Project Management

José González, Ecuador

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Mi blog es un espacio donde podremos compartir información de Dirección de Proyectos en Español, buscando como unificar criterios y desarrollar habilidades para la Dirección de Proyectos, personalizado al público habla hispana. My blog is a space where we can share Project Management information in Spanish, looking for how to unify criteria and develop skills for Project Management, personalized to the Spanish speaking public.

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El nuevo perfil académico del PM ecuatoriano: baja el peso del cuarto nivel y crece el tercer nivel - The new academic profile of the Ecuadorian PM: the weight of the fourth level decreases and the third level increases

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Hace algunos años, cuando una empresa ecuatoriana buscaba un director de proyectos, era frecuente que la conversación comenzara por los años de experiencia, el título de maestría y las certificaciones profesionales. Hoy, esa fotografía comienza a cambiar. Una nueva generación de profesionales está ingresando al ecosistema de la dirección de proyectos con formación universitaria, competencias digitales y expectativas de crecimiento, mientras las organizaciones enfrentan el desafío de desarrollar capacidades sin depender exclusivamente de los posgrados. La pregunta es inevitable: ¿estamos democratizando el acceso a la dirección de proyectos o estamos construyendo una profesión que crece más rápido que su capacidad de especialización?

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador, en sus volúmenes 1 y 2, aporta evidencia para comprender esta transición. En 2024, el 70,7% de los profesionales encuestados contaba con formación de cuarto nivel, mientras que el 29,3% tenía estudios de tercer nivel. En 2025, con una muestra ampliada, el 61,1% reporta maestría, el 38,1% formación de tercer nivel y el 0,8% doctorado. Al agrupar maestría y doctorado, la participación del cuarto nivel alcanza el 61,9%, lo que representa una disminución de 8,8 puntos porcentuales respecto de 2024.

Este resultado adquiere mayor relevancia cuando se analiza junto con la experiencia. En 2024, el 65,5% tenía más de cinco años de trayectoria; en 2025, el 46% reporta hasta cinco años de experiencia. Paralelamente, los coordinadores de proyectos pasan del 15,5% al 35,7% de la muestra. Aunque las diferencias entre las muestras impiden concluir que se trate de una transformación uniforme del mercado nacional, los resultados son compatibles con una mayor incorporación de profesionales en etapas tempranas de desarrollo y con una diversificación de las funciones de gestión.

Las organizaciones comienzan a construir equipos con responsabilidades diferenciadas, coordinadores, líderes técnicos, directores y estructuras de gobernanza. Esto se refleja también en la evolución de las oficinas o departamentos de gestión de proyectos, cuya presencia en las organizaciones encuestadas pasa del 34,5% en 2024 al 50% en 2025. Sin embargo, el crecimiento organizacional no garantiza automáticamente una mayor madurez profesional.

La principal contradicción surge al relacionar la educación con la certificación. Mientras el país mantiene una proporción considerable de profesionales con formación universitaria y de posgrado, la proporción de profesionales con certificaciones internacionales disminuye del 32,8% al 27%. Es decir, el 73% de los encuestados en 2025 no cuenta con una certificación internacional en dirección de proyectos. Este dato revela una oportunidad de mejora: el acceso a la profesión se amplía, pero la validación especializada de competencias no muestra el mismo comportamiento.

Conviene evitar una interpretación equivocada. Un profesional con título de tercer nivel no es necesariamente menos competente que uno con maestría, al igual que poseer un posgrado no garantiza la gestión exitosa de proyectos. La madurez profesional depende de una combinación de formación, experiencia aplicada, criterio, comportamiento ético y capacidad para generar resultados. El verdadero riesgo surge cuando las empresas confunden las credenciales académicas con competencias demostradas o asignan proyectos complejos a profesionales que aún no han desarrollado las capacidades necesarias.

Al analizar la relación entre el nivel académico y la remuneración mediante la prueba de chi-cuadrado, el informe registra un valor de p = 0,295, lo que indica que no se encontró una asociación estadísticamente significativa entre el nivel de estudios y el rango salarial en la muestra de 2025.

En contraste, el cargo, la experiencia y la certificación internacional sí presentan asociaciones significativas. Esto representa un cambio respecto de 2024, cuando el nivel académico mostraba una relación estadísticamente significativa con el salario (p = 0,004). No significa que la maestría haya perdido su valor económico, sino que su relación con la remuneración no se manifiesta de la misma manera en ambos estudios.

Desde una perspectiva empresarial, el hallazgo es importante. El mercado parece ofrecer señales de que la especialización aplicada, la experiencia y las responsabilidades efectivas pueden adquirir mayor relevancia en la diferenciación profesional. El informe 2025 muestra que el 67,6% de quienes poseen certificaciones internacionales supera los USD 2.001 mensuales, frente al 31,5% de quienes no están certificados. Esta asociación no implica causalidad, pero sí sugiere que las credenciales especializadas pueden estar asociadas a trayectorias profesionales mejor remuneradas. Por ello, la discusión no debería centrarse en elegir entre una maestría y una certificación, sino en comprender qué combinación formativa se ajusta mejor a cada etapa del desarrollo.

Las universidades pueden desempeñar un papel determinante mediante laboratorios de proyectos, simulaciones empresariales, prácticas profesionales supervisadas y programas conjuntos con empresas y asociaciones profesionales. Las organizaciones, por su parte, deberían establecer rutas de carrera vinculadas a competencias verificables, esquemas de mentoría y evaluaciones de desempeño basadas en resultados. En particular, la transferencia de conocimiento entre profesionales sénior y jóvenes permitiría combinar la experiencia organizacional con las capacidades digitales y las nuevas formas de trabajo.

De cara a 2030, pueden anticiparse dos escenarios. Si la ampliación del acceso profesional se acompaña de certificaciones pertinentes, aprendizaje práctico, mentoría y especialización, Ecuador podría consolidar un ecosistema con mayor capacidad de ejecución. En cambio, si las organizaciones incorporan profesionales sin establecer mecanismos de desarrollo y evaluación, podría aumentar el número de participantes en proyectos sin que necesariamente mejore su desempeño. Estas posibilidades constituyen escenarios prospectivos derivados de las tendencias identificadas, no pronósticos estadísticos del informe.

PMI estima que América Latina podría enfrentar una brecha de entre 600.000 y 800.000 profesionales de proyectos para 2035. Esta proyección refuerza la importancia de diseñar rutas de formación accesibles y rigurosas, capaces de responder tanto a la demanda empresarial como a las necesidades de desarrollo profesional.

La conclusión más importante es que el futuro académico del Project Manager ecuatoriano no debe definirse por la cantidad de títulos, sino por el desarrollo de capacidades progresivas que le permitan asumir responsabilidades cada vez mayores. El tercer nivel debe proporcionar fundamentos sólidos; las certificaciones, especialización verificable; la experiencia, criterio profesional; y los estudios avanzados, profundidad estratégica. Ninguno de estos componentes debería sustituir a los demás.

Los invito a participar en el levantamiento de datos para el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – volumen 3: https://forms.gle/wP3F5jDePpgYgmeo6

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version

A few years ago, when an Ecuadorian company looked for a project manager, the conversation often started with years of experience, a master’s degree, and professional certifications. Today, that picture is changing. A new generation of professionals is entering the project management ecosystem with university education, digital competencies, and expectations for career growth, while organizations face the challenge of building capabilities without relying exclusively on postgraduate education. The question is inevitable: Are we democratizing access to project management, or are we building a profession that is growing faster than its capacity for specialization?

The Analysis of Project Management in Ecuador, Volumes 1 and 2, provides evidence to understand this transition. In 2024, 70.7% of surveyed professionals held postgraduate qualifications, while 29.3% had undergraduate degrees. In 2025, with an expanded sample, 61.1% reported holding a master’s degree, 38.1% an undergraduate degree, and 0.8% a doctoral degree. When master’s and doctoral degrees are combined, the proportion of professionals with postgraduate qualifications reaches 61.9%, down 8.8 percentage points from 2024.

This finding becomes even more relevant when examined alongside professional experience. In 2024, 65.5% had more than five years of experience; in 2025, 46% reported up to five years of experience. At the same time, project coordinators increased from 15.5% to 35.7% of the sample. Although differences between the samples prevent us from concluding that this reflects a uniform transformation of the national market, the findings are consistent with greater participation by professionals earlier in their careers and a diversification of project management functions.

Organizations are beginning to build teams with differentiated responsibilities, including coordinators, technical leaders, project managers, and governance structures. This is also reflected in the evolution of project management offices or departments, whose presence among surveyed organizations increased from 34.5% in 2024 to 50% in 2025. However, organizational growth does not automatically guarantee greater professional maturity.

The main contradiction emerges when comparing education with certification. While Ecuador maintains a considerable proportion of professionals with undergraduate and postgraduate education, the percentage holding international certifications declined from 32.8% to 27%. In other words, 73% of respondents in 2025 did not hold an international project management certification. This finding reveals an opportunity for improvement: access to the profession is expanding, but specialized competency validation is not keeping pace.
It is important to avoid misinterpretation. An undergraduate degree does not necessarily mean a professional is less competent than someone with a master’s degree, just as a postgraduate qualification does not guarantee successful project management. Professional maturity depends on education, applied experience, sound judgment, ethical conduct, and the ability to deliver results. The real risk emerges when companies confuse academic credentials with demonstrated competencies or assign complex projects to professionals who have not yet developed the necessary capabilities.

When examining the relationship between academic qualifications and compensation using the chi-square test, the report records a p-value of 0.295, indicating no statistically significant association between educational attainment and salary range in the 2025 sample.

In contrast, job position, experience, and international certification show statistically significant associations. This contrasts with 2024, when educational attainment showed a statistically significant relationship with salary (p = 0.004). This does not mean a master’s degree has lost its economic value; rather, its relationship with compensation appears differently in the two studies.

From a business perspective, this finding is important. The market appears to be signaling that applied specialization, experience, and actual organizational responsibilities may become increasingly relevant factors in professional differentiation. The 2025 report shows that 67.6% of professionals holding international certifications earn more than USD 2,001 per month, compared with 31.5% of those without certification. This association does not imply causation, but it suggests that specialized credentials may be associated with better-compensated career paths. Therefore, the discussion should not focus on choosing between a master’s degree and a professional certification, but rather on understanding which combination of educational and professional development best meets the needs of each career stage.

Universities can play a decisive role through project laboratories, business simulations, supervised professional internships, and joint programs with companies and professional associations. Organizations, in turn, should establish career pathways linked to verifiable competencies, mentoring programs, and results-based performance evaluations. In particular, knowledge transfer between senior and younger professionals would enable organizations to combine experience with digital capabilities and new ways of working.

Looking ahead to 2030, two scenarios are possible. If broader access to the profession is accompanied by relevant certifications, practical learning, mentoring, and specialization, Ecuador could consolidate a project management ecosystem with greater execution capability. Conversely, if organizations bring in professionals without establishing development and evaluation mechanisms, more people could be involved in projects without necessarily improving performance. These possibilities are forward-looking scenarios derived from the identified trends, not statistical forecasts in the report.

PMI estimates that Latin America could face a shortage of between 600,000 and 800,000 project professionals by 2035. This projection reinforces the need to design accessible yet rigorous professional development pathways that respond to both business demand and individual career development needs.

The key conclusion is that the academic future of the Ecuadorian Project Manager should be defined not by the number of degrees held, but by the progressive development of capabilities that enable professionals to assume increasingly complex responsibilities. Undergraduate education should provide solid foundations; certifications should validate specialized competencies; experience should develop professional judgment; and advanced academic studies should provide strategic depth. None of these components should replace the others.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

About the Author
PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.
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Posted on: October 27, 2026 08:01 PM | Permalink | Comments (1)

La gran brecha de certificaciones: ¿Por qué el 73% de los Project Managers en Ecuador aún no se certifica? - The great certification gap: Why are 73% of Project Managers in Ecuador still not certified?

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Durante años hemos repetido una premisa que hoy nadie discute: la Dirección de Proyectos es una competencia estratégica para la competitividad de las organizaciones. Sin embargo, cuando observamos la realidad ecuatoriana con datos concretos, surge una paradoja inquietante: el rol del Director de Proyectos es cada vez más valorado, pero la certificación profesional internacional sigue siendo excepcional y no la norma.
El reciente Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 (2025) confirma esta brecha con claridad estadística. De 126 directores de proyectos encuestados, el 73% no cuenta con ninguna certificación internacional en dirección de proyectos, mientras que apenas el 27% sí posee alguna credencial formal, principalmente Scrum Master (11,9%) y PMP (5,6%).
Este dato no es un hecho aislado ni coyuntural. Cuando contrastamos con el Volumen 1 (2024), encontramos que ya entonces el 67,2% de los profesionales no tenía certificaciones internacionales, y solo el 32,8% contaba con alguna credencial, principalmente PMP
La tendencia es clara: en lugar de mejorar, la tasa de certificación cayó cinco puntos porcentuales en un año, a pesar de que el mercado laboral demanda cada vez más formalización, metodologías y estándares internacionales. Esta es, quizás, la mayor contradicción del ecosistema de proyectos en Ecuador.
Los propios informes muestran que el perfil del director de proyectos en Ecuador cuenta con una alta formación académica. En el Volumen 2, el 61% posee estudios de cuarto nivel (maestría) y apenas el 38% tiene estudios solo de tercer nivel. Es decir, la formación académica no es el problema.
El problema radica en la desconexión entre la educación académica y la certificación profesional especializada. Mientras las maestrías siguen siendo vistas como el camino principal de formación, las certificaciones internacionales que validan competencias prácticas, estándares globales y experiencia aplicada siguen percibidas como opcionales, costosas o innecesarias.
Esta percepción tiene raíces profundas en la cultura organizacional ecuatoriana. Históricamente, las empresas han priorizado los títulos académicos sobre las credenciales profesionales. Sin embargo, en mercados maduros, las certificaciones son diferenciales clave en materia de empleabilidad, salarios y credibilidad técnica.
Una de las razones más frecuentes de esta brecha es económica. Certificarse internacionalmente implica inversión en formación, horas de estudio, el pago de exámenes y el mantenimiento de credenciales.
No obstante, los propios datos salariales del Volumen 2 muestran que los directores de proyectos certificados tienden a ubicarse en los rangos salariales más altos, mientras que los roles de coordinación, donde predominan profesionales sin certificación, se concentran en rangos medios o bajos.
Es decir, la certificación no es un gasto, sino una inversión con retorno directo en ingresos y empleabilidad, pero esta lógica aún no ha sido plenamente comprendida por profesionales ni por empresas.
A ello se suma que muchas organizaciones ecuatorianas todavía no cuentan con planes de capacitación estructurados. En el Volumen 2, aunque el 73% de las empresas afirma contar con personal con formación en dirección de proyectos, en la mayoría de los casos se trata de cursos, diplomados o talleres internos, y no de certificaciones internacionales formales. La capacitación existe, pero no culmina en una certificación.
Otro patrón detectado en la cultura profesional ecuatoriana es la creencia de que la experiencia sustituye a la certificación. En el Volumen 2, el 46% de los directores de proyectos tiene menos de cinco años de experiencia, mientras que solo el 4,8% supera los 20 años. Esto significa que una gran parte del ecosistema está conformada por talento joven en crecimiento, que aún no ha incorporado la certificación como parte natural de su desarrollo profesional. En mercados más maduros, la certificación suele alcanzarse entre el tercer y quinto año de experiencia. En Ecuador, ese paso aún no se consolida.
Al mismo tiempo, profesionales senior formados en la práctica empírica suelen considerar que la certificación no aporta valor adicional. Esta combinación de jóvenes sin certificarse y sénior que no ven necesidad de certificarse perpetúa la brecha.
De entrevistas y talleres realizados en el ecosistema local emergen mitos persistentes:
  • “Mi empresa no lo necesita”
  • “Es solo un papel”
  • “Es muy costoso”
  • “Solo sirve en multinacionales”
  • “Ya tengo maestría”
Los datos del informe desmienten estos mitos. Las empresas que cuentan con estructuras formales de PMO que crecieron de 34,5% en 2024 a 50% en 2025 son precisamente las que más demandan perfiles certificados para liderar metodologías, estándares y gobernanza. La institucionalización de la gestión de proyectos está avanzando, y con ella crecerá inevitablemente la demanda de directores de proyectos certificados.
Los informes también muestran que las principales causas de fracaso en proyectos en Ecuador siguen siendo estructurales: recursos limitados (47,6%), recopilación inadecuada de requisitos (10,3%) y cambios de objetivos (6,3%). Estas son precisamente las áreas en las que las certificaciones internacionales desarrollan competencias técnicas específicas: gestión de alcance, riesgos, stakeholders, planificación de recursos y control integrado de cambios.
Sin certificación, la práctica permanece empírica; con certificación, se vuelve disciplinada y estandarizada.
Además, en un mercado donde solo el 27% posee certificaciones, quienes sí las obtienen automáticamente destacan en procesos de selección, consultorías y en el liderazgo de proyectos estratégicos.
Se puede afirmar que Ecuador se encuentra en una etapa de transición hacia la profesionalización, pero aún mantiene una brecha crítica en certificación internacional.

El ecosistema ya cuenta con:
  • Mayor presencia de PMO
  • Mayor dedicación exclusiva a dirección de proyectos
  • Creciente interés por IA y tecnología
  • Entrada de talento joven
Pero todavía carece de:
  • Cultura sistemática de certificación
  • Inversión empresarial estructurada en credenciales
  • Reconocimiento salarial formal del PM certificado
Este es el punto exacto en el que la oportunidad profesional es más alta. En los próximos tres a cinco años, cuando la madurez organizacional continúe avanzando, la certificación pasará de ser un diferencial a un requisito.
Recomendaciones para directores de proyectos
  1. Incorporar la certificación como parte integrante del plan de carrera.
  2. Aprovechar los primeros cinco años de experiencia para obtener credenciales de base (CAPM, Scrum Master).
  3. Escalar progresivamente hacia PMP, PMI-ACP, PMO-CP u otras especializaciones.
  4. Participar en capítulos de PMI y en redes profesionales, donde la certificación es un valor social y técnico.
Recomendaciones para empresas
  1. Incluir certificaciones como criterio de selección y de promoción.
  2. Financiar planes de certificación como una inversión en la madurez organizacional.
  3. Integrar la certificación en el modelo de PMO.
  4. Medir el impacto de proyectos liderados por PMs certificados frente a no certificados.

El Volumen 2 del Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador no solo presenta cifras, sino que muestra el momento exacto en que Ecuador debe decidir si desea permanecer en la práctica empírica o avanzar hacia la profesionalización global.
Cerrar la brecha de certificaciones no es una meta individual; es una decisión estratégica para el país.

Cada PM que se certifica eleva el estándar.
Cada empresa que invierte en certificación mejora su tasa de éxito.
Cada proyecto bien gestionado contribuye al desarrollo económico y social.

Invito a la comunidad profesional, académica y empresarial a leer el informe completo del Volumen 2, donde estos datos y tendencias se analizan en profundidad, y a sumarse a la construcción de un Ecuador en el que dirigir proyectos con estándares internacionales sea la regla y no la excepción.


English Version

For years, we have repeated a premise that no one disputes today: Project Management is a strategic competency for organizational competitiveness. However, when we examine the Ecuadorian reality with concrete data, a troubling paradox emerges: the role of the Project Manager is increasingly valued, yet international professional certification remains exceptional rather than the norm.
The recent Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 (2025) confirms this gap with statistical clarity. Of the 126 project managers surveyed, 73% do not hold any international project management certification, while only 27% do hold a formal credential, mainly Scrum Master (11.9%) and PMP (5.6%).
This data is neither an isolated nor a temporary phenomenon. When we compare this to Volume 1 (2024), we find that even then, 67.2% of professionals lacked international certifications, and only 32.8% held any credential, primarily PMP. The trend is clear: instead of improving, the certification rate fell by 5 percentage points over the year, despite the labor market's increasing demand for formalization, methodologies, and international standards. This is perhaps the greatest contradiction within Ecuador's project ecosystem.
The reports themselves show that the typical project manager in Ecuador has a high level of academic training. In Volume 2, 61% held postgraduate degrees (master's degrees), while only 38% had undergraduate degrees. In other words, formal academic training is not the problem. The problem lies in the disconnect between academic education and specialized professional certification. While master's degrees remain the primary path to professional development, international certifications that validate practical skills, meet global standards, and demonstrate applied experience are still seen as optional, expensive, or unnecessary.

This perception is deeply rooted in Ecuadorian organizational culture. Historically, companies have prioritized academic degrees over professional credentials. However, in mature markets, certifications are key differentiators for employability, salary, and technical credibility.

One of the most frequent reasons behind this gap is economic. International certification involves investment in training, study hours, exam fees, and credential maintenance.
Nevertheless, the salary data in Volume 2 shows that certified project managers tend to be in the highest salary brackets, while coordination roles, where professionals without certification predominate, are concentrated in the middle or lower ranges.
In other words, certification is not an expense but an investment with a direct return in income and employability; this logic has not yet been fully grasped by professionals or companies.

In addition, many Ecuadorian organizations still lack structured training plans. In Volume 2, although 73% of companies report having staff trained in project management, in most cases this training consists of internal courses, diplomas, or workshops, rather than formal international certifications. Training exists, but it doesn't culminate in certification.

Another pattern identified in Ecuadorian professional culture is the belief that experience substitutes for certification. In Volume 2, 46% of project managers have less than five years of experience, while only 4.8% have more than 20 years. This means that a large part of the ecosystem is made up of young, developing talent that has not yet incorporated certification into their professional development. In more mature markets, certification is usually achieved between the third and fifth year of experience. In Ecuador, this step has not yet been consolidated.
At the same time, senior professionals trained through practical experience often believe that certification does not add additional value. This combination of young professionals without certification and senior professionals who see no need for it perpetuates the gap.
Persistent myths emerge from interviews and workshops conducted within the local ecosystem:

• “My company doesn't need it”
• “It's just a piece of paper”
• “It's very expensive”
• “It's only useful in multinationals”
• “I already have a master's degree”

The report's data debunks these myths. Companies with formal PMO structures, which grew from 34.5% in 2024 to 50% in 2025, are precisely those that most demand certified professionals to lead methodologies, standards, and governance. The institutionalization of project management is progressing, and with it, the demand for certified project managers will inevitably grow.

The reports also show that the main causes of project failure in Ecuador remain structural: limited resources (47.6%), inadequate requirements gathering (10.3%), and changes in objectives (6.3%). These are precisely the areas where international certifications develop specific technical skills: scope management, risk management, stakeholder management, resource planning, and integrated change control.

Without certification, practice remains empirical; with certification, it becomes disciplined and standardized.

Furthermore, in a market where only 27% hold certifications, those who do automatically stand out in selection processes, consulting, and leading strategic projects.
Ecuador is in a transitional phase toward professionalization, but it still faces a critical gap in international certification.

The ecosystem already includes:
• Greater presence of PMOs
• Greater exclusive focus on project management
• Growing interest in AI and technology
• Influx of young talent

But it still lacks:
• A systematic certification culture
• Structured business investment in credentials
• Formal salary recognition for certified PMs
This is precisely where professional opportunity is greatest. In the next three to five years, as organizational maturity continues to advance, certification will shift from being a differentiator to a requirement.

Recommendations for Project Managers
1. Incorporate certification as a natural part of your career plan.

2. Leverage your first five years of experience to obtain foundational credentials (CAPM, Scrum Master).

3. Progressively advance toward PMP, PMI-ACP, PMO-CP, or other specializations.

4. Participate in PMI chapters and professional networks, where certification is valued both socially and technically.

Recommendations for Companies
1. Include certifications as a selection and promotion criterion.

2. Fund certification programs as an investment in organizational maturity.

3. Integrate certification into the PMO model.

4. Measure the impact of projects led by certified PMs versus non-certified PMs.

Volume 2 of the Analysis of Project Management in Ecuador not only presents figures; it also reveals the precise moment when Ecuador must decide whether to remain in empirical practice or move toward global professionalization. Closing the certification gap is not an individual goal; it is a strategic national decision.

Every certified project manager raises the bar.
Every company that invests in certification improves its success rate.
Every well-managed project contributes to economic and social development.

I invite the professional, academic, and business community to read the full report in Volume 2, where these data and trends are analyzed in depth, and to join us in building an Ecuador where managing projects with international standards is the rule, not the exception.
Posted on: January 25, 2026 11:49 PM | Permalink | Comments (0)

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