Gestión de proyectos en el sector público - Project management in the public sector.
| En Ecuador, la gestión de proyectos en el sector público es, en muchos sentidos, el gran elefante en la sala del desarrollo nacional: está presente en cada discusión sobre progreso, infraestructura, inversión social y modernización del Estado, pero rara vez se aborda con la franqueza y profundidad que amerita. El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador, con base en datos reales de directores y gerentes de proyectos de todo el país, pone en blanco y negro lo que muchos sospechaban: la cultura de dirección de proyectos, particularmente en el sector público, se encuentra en una etapa de madurez baja, carece de un marco consolidado y, en demasiados casos, está más expuesta a la improvisación que a la planificación estratégica. La radiografía que presenta el informe no es complaciente. A pesar de que el 70,7% de los directores de proyectos en el país tienen estudios de cuarto nivel y más del 65% cuenta con más de seis años de experiencia, solo el 32,8% posee certificaciones internacionales como la PMP®, estándar reconocido por el Project Management Institute (PMI) como prueba de competencia global. La falta de certificación no solo limita la adopción de metodologías y herramientas probadas, sino que, en el caso del sector público, se traduce en mayores probabilidades de repetir errores estructurales en la ejecución de proyectos. El panorama se agrava con un dato que debería generar debate: el 65,5% de las empresas y entidades encuestadas no cuenta con una Oficina de Dirección de Proyectos (PMO), una instancia clave para estandarizar procesos, medir el rendimiento y garantizar la alineación de los proyectos con los objetivos institucionales. En el caso de las instituciones públicas, la ausencia de una PMO con autoridad técnica significa que la continuidad y calidad de los proyectos dependen excesivamente de voluntades políticas o de decisiones administrativas coyunturales, más que de criterios técnicos y de impacto. La consecuencia de estas debilidades se refleja en las causas de fracaso más frecuentes identificadas por el informe: cambios constantes de prioridades (17,2%), recursos limitados (17,2%), recopilación de requisitos inadecuada (12,1%), falta de identificación temprana de riesgos (10,3%) y cambios de objetivos en plena ejecución (8,6%). En proyectos de infraestructura, salud o educación, estos problemas se traducen en obras inconclusas, sobrecostos y pérdida de confianza ciudadana. A pesar de que las metodologías ágiles y los enfoques híbridos son ampliamente reconocidos como herramientas para manejar entornos inciertos, en el Ecuador su uso aún es limitado. El estudio revela que predomina el enfoque predictivo —tradicionalmente más rígido— y que prácticas como Scrum, Kanban, DevOps o Design Thinking ocupan los últimos lugares en frecuencia de uso. Esto no es menor: un sector público que no adapta su gestión a un mundo cambiante se condena a trabajar con procesos más lentos y menos responsivos ante imprevistos. El informe también alerta sobre un aspecto estratégico: la subutilización de la tecnología. Aunque los encuestados reconocen la importancia de la inteligencia artificial, el machine learning y el blockchain para optimizar la asignación de recursos, mejorar el análisis de riesgos y automatizar tareas, su integración en la gestión pública es escasa. Esta brecha tecnológica limita la capacidad de anticiparse a problemas y tomar decisiones basadas en datos. Frente a este diagnóstico, las propuestas para el sector público deben ir más allá de reformas aisladas. Se requiere:
Para quienes aspiran a convertirse en directores de proyectos en el Ecuador, las recomendaciones son claras: invertir en educación especializada, obtener certificaciones como PMP®, PMI-ACP®, desarrollar habilidades de liderazgo y negociación, dominar las herramientas digitales y, sobre todo, comprender el marco normativo del sector público. La gestión de proyectos no es solo un conjunto de técnicas; es la capacidad de alinear visiones políticas, recursos limitados y expectativas ciudadanas hacia resultados medibles y sostenibles. El “elefante en la sala” de la gestión pública no desaparecerá por sí solo. Se necesita voluntad política para impulsar estándares globales, compromiso de los directores de proyectos para elevar su nivel profesional y una sociedad que exija transparencia y resultados. Un Estado que gestiona bien sus proyectos no solo entrega obras en tiempo y presupuesto: construye confianza, impulsa competitividad y crea las condiciones para un desarrollo nacional sostenible. Para entender en profundidad esta realidad y explorar con datos precisos dónde estamos y hacia dónde podemos llegar, el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador es una lectura imprescindible. Es más que un diagnóstico: es un llamado a la acción para transformar la manera en que concebimos, planificamos y ejecutamos los proyectos que moldean el futuro del país. English VersionIn Ecuador, project management in the public sector is, in many ways, the big elephant in the room of national development: it's present in every discussion about progress, infrastructure, social investment, and state modernization, but it's rarely addressed with the frankness and depth it deserves. The Analysis of Project Management in Ecuador, based on real data from project directors and managers across the country, puts into sharp focus what many suspected: the project management culture, particularly in the public sector, is at a low stage of maturity, lacks a consolidated framework, and, in too many cases, is more prone to improvisation than to strategic planning. The report's snapshot is not flattering. Although 70.7% of project directors in the country have a post-secondary education and more than 65% have more than six years of experience, only 32.8% hold international certifications such as the PMP®, a standard recognized by the Project Management Institute (PMI) as proof of global competency. The lack of certification not only limits the adoption of proven methodologies and tools but, in the case of the public sector, also translates into a greater likelihood of repeating structural errors in project execution. The situation is further aggravated by the fact that 65.5% of the companies and entities surveyed do not have a Project Management Office (PMO), a key entity for standardizing processes, measuring performance, and ensuring project alignment with institutional objectives. In the case of public institutions, the absence of a PMO with technical authority means that project continuity and quality depend excessively on political will or temporary administrative decisions, rather than on technical and impact criteria. The consequences of these weaknesses are reflected in the most frequent causes of failure identified by the report: constant changes in priorities (17.2%), limited resources (17.2%), inadequate requirements gathering (12.1%), lack of early risk identification (10.3%), and changes in objectives during execution (8.6%). In infrastructure, healthcare, and education projects, these problems translate into unfinished projects, cost overruns, and loss of public trust. Although agile methodologies and hybrid approaches are widely recognized as tools for managing uncertain environments, their use is still limited in Ecuador. The study reveals that the predictive approach—traditionally more rigid—predominates, and practices such as Scrum, Kanban, DevOps, and Design Thinking occupy the lowest places in frequency of use. This is not insignificant: a public sector that does not adapt its management to a changing world condemns itself to working with slower processes that are less responsive to unforeseen events. The report also highlights a strategic aspect: the underutilization of technology. Although respondents recognize the importance of artificial intelligence, machine learning, and blockchain for optimizing resource allocation, improving risk analysis, and automating tasks, their integration into public management is limited. This technological gap limits the ability to anticipate problems and make data-driven decisions. Faced with this diagnosis, proposals for the public sector must go beyond isolated reforms. The following are required: 1. Establish robust PMOs in all state agencies, with standardized processes and technical authority to oversee and guide projects. For those aspiring to become project managers in Ecuador, the recommendations are clear: invest in specialized education, obtain certifications such as PMP® and PMI-ACP®, develop leadership and negotiation skills, master digital tools, and, above all, understand the public sector's regulatory framework. Project management is not just a set of techniques; it is the ability to align political visions, limited resources, and citizen expectations toward measurable and sustainable results. The "elephant in the room" of public management will not disappear on its own. It requires political will to promote global standards, commitment from project managers to elevate their professional level, and a society that demands transparency and results. A State that manages its projects well not only delivers works on time and within budget; it builds trust, boosts competitiveness, and creates the conditions for sustainable national development. To fully understand this reality and explore with accurate data where we are and where we can go, the Analysis of Project Management in Ecuador is essential reading. It's more than a diagnosis: it's a call to action to transform the way we conceive, plan, and execute the projects that shape the country's future. |
La IA ya está aquí: ¿cómo pueden los project managers usarla antes de quedar obsoletos?. - AI is here: How can project managers use it before it becomes obsolete?
| La inteligencia artificial (IA) no es una moda ni un “nice to have”: es el nuevo lenguaje operativo de los negocios y, por tanto, de los proyectos. Mientras muchos directores de proyecto aún discuten si su organización debería “probar algo de IA”, otras compañías ya automatizan la PMO, predicen riesgos con modelos de machine learning, redactan informes ejecutivos en minutos con modelos de lenguaje y optimizan la asignación de recursos en tiempo (casi) real. En Ecuador, los datos del Análisis de la Gestión de Proyectos muestran que el ecosistema todavía está madurando: 65,5% de las empresas no cuentan con un departamento específico para la gestión de proyectos (PMO), 44,8% declara no tener personal con formación especializada en dirección de proyectos y sólo el 32,8% de los profesionales encuestados posee certificaciones internacionales; aun así, la IA ya figura como importante para muchos, destacando tecnologías como deep learning, machine learning, NLP y blockchain. Desde la perspectiva del Project Management Institute (PMI), el rol del director de proyectos se ha ido moviendo desde el “gestor de entregables” hacia un integrador de valor, estratega adaptable y líder impulsado por datos. La IA acelera ese giro: transfiere al algoritmo las tareas transaccionales (reportería, estimaciones, procesamiento de cambios, consolidación de lecciones aprendidas) y libera tiempo humano para lo que PMI llama consistentemente power skills: liderazgo, influencia, pensamiento sistémico, ética y juicio. Si el project manager no abraza esa reasignación, quedará atrapado defendiendo tareas que la máquina hará más rápido, más barato y —tarde o temprano— mejor. El informe revela una fuerte preferencia por enfoques predictivos y mediciones clásicas del desempeño (primer y segundo lugar del ranking de prácticas), con baja adopción de marcos ágiles escalados, Kanban y DevOps. Eso abre una ventana clara: la IA puede ser el puente práctico hacia verdaderos enfoques híbridos, porque permite simular escenarios (predictivo) y, al mismo tiempo, aprender de iteraciones rápidas (ágil). Por ejemplo:
No es casual que, en el informe, tecnologías como machine learning (41,4% la considera importante), deep learning (46,6%), NLP (44,8%) y blockchain (43,1%) ya sean vistas como relevantes: el terreno está abonado para dar el salto, pero falta método, gobierno de datos y, sobre todo, patrones de uso repetibles que hagan que la IA deje de ser un experimento aislado y pase a formar parte del sistema operativo de la organización. Casos de uso reales y herramientas emergentes que ya podemos integrar
Algunas de las actividades concretas que podemos analizar para implementar la IA en los proyectos son:
El director de proyectos del futuro cercano no se define por las herramientas que domina, sino por su capacidad de traducir problemas complejos en flujos de datos, algoritmos y decisiones humanas informadas. No es reemplazado por la IA; es reemplazado por quien sepa trabajar con ella. La obsolescencia no vendrá porque “una máquina haga su trabajo”, sino porque otro profesional que entregará más valor, más rápido y con menos fricción. Ecuador tiene una oportunidad única: partir de una base que reconoce la importancia de la IA, pero que aún no la integra sistemáticamente, permite saltar etapas si se articula una agenda país-empresa-profesional coherente: PMOs digitales, programas de certificación que incluyan IA aplicada, repositorios nacionales de lecciones aprendidas anonimizadas, y comunidades que compartan playbooks y modelos reutilizables. Este ensayo es apenas una puerta de entrada. La invitación es a leer completo el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador, Volumen 1, entender dónde estamos realmente y decidir, con evidencia local, por dónde empezar a incorporar IA en la práctica diaria. Disponible a través de Grupo González – Línea ESPRO en el link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net El reloj ya corre: la IA está aquí. El reto es que todos los project managers también lo estemos. English VersionArtificial intelligence (AI) is neither a fad nor a "nice-to-have ": it is the new operational language of business, and therefore, of projects. While many project managers are still debating whether their organization should "try some AI," other companies are already automating the PMO, predicting risks with machine learning models, writing executive reports in minutes with language models, and optimizing resource allocation in (almost) real time. In Ecuador, data from the Project Management Analysis indicate that the ecosystem is still maturing: 65.5% of companies do not have a dedicated project management department (PMO), 44.8% report not having staff with specialized training in project management, and only 32.8% of the professionals surveyed hold international project management certifications. Even so, AI is already considered important to many, with technologies such as deep learning, machine learning, NLP, and blockchain being highlighted. From the Project Management Institute (PMI) perspective, the role of the project manager has been shifting from "deliverables manager" to that of a value integrator, adaptable strategist, and data-driven leader. AI accelerates this shift: it transfers transactional tasks (reporting, estimating, change processing, and consolidating lessons learned) to the algorithm, freeing up human time for what PMI consistently calls power skills: leadership, influence, systems thinking, ethics, and judgment. If the project manager doesn't embrace this reallocation, they'll be stuck defending tasks that the machine will do faster, cheaper, and—sooner or later—better. The report reveals a strong preference for predictive approaches and classic performance measurements (first and second in the ranking of practices), with low adoption of scaled agile frameworks, Kanban, and DevOps. This opens a clear window: AI can be the practical bridge to true hybrid approaches, because it allows for simulating scenarios (predictive) and, at the same time, learning from rapid iterations (agile). For example:
It's no coincidence that, in the report, technologies such as machine learning (41.4% consider it important), deep learning (46.6%), NLP (44.8%), and blockchain (43.1%) are already seen as relevant: the ground is ripe for making the leap, but what's lacking is a method, data governance, and, above all, repeatable usage patterns that will transform AI from an isolated experiment to an integral part of the organization's operating system.
Some of the specific activities we can analyze to implement AI in projects are:
The project manager of the near future is not defined by the tools they master, but by their ability to translate complex problems into data flows, algorithms, and informed human decisions. AI does not replace them; they are replaced by those who know how to work with it. Obsolescence will not come about because "a machine does its job," but because another professional will deliver more value, faster, and with less friction. Ecuador has a unique opportunity: starting from a foundation that recognizes the importance of AI, but has not yet systematically integrated it, allows for leaps forward if a coherent country-company-professional agenda is articulated: digital PMOs, certification programs that include applied AI, national repositories of anonymized lessons learned, and communities that share playbooks and reusable models. This essay is merely a starting point. The invitation is to read the entire Analysis of Project Management in Ecuador, Volume 1, to understand where we really are and decide, based on local evidence, where to start incorporating AI into daily practice. Available through Grupo González – Línea ESPRO at the link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net The clock is ticking: AI is here. The challenge is for all project managers to be here too. |
La invisibilidad del director de proyectos en la toma de decisiones: ¿por qué aún no lideramos los presupuestos? - The invisibility of the project manager in decision-making: Why aren't we still leading budgets?
| En la teoría, el director de proyectos es quien lidera, guía y toma decisiones estratégicas para lograr que un proyecto avance con éxito desde su inicio hasta su cierre. Pero en la práctica ecuatoriana, y quizás de algunos países, esta figura sigue atrapada en una paradoja organizacional: se espera que entregue resultados sobresalientes, sin que se le otorgue el poder y autoridad necesaria para alcanzarlos. Una de las manifestaciones más evidentes de esta contradicción se observa en la gestión presupuestaria. Según el reciente Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador (González y Jaramillo, 2024), apenas el 32,8% de los directores de proyectos gestionan directamente los presupuestos de sus iniciativas. En contraste, el 41,4% de los presupuestos están bajo la responsabilidad de gerentes funcionales, y otro 17,2% recae en líderes funcionales o administrativos. Es decir, en más de la mitad de los casos, quien lidera el proyecto no tiene el control financiero del mismo. Esto genera una situación insostenible, en la que los directores deben rendir cuentas por resultados que dependen de decisiones tomadas por otros actores. Esta falta de empoderamiento no es un simple error técnico; es un síntoma de una cultura organizacional que todavía no reconoce al director de proyectos como un líder estratégico, sino como un rol solo operacional de coordinación de reuniones. En muchas empresas ecuatorianas, el rol del director de proyectos es visto como operativo, limitado a gestionar cronogramas y coordinar tareas, mientras que las decisiones clave, como la aprobación de gastos, la asignación de recursos o la reprogramación presupuestaria, permanecen en manos de otros. Las consecuencias de esta desconexión son profundas. Sin control sobre el presupuesto, el director de proyectos no puede tomar decisiones oportunas ante riesgos emergentes ni ajustar recursos de forma proactiva. La planificación pierde precisión, la ejecución se ralentiza y los costos tienden a desviarse. Además, esta situación mina la motivación del líder de proyecto, quien muchas veces se convierte en un mero intermediario entre los intereses del área funcional y las necesidades del equipo de trabajo. El impacto de esta falta de autoridad presupuestaria también se refleja en los resultados. El informe revela que las causas más frecuentes de fracaso en los proyectos ecuatorianos son el cambio constante de prioridades organizacionales (17,2%), los recursos limitados (17,2%) y la recolección inadecuada de requisitos (12,1%). Todas estas causas tienen un denominador común: una gobernanza débil, donde las decisiones críticas no están alineadas con el liderazgo del proyecto. La falta de una figura que tenga tanto la responsabilidad como la autoridad para guiar el proyecto termina comprometiendo su éxito. Para comprender por qué esta situación persiste, debemos mirar más allá de las cifras y explorar el entorno estructural que la permite. Primero, la cultura de gestión en muchas organizaciones ecuatorianas sigue estando anclada en modelos funcionales tradicionales. En estos esquemas, el poder está concentrado en las líneas jerárquicas verticales y no se distribuye de forma transversal a los líderes de proyecto. Segundo, existe una visión limitada del rol del director de proyectos, a quien se le sigue viendo como un ejecutor técnico y no como un estratega capaz de generar valor. Tercero, aún se percibe cierta desconfianza institucional hacia estos profesionales, alimentada por el bajo porcentaje de certificaciones internacionales: apenas el 32,8% de los encuestados posee alguna, siendo la PMP®. Esta carencia puede influir en la reticencia de las organizaciones a delegar el control de recursos significativos. No obstante, esta realidad puede y debe cambiar. Para lograrlo, es imprescindible que las empresas ecuatorianas adopten un nuevo modelo de gobernanza de proyectos. Este modelo debe reconocer formalmente al director de proyectos como un líder con poder de decisión presupuestaria. No se trata simplemente de modificar una estructura organizacional, sino de transformar la mentalidad con la que se aborda la gestión de proyectos. Una solución clave es fortalecer las Oficinas de Gestión de Proyectos (PMO), ya que estas estructuras permiten establecer políticas claras sobre roles, responsabilidades, niveles de autoridad y rendición de cuentas. Una PMO madura no solo respalda al director de proyecto, sino que actúa como puente entre la alta dirección y los equipos operativos, asegurando una alineación constante entre los objetivos estratégicos y la ejecución táctica. Asimismo, es fundamental invertir en el desarrollo profesional de los directores de proyecto. Obtener certificaciones internacionales como PMP®, PMI-ACP® o CAPM®, no debe verse como un lujo, sino como una inversión estratégica en la credibilidad del liderazgo técnico. Más allá de la certificación, los directores de proyectos deben fortalecer sus habilidades en gestión financiera, negociación, comunicación efectiva y liderazgo organizacional. Dominar el lenguaje del presupuesto es también dominar el lenguaje del poder. Para quienes aspiran a convertirse en directores de proyectos, el mensaje es claro: no basta con conocer metodologías o dominar herramientas digitales. Hoy, más que nunca, es indispensable construir una identidad profesional sólida, capaz de generar confianza, inspirar a los equipos y negociar con decisión frente a las altas esferas organizacionales. Formarse, certificarse, participar en comunidades como el PMI y asumir roles de voluntariado profesional son pasos fundamentales para dejar atrás la invisibilidad y convertirse en protagonistas del cambio. En definitiva, el camino hacia una gestión de proyectos moderna, efectiva y alineada con las mejores prácticas internacionales no se construye con buenas intenciones, sino con decisiones estructurales. Empoderar al director de proyectos para que lidere también el presupuesto es más que una necesidad: es un paso ineludible hacia la eficiencia, la transparencia y el verdadero liderazgo de proyectos en Ecuador. Te invito a leer el informe completo "Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador" para descubrir en profundidad los hallazgos, cifras, gráficos y estrategias que marcarán el futuro de esta disciplina en el país. Disponible a través de Grupo González – Línea ESPRO en el link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net
English Version In theory, the project manager is the person who leads, guides, and makes strategic decisions to ensure a project's successful progress from inception to completion. But in Ecuadorian practice, and perhaps in some other countries, this figure remains trapped in an organizational paradox: they are expected to deliver outstanding results without being granted the power and authority necessary to achieve them. One of the most evident manifestations of this contradiction is observed in budget management. According to the recent Analysis of Project Management in Ecuador (González and Jaramillo, 2024), only 32.8% of project managers directly manage the budgets of their initiatives. In contrast, 41.4% of budgets are under the responsibility of functional managers, and an additional 17.2% fall under the purview of functional or administrative leaders. In other words, in more than half of the cases, the project leader does not have financial control over the project. This creates an unsustainable situation in which project managers are held accountable for results that depend on decisions made by other stakeholders. This lack of empowerment is not a simple technical error; it is a symptom of an organizational culture that still fails to recognize the project manager as a strategic leader, but rather as a purely operational role, focusing on coordinating meetings. In many Ecuadorian companies, the project manager's role is often viewed as operational, with a focus on managing schedules and coordinating tasks. At the same time, key decisions, such as expense approval, resource allocation, or budget rescheduling, remain in the hands of others. The consequences of this disconnect are profound. Without control over the budget, the project manager cannot make timely decisions regarding emerging risks or proactively adjust resources to address them. Planning loses precision, execution slows down, and costs tend to slip. Furthermore, this situation undermines the project leader's motivation, who often becomes a mere intermediary between the interests of the functional area and the needs of the work team. The impact of this lack of budgetary authority is also reflected in the results. The report reveals that the most frequent causes of failure in Ecuadorian projects are the constant change of organizational priorities (17.2%), limited resources (17.2%), and inadequate requirements gathering (12.1%). All of these causes have a common denominator: weak governance, where critical decisions are not aligned with project leadership. The lack of a figure with both the responsibility and authority to guide the project ultimately compromises its success. To understand why this situation persists, we must look beyond the numbers and explore the structural environment that enables it. First, the management culture in many Ecuadorian organizations remains anchored in traditional functional models. In these structures, power is concentrated in vertical reporting lines rather than being distributed across project leaders. Second, there is a limited view of the project manager's role, who continues to be viewed as a technical executor rather than a strategist capable of generating value. Third, there remains a certain institutional distrust toward these professionals, fueled by the low percentage of international certifications: only 32.8% of respondents hold one, with the PMP being the only recognized certification. This lack may influence organizations' reluctance to delegate control of significant resources. However, this reality can and must change. To achieve this, Ecuadorian companies must adopt a new project governance model. This model must formally recognize the project manager as a leader with budgetary decision-making power. This is not simply a matter of modifying an organizational structure, but rather a transformation of the mindset with which project management is approached. A key solution is to strengthen Project Management Offices (PMOs), as these structures enable the establishment of clear policies regarding roles, responsibilities, levels of authority, and accountability. A mature PMO not only supports the project manager but also serves as a bridge between senior management and operational teams, ensuring constant alignment between strategic objectives and tactical execution. Likewise, it is essential to invest in the professional development of project managers. Obtaining international certifications such as PMP®, PMI-ACP®, or CAPM® should not be seen as a luxury, but as a strategic investment in the credibility of technical leadership. Beyond certification, project managers must strengthen their skills in financial management, negotiation, effective communication, and organizational leadership. Mastering the language of the budget also means learning the language of power. For those aspiring to become project managers, the message is clear: knowing methodologies or mastering digital tools is not enough. Today, more than ever, it is essential to build a strong professional identity that can generate trust, inspire teams, and negotiate decisively at the highest levels of the organization. Training, certification, participating in communities like the PMI, and taking on professional volunteer roles are fundamental steps to leaving invisibility behind and becoming protagonists of change. Ultimately, the path to modern, effective project management aligned with international best practices is not built on good intentions alone, but on structural decisions. Empowering project managers to also lead the budget is more than a necessity; it is an unavoidable step toward efficiency, transparency, and true project leadership in Ecuador. I invite you to read the full report "Analysis of Project Management in Ecuador" to discover in-depth findings, figures, graphs, and strategies that will shape the future of this discipline in the country. Available through Grupo González – Línea ESPRO at the link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net |
Ser Director de Proyectos en Ecuador: Más Allá del Cronograma y el Presupuesto - Being a Project Manager in Ecuador: Beyond Schedule and Budget
| La dirección de proyectos es una de las profesiones más apasionantes, exigentes y estratégicas de nuestro tiempo. No se trata solo de coordinar tareas, hacer cronogramas o entregar informes. Ser director de proyectos es liderar cambios, tomar decisiones bajo presión, inspirar equipos diversos y convertir ideas en realidades concretas. Pero… ¿qué se necesita realmente para ser un buen director de proyectos en Ecuador? ¿Y qué tan alineado está nuestro entorno local con los estándares internacionales?. El reciente informe Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador (González & Jaramillo, 2024) desarrollado por Grupo González y First Vision Consulting, revela una serie de realidades que contrastan con estos estándares internacionales. El PMI® (Project Management Institute) y su Talent Triangle™, define que todo Project Manager debe fortalecer tres grandes áreas de competencia:
Además, el PMI® insiste en que un buen director de proyectos debe actualizarse constantemente, manejar marcos metodológicos tanto predictivos como ágiles, y, cada vez más, saber usar herramientas tecnológicas avanzadas como IA, big data o software especializado (PPM). El informe nacional presenta una radiografía basada en directores de proyectos ecuatorianos de diferentes sectores. Algunos de los hallazgos más llamativos: Lo positivo:
Lo preocupante:
Más allá del título, el sueldo o la industria, un director de proyectos que realmente genera impacto en Ecuador necesita combinar formación sólida, experiencia práctica, visión estratégica y mucha humanidad. Mientras el PMI® promueve el empoderamiento del director de proyectos como líder estratégico, en Ecuador este rol aún enfrenta restricciones:
Estos elementos evidencian que la gestión de proyectos en Ecuador aún se encuentra en una fase de madurez intermedia, con importantes áreas de mejora en cultura organizacional, educación continua y estructura institucional. Si estás comenzando tu camino o ya tienes experiencia y quieres evolucionar, estas recomendaciones son para ti:
La gestión de proyectos en Ecuador está en proceso de transformación, ser director de proyectos en Ecuador hoy es más que un trabajo técnico. Es una oportunidad para transformar realidades, para construir mejores organizaciones y para elevar los estándares del país hacia niveles internacionales. Te invitamos a leer el informe completo "Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador" para descubrir en profundidad los hallazgos, cifras, gráficos y estrategias que marcarán el futuro de esta disciplina en el país. Disponible a través de Grupo González – Línea ESPRO en el link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net English VersionProject management is one of the most exciting, demanding, and strategic professions of our time. It's not just about coordinating tasks, creating schedules, or delivering reports; it's about ensuring that everything is done efficiently and effectively. Being a project manager means leading changes, making decisions under pressure, inspiring diverse teams, and turning ideas into concrete realities.
We invite you to read the full report "Analysis of Project Management in Ecuador" to discover in-depth findings, figures, graphs, and strategies that will shape the future of this discipline in the country. Available through Grupo González – Línea ESPRO at the link: https://escueladeproyectos.dipromacom.net |
¿Cómo se organizan los proyectos en Ecuador? Radiografía de la estructura y la autoridad del director de proyectos. - How are projects organized in Ecuador? An overview of the project manager's structure and authority.
| En Ecuador, la dirección de proyectos ha dejado de ser una disciplina emergente para posicionarse como una práctica estratégica clave para las organizaciones modernas. No obstante, a pesar del crecimiento en el interés profesional, uno de los aspectos menos desarrollados, pero más críticos, es la estructura organizacional de los proyectos y el nivel de autoridad que realmente se le otorga al director o directora de proyectos. A través del informe "Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 1" (2024), desarrollado por Grupo González – Línea ESPRO, con el apoyo de profesionales de distintas provincias e industrias, hoy podemos acceder a información clara y basada en evidencia sobre cómo están estructuradas las organizaciones para gestionar proyectos, qué nivel de poder tienen sus líderes y cómo esto influye en la eficiencia y éxito de sus iniciativas. Según el informe, el 65,5% de las empresas no tiene una oficina o área específica para la gestión de proyectos (como una PMO). Esta cifra sugiere que la mayoría de las organizaciones aún operan bajo estructuras funcionales o matrices débiles, en las que el director de proyecto tiene un rol más coordinador que decisor. Esta estructura se caracteriza por una baja autonomía del director del proyecto, dependiente de los líderes funcionales para la toma de decisiones, especialmente en lo relacionado con la asignación de recursos y control presupuestario. El análisis revela que:
Esto no solo limita la capacidad de tomar decisiones ágiles, sino que genera cuellos de botella, conflictos funcionales y posibles retrasos cuando el gerente del área prioriza otras actividades sobre las del proyecto. Además, en cuanto al manejo presupuestario, el 41,4% de los proyectos está bajo control de gerentes funcionales, mientras que solo el 32,8% está en manos de los directores de proyecto. Esto significa que la mayoría de los líderes de proyecto en Ecuador no tienen autonomía sobre el presupuesto, dificultando la planificación y ejecución eficiente. Una estructura organizacional saludable debe asegurar recursos comprometidos y dedicados. Sin embargo, el estudio muestra que el 65,5% de los proyectos operan con asignaciones de recursos parciales, mientras que solo el 31% cuenta con equipos dedicados a tiempo completo. Este modelo fragmentado impide desarrollar equipos cohesionados y limita el sentido de pertenencia hacia los objetivos del proyecto. A pesar de los desafíos estructurales, el talento humano en Ecuador muestra un perfil profesional robusto:
Estos datos son alentadores. Indican que existe una base profesional sólida con capacidad para liderar transformaciones organizacionales si se les otorgan las condiciones adecuadas. En un mundo en el que la innovación, la agilidad y la orientación a resultados definen el éxito, las organizaciones ecuatorianas deben avanzar hacia modelos estructurales más flexibles y enfocados en proyectos, tales como:
La madurez estructural no solo implica cambiar organigramas, sino también transformar la cultura interna, asignar autoridad real, definir procesos claros y profesionalizar al equipo. Una estructura organizativa deficiente no solo limita la eficiencia del proyecto, sino que impacta directamente en los resultados del negocio y el desarrollo del país. En sectores como infraestructura, tecnología, educación o energía, una dirección de proyectos débil puede traducirse en sobrecostos, retrasos, mala calidad y pérdida de oportunidades. Adoptar buenas prácticas en estructuración organizacional genera beneficios como:
El camino hacia una gestión de proyectos efectiva en Ecuador no solo pasa por capacitar profesionales, sino por transformar la estructura organizacional que los rodea. Invitamos a todos los gerentes, ejecutivos, consultores, académicos y profesionales de la gestión de proyectos a leer el informe completo "Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 1", una herramienta valiosa para diagnosticar, comparar y rediseñar la forma en que se gestionan los proyectos en el país. Disponible a través de Grupo González – Línea ESPRO en el link: https://www.researchgate.net/publication/385885147_Analisis_de_la_Gestion_de_Proyectos_en_Ecuador Porque mejorar los resultados de los proyectos comienza por rediseñar la forma en que las organizaciones piensan y estructuran el poder de sus líderes de proyecto.
English VersionIn Ecuador, project management has evolved from an emerging discipline to a key strategic practice for modern organizations. However, despite the growth in professional interest, one of the least developed, but most critical, aspects is the organizational structure of projects and the level of authority granted to the project manager. Through the report "Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 1" (2024), developed by Grupo González – Línea ESPRO, with the support of professionals from different provinces and industries, we can now access clear, evidence-based information on how organizations are structured to manage projects, the level of power their leaders have, and how this influences the efficiency and success of their initiatives. According to the report, 65.5% of companies do not have a dedicated office or area for project management, such as a Project Management Office (PMO). This figure suggests that most organizations still operate under weak functional or matrix structures, in which the project manager plays a more coordinating than decision-making role. This structure is characterized by low autonomy for project managers, who rely on functional leaders for decision-making, especially regarding resource allocation and budget control. The analysis reveals that: • Only 29.3% of managers have a high level of authority. This not only limits the ability to make agile decisions but also creates bottlenecks, functional conflicts, and potential delays when the project manager prioritizes other activities over those of the project. Furthermore, regarding budget management, 41.4% of projects are under the control of functional managers, while only 32.8% are in the hands of project managers. This means that the majority of project leaders in Ecuador lack autonomy over the budget, hindering efficient planning and execution. A healthy organizational structure must ensure that it has committed and dedicated resources. However, the study shows that 65.5% of projects operate with partial resource allocations, while only 31% have dedicated full-time teams. This fragmented model prevents the development of cohesive teams and limits the sense of ownership of project objectives. Despite structural challenges, Ecuador's human talent demonstrates a robust professional profile: These data are encouraging. They indicate a solid professional foundation capable of leading organizational transformations, provided the right conditions are in place. In a world where innovation, agility, and results-oriented define success, Ecuadorian organizations must move toward more flexible and project-focused structural models, such as: Structural maturity not only involves changing organizational charts but also transforming the internal culture, assigning absolute authority, defining transparent processes, and professionalizing the team. A poor organizational structure not only limits project efficiency but also directly impacts business results and the country's development. In sectors such as infrastructure, technology, education, and energy, weak project management can result in cost overruns, delays, poor quality, and missed opportunities. Adopting good practices in organizational structuring generates benefits such as: The path to effective project management in Ecuador involves not only training professionals but also transforming the organizational structure that surrounds them. Available through Grupo González – Línea ESPRO at the link: Improving project results begins with redesigning the way organizations think and structure the power of their project leaders. |





