimiento de las PMO en Ecuador refuerza esta tendencia. En 2024, solo el 34,5% de las organizaciones reportaban contar con una oficina o departamento de gestión de proyectos; en 2025, la cifra sube al 50%. Esta evolución es positiva, pero el reto es que las PMO no se conviertan únicamente en oficinas de reportes. Su verdadero valor radica en conectar la estrategia, los recursos, los riesgos, los beneficios y la toma de decisiones.

El cuarto hábito consiste en controlar los cambios mediante una gobernanza y roles claros. En 2025, la gestión de cambios figura entre las cinco prácticas más utilizadas. Sin embargo, la corrupción del alcance sigue siendo frecuente. En 2024, el 31% de los encuestados indicó que sus proyectos experimentaban corrupción del alcance algunas veces, otro 31% casi siempre y el 12,1% siempre. En 2025, el patrón se mantiene: 37,3% algunas veces, 28,6% casi siempre y 11,1% siempre.
La lección es clara: no basta con decir que se gestionan cambios; hay que disciplinarlos. Muchas organizaciones confunden la flexibilidad con la informalidad. Aceptan nuevas solicitudes sin evaluar el impacto, modifican entregables sin revisar el presupuesto y ajustan prioridades sin actualizar los compromisos. Las empresas que mejor ejecutan no bloquean todos los cambios, pero sí los hacen visibles. Cada cambio debe tener un impacto estimado en el alcance, el tiempo, el costo, el riesgo y el valor. Cada decisión debe quedar documentada. Cada responsable debe estar claro.
Aquí el liderazgo del director de proyectos es fundamental. En Ecuador, muchos Project Managers lideran sin plena autoridad. En 2025, el 42,1% declara tener alta autoridad sobre los recursos, mientras que el resto opera con autoridad media, baja o incierta. Por eso, controlar los cambios no es solo un proceso técnico; también exige influencia, negociación, comunicación ejecutiva y capacidad para construir acuerdos.

El quinto hábito consiste en desarrollar simultáneamente el liderazgo, la visión de negocio y las capacidades digitales. El informe 2025 muestra que el 99,2% de los encuestados considera importantes las habilidades de liderazgo, el 96,8% las de negocio, el 90,5% las técnicas y el 89,7% las digitales. Este dato confirma que el Project Manager ecuatoriano ya no puede limitarse a ser solo un administrador de cronogramas. Debe ser un articulador estratégico capaz de conectar personas, datos, decisiones y resultados.
Este hábito es todavía más relevante si consideramos que el 46% de los profesionales encuestados en 2025 tiene menos de cinco años de experiencia. Ecuador está incorporando una nueva generación de talento al ecosistema de proyectos. Esa es una gran oportunidad, pero también una responsabilidad. Las empresas deben formar temprano en buenas prácticas, pensamiento estratégico, ética, comunicación, gestión de conflictos, IA aplicada y toma de decisiones basada en datos.

En conclusión, las empresas ecuatorianas que mejor ejecutan sus proyectos no son necesariamente las que siguen una metodología de moda. Son las que han construido hábitos: miden el desempeño, gestionan riesgos, priorizan programas y portafolios, controlan los cambios y desarrollan líderes integrales.

La segunda ola de profesionalización ya está en marcha, pero su consolidación dependerá de que estas prácticas dejen de ser esfuerzos aislados y se conviertan en una cultura organizacional.

Ecuador no necesita únicamente más proyectos. Necesita mejores hábitos de ejecución. Porque los proyectos exitosos no dependen solo de una buena idea inicial; dependen de la disciplina diaria con la que una organización mide, decide, aprende y corrige.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y en su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version

In Ecuador, the difference between a company that simply “does projects” and one that truly “executes projects with maturity” does not lie solely in the methodology it uses. Nor does it depend only on the size of the budget or the number of people assigned. The most important difference lies in its organizational habits: repeated, disciplined, and sustained practices that turn project management into a real execution capability.

The Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 shows that the country is entering a second wave of professionalization. The study sample increased from 58 professionals in 2024 to 126 participants in 2025, allowing a clearer view of the discipline’s evolution. This new stage is characterized by greater business interest, the growth of PMOs, the incorporation of young talent, more conversation around artificial intelligence, and a methodological transition in which predictive, agile, and hybrid approaches coexist.

However, the data also show that maturity remains partial. In 2025, 71.4% of projects always or almost always achieve the objective for which they were created, but only 54.7% always or almost always finish within the estimated time, and 54% always or almost always finish within the initial budget. In addition, scope creep remains a critical signal: 37.3% indicate that it occurs sometimes, 28.6% almost always, and 11.1% always. This reveals an important reality: many organizations achieve results but still do not execute them with sufficient consistency, control, and discipline.

Based on data from the 2024 and 2025 reports, five habits can be identified that distinguish Ecuadorian companies that execute their projects more effectively.

The first habit is to measure performance systematically. In both reports, performance measurement appears as the most frequent practice in project management. In 2024, it ranked first, with a score of 2.4, above predictive approaches, change management, program management, and risk management. In 2025, it once again ranks first, with a score of 5.3; 25.4% of organizations use it always, and 50% use it sometimes.

This finding is key because it confirms that companies with better execution potential are not necessarily those that plan the most, but those that observe, measure, and correct more effectively. Measurement makes it possible to detect early deviations, anticipate budget problems, identify resource overloads, and control real progress. But measuring does not mean filling out reports. It means turning data into decisions. A mature company does not only ask, “How much progress have we made?” It asks, “What decision must we make with this information?”

The second habit is to manage risks before they become crises. In 2025, risk management appears as the third most frequent practice, with a score of 4.6; 15.1% use it always, and 56.3% use it sometimes. This data should be read together with one of the strongest conclusions of the report: 47.6% identify limited resources as the main cause of project failure in Ecuadorian companies.

This means that many projects do not fail due to lack of effort, but because they are born with structural constraints: incomplete teams, insufficient budgets, limited capabilities, or poorly defined priorities. The company that executes best is not the one that has no risks; it is the one that recognizes them early and manages them with discipline. This requires living risk registers, defined owners, response plans, and timely executive conversations. If resources are limited, the risk must be escalated, prioritized, and negotiated from the beginning.

The third habit is to manage programs and portfolios, not just isolated projects. In 2025, program management ranks second among project management practices, with a score of 4.7, while portfolio management ranks fourth, with 4.3. This trend reveals an important evolution: companies are beginning to understand that the problem is often not in an individual project but in how the organization prioritizes its initiatives.

When a company does not manage portfolios, all projects seem important, compete for the same resources, and demand urgent attention. The result is saturation, delays, and loss of strategic focus. Companies that execute better have a different conversation: they not only review the progress of each project, but also ask whether that project remains a priority, whether it generates value, whether it has real resources, and whether it should continue, pause, or be redesigned.

The growth of PMOs in Ecuador reinforces this trend. In 2024, only 34.5% of organizations reported having a project management office or department; in 2025, the figure rises to 50%. This evolution is positive, but the challenge is to prevent PMOs from becoming merely reporting offices. Their real value lies in connecting strategy, resources, risks, benefits, and decision-making.

The fourth habit is to control changes through governance and clear roles. In 2025, change management ranks among the five most-used practices. However, scope creep remains frequent. In 2024, 31% of respondents indicated that their projects experienced scope creep sometimes, another 31% almost always, and 12.1% always. In 2025, the pattern continues: 37.3% sometimes, 28.6% almost always, and 11.1% always.

The lesson is clear: it is not enough to say that changes are managed; they must be disciplined. Many organizations confuse flexibility with informality. They accept new requests without assessing impact, modify deliverables without reviewing the budget, and adjust priorities without updating commitments. Companies that execute best do not block every change, but they do make them visible. Every change must have an estimated impact on scope, time, cost, risk, and value. Every decision must be documented. Every responsible party must be clear.

Here, the project manager's leadership is fundamental. In Ecuador, many Project Managers lead without full authority. In 2025, 42.1% report having high authority over resources, while the rest operate with medium, low, or uncertain authority. Therefore, controlling changes is not only a technical process; it also requires influence, negotiation, executive communication, and the ability to build agreements.

The fifth habit is to develop leadership, business vision, and digital capabilities simultaneously. The 2025 report shows that 99.2% of respondents consider leadership skills important, 96.8% consider business skills, 90.5% consider technical skills, and 89.7% consider digital skills. This confirms that the Ecuadorian Project Manager can no longer be limited to being a schedule administrator. They must be a strategic connector capable of linking people, data, decisions, and results.

This habit is even more relevant, given that 46% of the professionals surveyed in 2025 have less than 5 years of experience. Ecuador is incorporating a new generation of talent into the project ecosystem. This is a great opportunity, but also a responsibility. Companies must provide early training in good practices, strategic thinking, ethics, communication, conflict management, applied AI, and data-driven decision-making.

In conclusion, Ecuadorian companies that execute their projects best are not necessarily those that follow a fashionable methodology. They are the ones that have built habits: they measure performance, manage risks, prioritize programs and portfolios, control changes, and develop well-rounded leaders.

The second wave of professionalization is already underway, but its consolidation will depend on these practices no longer being isolated efforts and instead becoming part of the organizational culture.

The companies need more than just projects. It needs better execution habits. Because successful projects do not depend only on a good initial idea, they depend on the daily discipline with which an organization measures, decides, learns, and corrects.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2, and its comparison with Volume 1. You can review both reports here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM®. Advisor, professor, and researcher in project management
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Posted on: May 23, 2026 08:38 PM | Permalink | Comments (1)

La corrupción del alcance: silenciosa, frecuente y peligrosa. - The corruption of scope: silent, frequent, and dangerous.

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En Ecuador, la mayoría de los proyectos no fracasan de forma abrupta. No colapsan por un evento catastrófico ni por una mala decisión evidente. Fallan de forma progresiva, casi imperceptible, mediante pequeños cambios que nadie cuestiona, decisiones que no se formalizan y ajustes que parecen inofensivos. Este fenómeno tiene nombre, aunque pocas organizaciones lo enfrentan con la seriedad que merece: la corrupción del alcance.

Los datos son claros. Según el análisis nacional de la gestión de proyectos, más del 66% de los proyectos en Ecuador experimentan corrupción del alcance, con una frecuencia que va de “algunas veces” a “casi siempre”. Esto no es un problema aislado ni excepcional; es estructural. Forma parte del sistema de gestión de proyectos del país.

Y lo más preocupante no es su frecuencia, sino su normalización.

Al analizar el comportamiento de los proyectos en Ecuador, se observan patrones consistentes. Solo el 31% de los proyectos cuenta con recursos completamente asignados, mientras que el 65,5% opera con asignaciones parciales. Esto implica que los equipos trabajan con limitaciones estructurales desde el inicio. A esto se suma que el 41,4% de los presupuestos está en manos de gerentes funcionales, no del director del proyecto, lo que reduce significativamente su capacidad de control.

Este contexto genera un terreno fértil para la corrupción del alcance. Cuando el director del proyecto no tiene autoridad plena, cuando los recursos son limitados y cuando los objetivos cambian constantemente, como lo evidencia el 17,2% de cambios de prioridades y el 12,1% de problemas en la definición de requisitos, el alcance deja de ser una línea base y se convierte en una variable negociable.

En la práctica, esto se traduce en decisiones como:
“Agreguemos esto rápido”,
“No cambiemos el contrato, solo ajustemos internamente”,
“El cliente lo pidió, luego vemos el impacto”.

Sin embargo, este fenómeno ocurre en un momento particularmente interesante para el país. Ecuador está viviendo lo que podría denominarse una segunda ola de profesionalización en la gestión de proyectos.

Los signos son evidentes:
  • Mayor demanda empresarial de resultados estructurados.
  • Crecimiento progresivo del PMO, aunque aún el 65,5% de las empresas no cuenta con una .
  • Interés creciente en inteligencia artificial aplicada a proyectos, con más del 40% reconociendo su relevancia en tecnologías como el machine learning y el NLP .
  • Ingreso acelerado de talento joven, en el que cerca del 46% tiene menos de 5 años de experiencia.
Este escenario genera una paradoja: mientras el entorno demanda mayor rigor, los sistemas internos aún operan con una baja madurez estructural.

Y es en esa brecha donde la corrupción del alcance se vuelve crítica.

Más allá de la teoría, desde la experiencia práctica, el problema no es metodológico. No se trata de si el enfoque es ágil, predictivo o híbrido. De hecho, el país muestra una fuerte inclinación por enfoques predictivos, con una menor adopción de prácticas ágiles maduras.

El problema es de diseño organizacional y de liderazgo.

Las causas más frecuentes se pueden agrupar en cuatro dimensiones:
1. Gobernanza débil
No existen mecanismos formales de control de cambios o, si los hay, no se respetan.
2. Ambigüedad en roles
El director del proyecto no tiene autoridad suficiente para rechazar cambios ni exigir formalidad.
3. Cultura organizacional reactiva
Se prioriza la satisfacción inmediata del stakeholder por encima de la sostenibilidad del proyecto.
4. Déficit en gestión de requisitos
El 12,1% de los fracasos se origina en una mala definición inicial , lo que abre la puerta a cambios constantes.

Controlar el alcance no es técnico… es político

Uno de los errores más comunes es abordar la corrupción del alcance como un problema técnico. No lo es. Es un problema de poder, influencia y negociación.

En muchos proyectos en Ecuador, el director no tiene autoridad jerárquica directa sobre todos los actores. Por lo tanto, su capacidad de control depende de su liderazgo informal.

Más allá del diagnóstico, el control del alcance requiere disciplina operativa. Algunas prácticas concretas que pueden implementarse de inmediato son:

  • Comité de control de cambios (CCB) con decisiones registradas y trazabilidad.
  • Matriz de impacto de cambios (alcance-tiempo-costo-riesgo) obligatoria para cada solicitud.
  • Contrato psicológico con stakeholders: definir desde el inicio qué implica un cambio.
  • Backlog priorizado (incluso en proyectos predictivos) para gestionar solicitudes fuera del alcance.
  • Indicador de “salud del alcance” como KPI del proyecto.
Estas herramientas no requieren tecnología avanzada. Requieren disciplina.

La corrupción del alcance no solo afecta los cronogramas, sino también los presupuestos. Afecta el valor final del proyecto. Un proyecto que cambia constantemente sin control deja de responder a una estrategia y se convierte en una suma de decisiones aisladas.

El director de proyectos del futuro no será quien mejor planifique. Será quien mejor influya, negocie y proteja el valor del proyecto.

Porque en un entorno donde todo cambia, liderar el alcance es liderar la estrategia.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y en su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
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English Version

In Ecuador, most projects do not fail abruptly. They do not collapse due to a catastrophic event or an obviously poor decision. Instead, they fail progressively, almost imperceptibly, through small changes that go unquestioned, decisions that are never formalized, and adjustments that seem harmless. This phenomenon has a name, although few organizations address it with the seriousness it deserves: scope corruption.

The data is clear. According to the national analysis of project management, more than 66% of projects in Ecuador experience scope corruption, with a frequency ranging from “sometimes” to “almost always.” This is not an isolated or exceptional issue; it is structural. It is embedded within the country’s project management system.

And the most concerning aspect is not its frequency, but its normalization.

When analyzing project behavior in Ecuador, consistent patterns emerge. Only 31% of projects have fully allocated resources, while 65.5% operate with partial allocations. This means teams are working under structural constraints from the outset. In addition, 41.4% of project budgets are controlled by functional managers rather than the project manager, significantly limiting the project manager's ability to maintain control.

This context creates fertile ground for scope corruption. When the project manager lacks full authority, when resources are constrained, and when objectives constantly shift—as evidenced by 17.2% of priority changes and 12.1% of requirements definition deficiencies—scope ceases to be a baseline and becomes a negotiable variable.

In practice, this translates into decisions such as:
“Let’s just add this quickly,”
“Let’s not change the contract; we’ll adjust internally.”
“The client asked for it; we’ll deal with the impact later.”

However, this phenomenon is occurring at a particularly interesting moment for the country. Ecuador is experiencing what could be described as a second wave of professionalization in project management.

The signs are evident:
• Increased business demand for structured results.
• Progressive growth of PMOs, although 65.5% of companies still lack one.
• Rising interest in artificial intelligence applied to projects, with over 40% recognizing its relevance in technologies such as machine learning and NLP.
• Rapid entry of young talent into the market, with nearly 46% having less than five years of experience.

This scenario creates a paradox: while the environment demands greater rigor, internal systems still operate with low structural maturity.

And it is within this gap that scope corruption becomes critical.

Beyond theory, and from practical experience, the problem is not methodological. It is not about whether the approach is agile, predictive, or hybrid. In fact, the country shows a strong inclination toward predictive approaches, with limited adoption of mature agile practices.

The problem lies in organizational design and leadership.

The most frequent causes can be grouped into four dimensions:
1. Weak governance
There are no formal change control mechanisms—or if they exist, they are not enforced.
2. Role ambiguity
The project manager lacks sufficient authority to reject changes or demand formal processes.
3. Reactive organizational culture
Immediate stakeholder satisfaction is prioritized over long-term project sustainability.
4. Deficient requirements management
12.1% of project failures originate from poor initial definition, opening the door to constant changes.

Controlling Scope Is Not Technical… It Is Political

One of the most common mistakes is treating scope corruption as a technical problem. It is not. It is a matter of power, influence, and negotiation.

In many projects in Ecuador, the project manager does not have direct hierarchical authority over all stakeholders. Therefore, their ability to control depends on informal leadership.

Beyond diagnosis, controlling scope requires operational discipline. Some concrete practices that can be implemented immediately include:

• A Change Control Board (CCB) with documented decisions and full traceability.
• A mandatory change impact matrix (scope–time–cost–risk) for every request.
• A psychological contract with stakeholders: clearly defining from the outset what a change implies.
• A prioritized backlog (even in predictive projects) to manage out-of-scope requests.
• A “scope health” indicator as a project KPI.

These tools do not require advanced technology. They require discipline.

Scope corruption does not only affect schedules or budgets—it affects the final value of the project. A project that continuously changes without control stops responding to a strategy and becomes a collection of isolated decisions.

The project manager of the future will not be the one who plans best. It will be the one who influences, negotiates, and protects project value most effectively.

Because in an environment where everything changes, managing scope is managing strategy.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2, and its comparison with Volume 1. You can review both reports here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

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Posted on: May 02, 2026 07:04 PM | Permalink | Comments (0)

El Project Manager sin autoridad: cómo liderar cuando el poder no acompaña - The Project Manager without authority: how to lead when power is lacking.

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En teoría, dirigir un proyecto implica tomar decisiones, asignar recursos y alinear equipos. En la práctica, especialmente en Ecuador, la realidad es muy distinta: muchos Project Managers deben entregar resultados sin tener control real sobre los recursos, las personas ni siquiera sobre las prioridades del proyecto.

Y esta no es una percepción aislada.. es un patrón estructural.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 evidencia que solo el 42,1% de los directores de proyectos declara tener un alto nivel de autoridad sobre los recursos, mientras que el 36,5% opera con autoridad media y el 11,1% con autoridad baja. Es decir, más de la mitad de los Project Managers gestionan en contextos en los que el poder formal es limitado.

Esto redefine completamente el rol. Ya no se trata de gestionar proyectos. Se trata de gestionar sin poder.
Si contrastamos este dato con otro hallazgo del mismo informe, la tensión se vuelve evidente: el 99% de los profesionales considera que las habilidades de liderazgo son fundamentales en la dirección de proyectos.

Es decir, el sistema reconoce la necesidad de liderazgo… pero no otorga la autoridad para ejercerlo.
Aquí nace una de las mayores paradojas de la gestión de proyectos en Ecuador: se espera influencia sin estructura, resultados sin control y ejecución sin poder.

Y este fenómeno no es casual. Es parte de una etapa evolutiva. El análisis comparativo entre 2024 y 2025 evidencia con claridad que el país está entrando en una segunda ola de madurez en la gestión de proyectos.
Sin embargo, esta evolución convive con problemas estructurales: el 73% no cuenta con certificaciones internacionales, el 50% de las empresas no tiene PMO y el 47,6% de los proyectos fracasa principalmente por recursos limitados.

En este contexto, el Project Manager se convierte en un actor clave… pero carece de poder suficiente. Hay una conclusión clara: el Project Manager efectivo no es quien tiene autoridad, sino quien sabe construirla.
Y esa autoridad no es jerárquica. Es relacional.

Se construye en cuatro dimensiones fundamentales:
La primera es la influencia. No se trata de imponer decisiones, sino de alinear intereses. Un Project Manager efectivo entiende qué motiva a cada stakeholder y construye acuerdos basados en el valor.
La segunda es la negociación. En un entorno donde los recursos son limitados y el 47,6% de los proyectos lo confirma, cada asignación es, en esencia, una negociación activa.
La tercera es la gestión de conflictos. Los conflictos no son fallas del sistema, son parte natural de él. Cambios de prioridades, objetivos difusos y presión organizacional generan fricción constante. El liderazgo consiste en convertir esa fricción en decisiones.
La cuarta es la comunicación ejecutiva. No basta con reportar avances; hay que traducir la información técnica en decisiones de negocio.

Uno de los errores más comunes es creer que el problema radica en la falta de poder formal. Pero el análisis muestra algo más profundo.

El verdadero problema es la falta de madurez organizacional en la gestión de proyectos.

Cuando el 50% de las empresas no tiene PMO, cuando la mayoría de los proyectos opera con recursos limitados y cuando la certificación internacional sigue siendo baja, el Project Manager no está fallando… está compensando un sistema incompleto.

Y en sistemas inmaduros, el liderazgo sustituye a la estructura.

Ecuador no tiene problemas con las metodologías. Tiene un desafío de liderazgo en contextos de baja autoridad formal.

La segunda ola de la gestión de proyectos está en marcha. Las PMO crecen, la tecnología avanza y el talento joven entra al mercado laboral. Pero el verdadero cambio no vendrá de las herramientas. Vendrá de la capacidad de los Project Managers para liderar sin poder.

Porque en entornos donde la estructura aún se está construyendo, la diferencia no la marca la autoridad… sino la influencia.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y en su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
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English Version

In theory, managing a project involves making decisions, allocating resources, and aligning teams. In practice—especially in Ecuador—the reality is very different: many Project Managers are expected to deliver results without having real control over resources, people, or even project priorities.

And this is not an isolated perception. It is a structural pattern.

The Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 shows that only 42.1% of project managers report having a high level of authority over resources, while 36.5% operate with moderate authority and 11.1% with low authority. In other words, more than half of Project Managers operate in environments where formal power is limited.

This completely redefines the role. It is no longer about managing projects—it is about managing without power. When we contrast this with another key finding from the same report, the tension becomes clear: 99% of professionals consider leadership skills essential to project management.

In other words, the system recognizes the need for leadership… but does not provide the authority to exercise it.
This is where one of the greatest paradoxes of project management in Ecuador emerges: organizations expect influence without structure, results without control, and execution without power.

And this phenomenon is not accidental. It is part of an evolutionary stage.

The comparative analysis between 2024 and 2025 clearly shows that Ecuador is entering a second wave of maturity in project management. However, this evolution coexists with structural challenges: 73% of professionals lack international certifications, 50% of companies lack a PMO, and 47.6% of projects fail primarily due to limited resources.

In this context, the Project Manager becomes a key actor… but lacks sufficient formal power.
There is a clear conclusion: the effective Project Manager is not the one who has authority, but the one who knows how to build it. And that authority is not hierarchical—it is relational.

It is built across four fundamental dimensions:
The first is influence. It is not about imposing decisions, but about aligning interests. An effective Project Manager understands what motivates each stakeholder and builds agreements based on value.
The second is negotiation. In an environment where resources are limited—and 47.6% of projects confirm this—every allocation becomes an active negotiation.
The third is conflict management. Conflicts are not system failures; they are a natural part of it. Changing priorities, unclear objectives, and organizational pressure create constant friction. Leadership consists of turning that friction into decisions.
The fourth is executive communication. It is not enough to report progress; technical information must be translated into business decisions.

One of the most common mistakes is assuming the problem lies in a lack of formal authority. However, the analysis reveals something deeper.

The real issue is the lack of organizational maturity in project management. When 50% of companies lack a PMO, when most projects operate with limited resources, and when international certification levels remain low, the Project Manager is not failing… they are compensating for an incomplete system.

And in immature systems, leadership replaces structure. Ecuador does not have a methodology problem. It faces leadership challenges in environments with low formal authority.

The second wave of project management is already underway. PMOs are growing, technology is advancing, and young talent is entering the workforce. But the real transformation will not come from tools.
It will come from the Project Managers' ability to lead without power.

Because in environments where structure is still being built, the difference is not made by authority… but by influence.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2, and its comparison with Volume 1. You can review both reports here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

About the Author
PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM®. Advisor, professor, and researcher in project management
Professional contact: [email protected]
LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/
Posted on: April 18, 2026 09:44 PM | Permalink | Comments (0)

El liderazgo no es una habilidad más. Es la ventaja competitiva del PM (y el 99% ya lo sabe) - Leadership is not just another skill. It's the PM's competitive advantage (and 99% already know it).

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En los últimos años, he tenido la oportunidad de trabajar con directores de proyecto en distintos sectores del Ecuador: desde empresas familiares en crecimiento hasta organizaciones que están comenzando a estructurar sus primeras PMO. Y si hay algo que se repite de manera consistente, no es la falta de metodologías, ni de herramientas, ni siquiera de conocimiento técnico. Es algo mucho más profundo: la necesidad de un liderazgo real en la gestión de proyectos.
Los datos lo confirman. En el análisis nacional de la gestión de proyectos, las habilidades de liderazgo se reconocen como una de las cualidades más críticas del director de proyectos, con un nivel de aceptación que supera el 80% de acuerdo fuerte entre los profesionales . Pero más allá del dato, lo relevante es lo que representa: una toma de conciencia colectiva de que dirigir proyectos en Ecuador ya no es solo coordinar tareas, sino también influir en sistemas organizacionales complejos.
Estamos, sin duda, entrando en una segunda ola de gestión de proyectos en el país.
Una ola marcada por tres elementos clave: una mayor demanda empresarial de resultados tangibles, el crecimiento progresivo de las PMO como estructuras formales de gobernanza y una presión creciente por integrar nuevas capacidades, como la inteligencia artificial. A esto se suma un fenómeno que está cambiando el mercado: la entrada de talento joven, con nuevas expectativas, nuevas formas de trabajar y una menor tolerancia a estructuras rígidas.
Sin embargo, este crecimiento se basa en una base que aún presenta brechas significativas. El 65,5% de las empresas en Ecuador todavía no cuenta con una PMO formal; el 44,8% no tiene personal con formación especializada en dirección de proyectos, y los proyectos siguen enfrentando problemas estructurales como cambios de prioridades, limitación de recursos y deficiencias en la recopilación de requisitos.
En ese contexto, el liderazgo deja de ser deseable y se convierte en indispensable.
En entornos maduros, los procesos corrigen las desviaciones. En entornos de desarrollo, son las personas, en particular los líderes, quienes compensan las debilidades del sistema.
Un director de proyectos no solo gestiona el alcance, el tiempo y el costo. Gestiona la incertidumbre organizacional, los conflictos de poder, la ambigüedad en la toma de decisiones y, en muchos casos, la falta de autoridad formal. De hecho, el estudio muestra que el 37,9% de los PM tiene apenas un nivel medio de autoridad sobre los recursos.
Esto redefine completamente el rol.
El éxito ya no depende de cuánto controlas, sino de cuánto influyes.
A partir de la experiencia de campo y del análisis de datos, el liderazgo efectivo en Ecuador no es un concepto teórico. Es un modelo práctico que se construye sobre cuatro capacidades críticas:
1. Influencia sin autoridad
El PM rara vez tiene control total sobre el equipo ni sobre los recursos. Su capacidad real radica en alinear intereses, generar compromiso y movilizar actores sin depender de la jerarquía formal.
2. Resolución estratégica de conflictos
Los conflictos no son excepciones, son parte del sistema. Cambios de prioridades, objetivos difusos y recursos limitados generan fricción constante. El líder efectivo no evita el conflicto, lo gestiona y lo convierte en decisiones.
3. Comunicación ejecutiva
No se trata de reportar avances, sino de traducir la información técnica en decisiones de negocio. Aquí es donde muchos proyectos fallan: comunican datos, pero no generan acción.
4. Toma de decisiones bajo incertidumbre
El entorno actual, con presión por resultados rápidos y una adopción tecnológica emergente, exige decisiones incompletas, pero oportunas. El liderazgo moderno no espera tener toda la información; actúa con criterio.
El liderazgo no se construye solo con experiencia. Se entrena. Y en el contexto actual, hay prácticas concretas que pueden marcar una diferencia inmediata:
  • Sustituir las reuniones de seguimiento por las de decisión: cada interacción debe cerrar con una acción clara.
  • Mapear stakeholders según su nivel de influencia real, no según el organigrama.
  • Incorporar “micronegociaciones” diarias: cada asignación de recurso es una negociación.
  • Traducir cada riesgo en una decisión pendiente: si no hay decisión, no hay gestión de riesgos.
  • Implementar la comunicación en tres niveles: operativo (equipo), táctico (interesados) y estratégico (alta dirección).
Estas prácticas no requieren inversión, requieren criterio.
Hoy, un director de proyectos que combine liderazgo, visión estratégica y capacidad de adaptación puede convertirse en un activo crítico para cualquier organización.
No es casualidad que el interés por la inteligencia artificial esté creciendo en el país, con tecnologías como machine learning, deep learning y procesamiento de lenguaje natural consideradas relevantes por más del 40% de los profesionales .
Pero aquí hay una verdad incómoda: la tecnología no reemplaza al liderazgo. Lo exige más.
En Ecuador y, seguramente, en otros países, el problema no es que falten herramientas. Es que aún estamos aprendiendo a liderar en entornos donde las reglas no están completamente definidas.
Por eso, el liderazgo no es una habilidad complementaria. Es la capacidad que permite que todo lo demás funcione.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y en su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI - RMP®, PMI - ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version.

In recent years, I have had the opportunity to work with project managers across different sectors in Ecuador—from growing family businesses to organizations that are just beginning to structure their first PMOs. And if there is one recurring pattern, it is not the lack of methodologies, tools, or even technical knowledge. It is something much deeper: the need for real leadership in project management.
The data confirms it. In the national analysis of project management, leadership skills are recognized as one of the most critical qualities of a project manager, with over 80% of professionals strongly agreeing. But beyond the statistic, what truly matters is what it represents: a collective awareness that managing projects in Ecuador is no longer just about coordinating tasks, but about influencing complex organizational systems.
We are, without a doubt, entering a second wave of project management in the country.
This wave is defined by three key elements: a growing business demand for tangible results, the progressive rise of PMOs as formal governance structures, and increasing pressure to integrate new capabilities such as artificial intelligence. Added to this is a transforming force in the market: the entry of young talent with new expectations, new ways of working, and less tolerance for rigid structures.
However, this growth is built on a foundation that still presents significant gaps. 65.5% of companies in Ecuador still lack a formal PMO; 44.8% lack personnel with specialized project management training; and projects continue to face structural challenges such as shifting priorities, limited resources, and deficiencies in requirements gathering.
In this context, leadership is no longer optional—it becomes essential.
In mature environments, processes correct deviations. In developing environments, it is people—particularly leaders—who compensate for system weaknesses.
A project manager does not only manage scope, time, and cost. They manage organizational uncertainty, power conflicts, decision-making ambiguity, and, in many cases, a lack of formal authority. In fact, the study shows that 37.9% of PMs operate with only a moderate level of authority over resources.
This completely redefines the role.
Success is no longer determined by how much you control, but by how much you influence.
Based on field experience and data analysis, effective leadership in Ecuador is not a theoretical concept—it is a practical model built on four critical capabilities:
  1. Influence without authority
  2. Project managers rarely have full control over teams or resources. Their real capability lies in aligning interests, building commitment, and mobilizing stakeholders without relying on formal hierarchy.
  3. Strategic conflict resolution
  4. Conflicts are not exceptions—they are part of the system. Shifting priorities, unclear objectives, and limited resources generate constant friction. Effective leaders do not avoid conflict; they manage it and turn it into decisions.
  5. Executive communication
  6. It is not about reporting progress, but about translating technical information into business decisions. This is where many projects fail: they communicate data, but do not drive action.
  7. Decision-making under uncertainty
  8. Today’s environment—marked by pressure for rapid results and the adoption of emerging technologies—demands incomplete yet timely decisions. Modern leadership does not wait for perfect information; it acts with judgment.
Leadership is not built through experience alone—it is trained. And in the current context, there are practical actions that can make an immediate difference:
  • Replace status meetings with decision meetings: every interaction must end with a clear action.
  • Map stakeholders based on real influence, not organizational charts.
  • Incorporate daily “micro-negotiations”: every resource allocation is a negotiation.
  • Translate every risk into a pending decision: without decisions, there is no risk management.
  • Structure communication at three levels: operational (team), tactical (stakeholders), and strategic (executives).
These practices do not require investment—they require judgment.
Today, a project manager who combines leadership, strategic vision, and adaptability can become a critical asset for any organization.
It is no coincidence that interest in artificial intelligence is growing in the country, with technologies such as machine learning, deep learning, and natural language processing considered relevant by more than 40% of professionals.
But here is an uncomfortable truth: technology does not replace leadership—it demands more of it.
In Ecuador—and likely in many similar markets—the problem is not the lack of tools. It is that we are still learning how to lead in environments where the rules are not fully defined.
That is why leadership is not a complementary skill. It is the capability that makes everything else work.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2, and its comparison with Volume 1. You can review both reports here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

About the Author
PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM®. Advisor, professor, and researcher in project management
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Posted on: April 12, 2026 01:45 PM | Permalink | Comments (0)

From talk to action: AI is talked about in project management… but is it actually being used? - Del discurso a la acción: Se habla de IA en la dirección de proyectos… pero ¿realmente la usa?.

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En 2024 Ecuador comenzó a medir, por primera vez, el estado real de la gestión de proyectos en el país. En 2025, con una muestra con más del doble de participantes, el análisis no solo actualiza cifras, sino que revela una tendencia clara: estamos viviendo una segunda ola de profesionalización. Sin embargo, como suele ocurrir en los procesos de maduración, el discurso avanza más rápido que la práctica. Uno de los hallazgos más reveladores del Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 es precisamente la brecha entre el alto interés por la inteligencia artificial y su uso real en los proyectos.

El informe evidencia que más del 80% de los profesionales considera muy relevante el uso de tecnologías como el machine learning y los servicios en la nube para la dirección de proyectos, y que el uso frecuente ha crecido respecto al año anterior. Sin embargo, ese crecimiento todavía no es proporcional al nivel de entusiasmo declarado. Ecuador reconoce la importancia de la IA, pero aún no la incorpora de manera sistemática en la planificación, la estimación y el control de proyectos. La IA está en la conversación estratégica, pero no en el día a día operativo.

Este fenómeno no puede analizarse de forma aislada. El mismo informe muestra que el 47,6% identifica los recursos limitados como la principal causa del fracaso en los proyectos y que el 73% de los profesionales no cuenta con certificaciones internacionales.

Cuando una organización opera bajo restricciones presupuestarias y con brechas de estandarización, la adopción tecnológica suele percibirse como un “lujo” y no como una inversión estratégica. Además, el 50% de las empresas aún no cuenta con una PMO formal, aunque el crecimiento respecto a 2024 es significativo. La infraestructura institucional todavía se está consolidando; la IA requiere, precisamente, procesos estructurados para generar valor.

Si contrastamos con el Volumen 1, en 2024 las tecnologías emergentes aparecían como tendencias importantes, pero con escasa aplicación práctica. Un año después, el interés se dispara, pero la adopción sigue siendo incipiente. Esto confirma que Ecuador se encuentra en una fase de transición: mayor conciencia digital, pero aún sin una transformación operativa profunda.

¿Por qué ocurre esta brecha? Existen al menos cuatro razones estructurales.

Primero, el mito del alto costo. Muchas empresas asocian la IA con grandes inversiones en infraestructura o con proyectos de data science complejos, cuando hoy existen soluciones accesibles basadas en servicios en la nube y en modelos preentrenados.

Segundo, la falta de casos locales visibles. Sin referentes claros en Ecuador, la adopción se percibe como un riesgo.

Tercero, la brecha de competencias: aunque el 61% de los profesionales tiene maestría, el 46% posee menos de cinco años de experiencia, lo que indica una generación joven con alto potencial, pero aún en proceso de maduración técnica.

Cuarto, la cultura organizacional: si la gestión aún lucha por institucionalizar recursos y autoridad, incorporar IA puede verse como una complejidad adicional.

Sin embargo, la pregunta correcta no es si Ecuador puede usar IA en proyectos, sino dónde ya es viable hacerlo. Existen aplicaciones inmediatas y de bajo riesgo. En la planificación, las herramientas de IA pueden analizar historiales de cronogramas para estimar tiempos más realistas y detectar patrones de retraso. En la gestión de riesgos, los modelos simples pueden clasificar incidentes y priorizar alertas tempranas. En el control de costos, los algoritmos predictivos permiten identificar desviaciones antes de que se conviertan en sobrecostos críticos. En gestión documental, los asistentes inteligentes reducen tiempos en la elaboración de actas y reportes, y en el seguimiento de compromisos. En portafolios, los dashboards con analítica avanzada apoyan la toma de decisiones de priorización basadas en datos y no solo en percepciones.

Lo interesante es que estas aplicaciones no requieren departamentos de ciencia de datos. Requieren liderazgo estratégico y la decisión de iniciar con pilotos controlados. La ruta de adopción puede ser progresiva: primero, la digitalización estructurada de datos; luego, la analítica descriptiva; después, la analítica predictiva básica; y, finalmente, la automatización inteligente. No se trata de “reemplazar” al director de proyectos, sino de potenciar su capacidad de decisión.

Aquí es donde la segunda ola se vuelve evidente. El crecimiento de los PMOs, del 34,5% al 50% en un año, demuestra que las organizaciones empiezan a institucionalizar la disciplina.

 El aumento de los roles intermedios y la entrada de talento joven indican una base profesional en expansión. La demanda empresarial de mejores resultados y mayor eficiencia genera una presión positiva para innovar. Esta segunda ola se caracteriza por cuatro elementos: una mayor estructura (PMO), una mayor conciencia tecnológica, un mayor talento joven y una mayor exigencia de resultados medibles.

Desde la perspectiva del Project Management Institute, la evolución de la disciplina apunta a la entrega de valor, la adaptabilidad y el uso estratégico de la tecnología como factor que habilita resultados. La IA no es un accesorio futurista; es una herramienta coherente con la evolución natural de la gestión moderna. Ignorarla podría significar perder competitividad en sectores como banca, telecomunicaciones, construcción y tecnología, donde los proyectos son cada vez más complejos y orientados a datos.

Para los directores de proyectos en Ecuador, el mensaje es claro: la oportunidad profesional emergente no está solo en dominar metodologías ágiles o predictivas, sino en integrar la analítica y la tecnología en la toma de decisiones. El diferencial competitivo del próximo quinquenio será la capacidad de convertir datos en decisiones oportunas. Para las empresas, la recomendación es comenzar con pilotos pequeños, medir el impacto en la eficiencia y escalarlos gradualmente. La IA debe incorporarse como parte del portafolio de mejora continua, no como un proyecto aislado.

Ecuador no está rezagado; está en transición. Hemos pasado de “no hablar de IA” a “reconocer su relevancia”. El siguiente paso es convertir ese reconocimiento en una práctica sistemática. Si la gestión de proyectos aspira a convertirse en un verdadero motor de competitividad nacional, la inteligencia artificial debe pasar del PowerPoint a la operación.

Porque el futuro del Ecuador no se construye solo con proyectos… se construye con proyectos gestionados con inteligencia.

English Version

In 2024, Ecuador began measuring, for the first time, the actual state of project management in the country. In 2025, with a sample more than twice as large, the analysis not only updates figures but also reveals a clear trend: we are experiencing a second wave of professionalization. However, as is often the case in maturation processes, discourse is advancing faster than practice. One of the most revealing findings of the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 is precisely the gap between the high level of interest in artificial intelligence and its actual use in projects.

The report shows that more than 80% of professionals consider technologies such as machine learning and cloud services for project management highly relevant, and that their use has increased compared to the previous year. However, this growth is not yet proportional to the level of declared enthusiasm. Ecuador recognizes the importance of AI, but has not yet systematically incorporated it into project planning, estimation, and control. AI is part of the strategic conversation, but not in day-to-day operations.

This phenomenon cannot be analyzed in isolation. The same report shows that 47.6% identify limited resources as the main cause of project failure and that 73% of professionals lack international certifications.

When an organization operates under budgetary constraints and with standardization gaps, technology adoption is often perceived as a “luxury” rather than a strategic investment. Furthermore, 50% of companies still do not have a formal PMO, although growth compared to 2024 is significant. Institutional infrastructure is still being consolidated; AI, precisely, requires structured processes to generate value.

Compared to Volume 1, in 2024, emerging technologies were important trends but showed little practical application. A year later, interest has skyrocketed, but adoption remains incipient. This confirms that Ecuador is in a transition phase: greater digital awareness, but still without a profound operational transformation.

Why does this gap exist? There are at least four structural reasons.

First, the myth of high cost. Many companies associate AI with large infrastructure investments or complex data science projects, when today there are accessible solutions based on cloud services and pre-trained models.

Second, the lack of visible local case studies. Without clear role models in Ecuador, adoption is perceived as a risk.

Third, the skills gap: although 61% of professionals have a master's degree, 46% have less than five years of experience, indicating a young generation with high potential, but still in the process of technical maturation.

Fourth, organizational culture: if management is still struggling to institutionalize resources and authority, incorporating AI can be seen as an additional complexity.

However, the real question isn't whether Ecuador can use AI in projects, but where it's already viable. There are immediate, low-risk applications. In planning, AI tools can analyze historical schedules to estimate more realistic timelines and detect delay patterns. In risk management, simple models can classify incidents and prioritize early warnings. In cost control, predictive algorithms identify deviations before they become critical cost overruns. In document management, intelligent assistants reduce the time spent preparing minutes and reports, and tracking commitments. In portfolio management, dashboards with advanced analytics support data-driven prioritization decisions, not just those based on perceptions.

The interesting thing is that these applications don't require data science departments. They require strategic leadership and the decision to start with controlled pilot projects. The adoption path can be progressive: first, structured data digitization; then, descriptive analytics; next, basic predictive analytics; and finally, intelligent automation. It's not about "replacing" the project manager, but about enhancing their decision-making capacity.

This is where the second wave becomes evident. The growth of PMOs, from 34.5% to 50% in one year, demonstrates that organizations are beginning to institutionalize the discipline.

The increase in middle management roles and the influx of young talent indicate an expanding professional base. Business demand for better results and greater efficiency generates positive pressure to innovate. This second wave is characterized by four elements: a larger structure (PMO), greater technological awareness, more young talent, and a greater demand for measurable results.

From the Project Management Institute's perspective, the evolution of the discipline points to value delivery, adaptability, and the strategic use of technology as a results-enabling factor. AI is not a futuristic accessory; it is a tool consistent with the natural evolution of modern management. Ignoring it could mean losing competitiveness in sectors like banking, telecommunications, construction, and technology, where projects are increasingly complex and data-driven.

For project managers in Ecuador, the message is clear: the emerging professional opportunity lies not only in mastering agile or predictive methodologies, but also in integrating analytics and technology into decision-making. The competitive advantage of the next five years will be the ability to transform data into timely decisions. For companies, the recommendation is to start with small pilot projects, measure their impact on efficiency, and scale them gradually. AI should be incorporated into the continuous improvement portfolio, not as an isolated project.

Ecuador is not lagging behind; it is in transition. We have gone from “not talking about AI” to “recognizing its relevance.” The next step is to turn that recognition into a systematic practice. If project management aspires to become a true engine of national competitiveness, artificial intelligence must move from PowerPoint to practical application.

Because Ecuador's future is not built solely on projects… it is built on projects managed intelligently.
Posted on: March 01, 2026 11:08 AM | Permalink | Comments (0)
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