Project Management

José González, Ecuador

by
Mi blog es un espacio donde podremos compartir información de Dirección de Proyectos en Español, buscando como unificar criterios y desarrollar habilidades para la Dirección de Proyectos, personalizado al público habla hispana. My blog is a space where we can share Project Management information in Spanish, looking for how to unify criteria and develop skills for Project Management, personalized to the Spanish speaking public.

About this Blog

RSS

Recent Posts

Las PMO gubernamentales: el paso que se necesita para mejorar obras y programas - Government PMOs: the step needed to improve projects and programs.

Por qué las empresas necesitan un Observatorio Nacional de Proyectos - Why companies need a National Project Observatory.

El futuro del Project Manager a 2030: habilidades, salarios y roles emergentes - The future of the Project Manager in 2030: skills, salaries and emerging roles.

Cómo evitar la mala planificación de recursos: el error más subestimado - How to avoid poor resource planning: the most underestimated mistake.

Construcción y sector público: lo que nos dice estos sectores para la dirección de proyectos - Construction and the public sector: what these sectors tell us about project management.

Categories

Agile, Artificial Intelligence, Benefits Realization, Business Intelligence, Certification, Construction, Consulting, Cost Management, COSTO, Decision Making, Director de Proyecto, Director de Proyectos, Diversity, Education, Energy and Utilities, Estimating, Estrategias, Ethics, Gestión, Governance, Government, IA, Innovation, Integration Management, Leadership, Legal Project Management, Management, management, New Practitioners, Organizational Culture, Organizational Project Management, PMO, PMO, PMO, PMO, Portfolio Management, Program Management, project culture, project management, project manager, recursos, Resource Management, RIESGO, salary, Scope Management, Scrum, SOFT SKILL, Strategy, Sustainability, Talent Management, Teams, trends, Utility, Virtual Project Management

Date

El futuro del Project Manager a 2030: habilidades, salarios y roles emergentes - The future of the Project Manager in 2030: skills, salaries and emerging roles.

linkedin twitter facebook Request to reuse this  
Hablar del futuro del Project Manager ya no es un ejercicio especulativo. Los datos disponibles permiten observar señales claras sobre hacia dónde se está moviendo la profesión y qué capacidades serán determinantes para mantenerse vigente en los próximos años.

La dirección de proyectos en Ecuador está entrando en una etapa de transición profunda: más organizaciones estructuran roles de gestión, crece la presencia de las PMO, aumenta el interés por la inteligencia artificial, se incorporan profesionales jóvenes y se reconoce con mayor fuerza que los proyectos son una capacidad estratégica para competir, innovar y ejecutar la transformación.

El Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 muestra que el país atraviesa una segunda ola de profesionalización. La muestra crece de 58 participantes en 2024 a 126 en 2025, lo que permite observar con mayor claridad la evolución del ecosistema. En 2024 predominaban perfiles con mayor trayectoria; en 2025, el 46% de los profesionales reporta menos de cinco años de experiencia, el 27% entre seis y diez años, y otro 27% más de once años. Este dato revela una entrada significativa de talento joven, lo que representa una oportunidad para renovar la disciplina, pero también un riesgo si esa nueva generación no se forma con estándares, mentoría y una experiencia progresiva.

El futuro del Project Manager ecuatoriano hacia 2030 estará marcado por una paradoja: habrá una mayor demanda de profesionales de proyectos, pero no todos estarán preparados para captar las mejores oportunidades. El mercado ya está enviando señales. En 2025, el 73% de los encuestados no posee certificaciones internacionales y solo el 27% declara contar con alguna credencial relacionada con la dirección de proyectos, cifra inferior al 32,8% registrado en 2024. Esta reducción ocurre justamente cuando la profesión exige mayor formalización, dominio metodológico, lenguaje global y capacidad para trabajar en entornos híbridos, digitales y multiculturales.

La certificación no debe verse como un fin en sí mismo, sino como una señal de disciplina profesional. Los datos salariales del informe lo confirman: el salario guarda una relación estadística con el cargo, la experiencia y la certificación internacional. Entre quienes poseen certificación, el 67,6% reporta ingresos superiores a $2.001 mensuales; entre quienes no la poseen, esa proporción baja al 31,5%. Esto no significa que una credencial garantice automáticamente mejores ingresos, pero sí evidencia que el mercado comienza a reconocer con mayor fuerza la combinación de experiencia aplicada, responsabilidad organizacional y validación profesional.

Para 2030, el salario del Project Manager ecuatoriano probablemente se diferenciará menos por el título del cargo y más por el valor que sea capaz de generar. El informe 2025 muestra que un coordinador de proyectos se percibe principalmente entre $1.001 y $2.500, mientras que un director de proyecto con certificación se percibe con mayor fuerza entre $2.501 y $5.000. El director de PMO se proyecta en rangos superiores, con una concentración entre $3.501 y $5.000 y una proporción relevante por encima de $5.001. El gerente departamental de proyectos aparece como el rol con la mayor expectativa de compensación. La lectura es clara: cuanto más estratégico sea el rol, mayor será su reconocimiento económico.

Esta tendencia permite anticipar una transformación en las trayectorias profesionales. El Project Manager operativo seguirá existiendo, pero tendrá menos diferenciación si se limita a administrar cronogramas, reuniones y reportes. En cambio, emergerán perfiles de mayor valor: líderes de PMO, gestores de portafolio, directores de programas estratégicos, especialistas en beneficios, gestores de transformación digital, líderes de proyectos con inteligencia artificial, project controllers con analítica de datos, responsables de la gobernanza de cambios, gestores de sostenibilidad en proyectos y profesionales capaces de integrar estrategia, tecnología y ejecución.

La PMO desempeñará un papel central en este escenario. En 2024, solo el 34,5% de las organizaciones reportaba contar con una oficina o departamento de gestión de proyectos; en 2025, la cifra sube al 50%. Este avance muestra que la dirección de proyectos está dejando de ser una práctica dispersa para convertirse en una estructura organizacional. Sin embargo, el reto hacia 2030 será evitar que las PMO se limiten a consolidar reportes. Una PMO madura deberá priorizar los portafolios, proteger los recursos, gestionar los beneficios, anticipar los riesgos, institucionalizar las buenas prácticas y conectar la ejecución con la estrategia.

La inteligencia artificial también redefinirá el perfil profesional. En 2025, el 81,7% considera importante o muy importante el machine learning para mejorar la dirección de proyectos; también se valoran tecnologías como el deep learning, la computación en la nube distribuida, el procesamiento del lenguaje natural, el IoT y los robots de software. No obstante, todavía existe una brecha entre la percepción y el uso real. Hacia 2030, el Project Manager que no domine datos, automatización, analítica predictiva y herramientas digitales estará en desventaja frente a perfiles capaces de anticipar desviaciones, simular escenarios, optimizar recursos y generar información ejecutiva para la toma de decisiones.

Pero el futuro no será únicamente tecnológico. El informe 2025 muestra que el 99,2% considera importantes las habilidades de liderazgo, el 96,8% las de negocio, el 90,5% las técnicas y el 89,7% las digitales. Esta combinación confirma que el Project Manager del futuro no será ni un técnico aislado ni un administrador de tareas. Será un integrador organizacional: alguien capaz de influir sin autoridad formal, negociar recursos limitados, resolver conflictos, comunicar con claridad, comprender el negocio y traducir datos en decisiones.

Esta capacidad será especialmente importante en Ecuador y LATAM, donde muchas organizaciones mantienen estructuras funcionales y niveles de autoridad compartidos. En 2025, aunque el 42,1% declara tener alta autoridad sobre los recursos, la mayoría opera con autoridad media, baja o incierta. Además, los recursos limitados aparecen como la principal causa de fracaso de los proyectos, con un 47,6%. Esto significa que el Project Manager a 2030 no podrá depender solo de su cargo. Deberá liderar por influencia: construir alianzas, persuadir con evidencia, negociar prioridades y elevar las conversaciones ejecutivas sobre capacidad, riesgos, presupuesto y beneficios.

Para mantenerse relevante, el profesional de proyectos debería iniciar hoy una ruta de desarrollo concreta.

Primero, fortalecer sus fundamentos: alcance, cronograma, costos, riesgos, adquisiciones, interesados, beneficios y control de cambios.
Segundo, certificarse progresivamente según su etapa profesional: credenciales iniciales para quienes comienzan, certificaciones ágiles o híbridas para quienes lideran equipos, y certificaciones avanzadas para quienes gestionan programas, portafolios o PMO.
Tercero, desarrollar capacidades digitales: analítica de datos, inteligencia artificial aplicada, automatización, tableros ejecutivos y herramientas PPM.
Cuarto, comprender el negocio: finanzas, estrategia, contratos, valor, productividad y sostenibilidad.
Quinto, construir liderazgo real: comunicación ejecutiva, negociación, gestión de conflictos e influencia.

Las empresas también deben tomar decisiones. No podrán competir a 2030 si siguen tratando la dirección de proyectos como una función administrativa. Deberán diseñar rutas de carrera, diferenciar roles, crear un PMO con mandato estratégico, medir el desempeño y los beneficios, profesionalizar la gestión de recursos, invertir en certificaciones y vincular la compensación al valor generado. El talento joven necesita mentoría; los profesionales sénior necesitan actualización; y las organizaciones necesitan sistemas que permitan convertir la experiencia individual en capacidad institucional.

El escenario más probable hacia 2030 es dual. Las organizaciones que profesionalicen su gestión de proyectos, adopten datos, fortalezcan su PMO y desarrollen talento podrán ejecutar con mayor consistencia y competir mejor. Las que no lo hagan seguirán enfrentando los mismos síntomas: retrasos, sobrecostos, corrupción del alcance, recursos insuficientes y decisiones tardías. Para los profesionales ocurrirá algo similar: quienes combinen experiencia, certificación, liderazgo, tecnología y visión de negocio tendrán mejores oportunidades salariales y estratégicas; quienes permanezcan solo en la administración operativa verán limitada su diferenciación.

El futuro del Project Manager ecuatoriano y, probablemente, de todo LATAM no estará definido únicamente por las metodologías. Estará definido por su capacidad para convertirse en un líder de transformación.

En 2030, el profesional más valioso no será quien conozca más formatos, sino quien logre conectar personas, estrategia, tecnología, recursos y resultados.

Fuente: basado en el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 2 y su contraste con el Volumen 1. Puedes revisar ambos informes aquí: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

Sobre la Autor
PhD(c) José Luis González Rugel. | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Asesor, docente, investigador en dirección de proyectos.
Contacto profesional: [email protected]
Red Social: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

English Version

Talking about the future of the Project Manager is no longer a speculative exercise. The available data allows us to observe clear signals about where the profession is heading and which capabilities will be decisive for remaining relevant in the coming years.

Project management in Ecuador is entering a stage of deep transition: more organizations are structuring management roles, the presence of PMOs is growing, interest in artificial intelligence is increasing, young professionals are entering the field, and projects are increasingly recognized as a strategic capability for competing, innovating, and executing transformation.

The *Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2* shows that the country is going through a second wave of professionalization. The sample grew from 58 participants in 2024 to 126 in 2025, which makes it possible to observe the evolution of the ecosystem more clearly. In 2024, profiles with greater professional experience predominated; in 2025, 46% of professionals reported having less than five years of experience, 27% between six and ten years, and another 27% more than eleven years. This data reveals a significant entry of young talent, which represents an opportunity to renew the discipline, but also a risk if this new generation is not developed through standards, mentoring, and progressive experience.

The future of the Ecuadorian Project Manager toward 2030 will be marked by a paradox: there will be greater demand for project professionals, but not all will be prepared to capture the best opportunities. The market is already sending signals. In 2025, 73% of respondents did not hold international certifications, and only 27% reported having a project management credential, a figure below the 32.8% recorded in 2024. This reduction occurs precisely when the profession demands greater formalization, methodological mastery, a global language, and the ability to work in hybrid, digital, and multicultural environments.

Certification should not be seen as an end in itself, but as a signal of professional discipline. The salary data in the report confirms this: salary shows a statistical relationship with role, experience, and international certification. Among those who hold a certification, 67.6% report monthly income above $2,001; among those without certification, that proportion drops to 31.5%. This does not mean that a credential automatically guarantees higher income, but it does show that the market is increasingly recognizing the combination of applied experience, organizational responsibility, and professional validation.

By 2030, the salary of the Ecuadorian Project Manager will likely be differentiated less by job title and more by the value the professional can generate. The 2025 report shows that a project coordinator is primarily perceived in the $1,001 to $2,500 range, while a certified project manager is more strongly positioned in the $2,501 to $5,000 range. The PMO Director is projected in higher ranges, with a concentration between $3,501 and $5,000 and a significant proportion above $5,001. The departmental project manager appears to be the role with the highest compensation expectations. The reading is clear: the more strategic the role, the greater its economic recognition.

This trend makes it possible to anticipate a transformation in professional career paths. The operational Project Manager will continue to exist, but will have less differentiation if limited to managing schedules, meetings, and reports. Instead, higher-value profiles will emerge: PMO leaders, portfolio managers, strategic program directors, benefits specialists, digital transformation managers, AI-enabled project leaders, project controllers with data analytics capabilities, change governance managers, sustainability project managers, and professionals capable of integrating strategy, technology, and execution.

The PMO will play a central role in this scenario. In 2024, only 34.5% of organizations reported having a project management office or department; in 2025, the figure rose to 50%. This progress shows that project management is moving away from being a dispersed practice and becoming an organizational structure. However, the challenge toward 2030 will be to prevent PMOs from limiting themselves to consolidating reports. A mature PMO must prioritize portfolios, protect resources, manage benefits, anticipate risks, institutionalize good practices, and connect execution with strategy.

Artificial intelligence will also redefine the professional profile. In 2025, 81.7% considered machine learning important or very important for improving project management; technologies such as deep learning, distributed cloud computing, natural language processing, IoT, and software robots were also highly valued. Nevertheless, there is still a gap between perception and actual use. By 2030, the Project Manager who does not master data, automation, predictive analytics, and digital tools will be at a disadvantage compared to profiles capable of anticipating deviations, simulating scenarios, optimizing resources, and generating executive information for decision-making.

But the future will not be only technological. The 2025 report shows that 99.2% consider leadership skills important, 96.8% value business skills, 90.5% value technical skills, and 89.7% value digital skills. This combination confirms that the Project Manager of the future will not be an isolated technician or a task administrator. They will be an organizational integrator: someone capable of influencing without formal authority, negotiating limited resources, resolving conflicts, communicating clearly, understanding the business, and translating data into decisions.

This capability will be especially important in Ecuador and Latin America, where many organizations maintain functional structures and shared levels of authority. In 2025, although 42.1% reported having high authority over resources, the majority operate with medium, low, or uncertain authority. In addition, limited resources appear as the main cause of project failure, with 47.6%. This means that the Project Manager of 2030 will not be able to depend only on their title. They will have to lead through influence: building alliances, persuading with evidence, negotiating priorities, and elevating executive conversations about capacity, risks, budgets, and benefits.

To remain relevant, project professionals should begin a concrete development path today.

First, strengthen their fundamentals: scope, schedule, costs, risks, procurement, stakeholders, benefits, and change control.

Second, pursue certifications progressively according to their professional stage: entry-level credentials for those starting out, agile or hybrid certifications for those leading teams, and advanced certifications for those managing programs, portfolios, or PMOs.

Third, develop digital capabilities: data analytics, applied artificial intelligence, automation, executive dashboards, and PPM tools.

Fourth, understand the business: finance, strategy, contracts, value, productivity, and sustainability.

Fifth, build real leadership: executive communication, negotiation, conflict management, and influence.

Companies must also make decisions. They will not be able to compete by 2030 if they continue treating project management as an administrative function. They will need to design career paths, differentiate roles, create a PMO with a strategic mandate, measure performance and benefits, professionalize resource management, invest in certifications, and link compensation to generated value. Young talent needs mentoring; senior professionals need updating; and organizations need systems that enable the transformation of individual experience into institutional capability.

The most likely scenario toward 2030 is dual. Organizations that professionalize their project management, adopt data, strengthen their PMO, and develop talent will be able to execute with greater consistency and compete more effectively. Those that do not will continue to face the same symptoms: delays, cost overruns, scope creep, insufficient resources, and late decisions. For professionals, something similar will occur: those who combine experience, certification, leadership, technology, and business vision will earn higher salaries and have more strategic opportunities; those who remain only in operational administration will see their differentiation limited.

The future of the Ecuadorian Project Manager—and probably of the Project Manager across Latin America—will not be defined solely by methodologies. It will be defined by their ability to become a transformation leader.

In 2030, the most valuable professional will not be the one who knows the most templates, but the one who can connect people, strategy, technology, resources, and results.

Source: Based on the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 2 and its comparison with Volume 1. Both reports are available here: https://www.grupogonzalez.ec/Publicaciones

About the Author

PhD(c) José Luis González Rugel | MAE, MBI, MIE, PMP®, PMI-RMP®, PMI-ACP®, PMI-PMOCP®, GPM-b®, SMC®, SPOC®, TPM® | Advisor, lecturer, and researcher in project management.

Professional Contact: [email protected]

LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/josegonzalezproyectos/

Posted on: July 05, 2026 11:43 AM | Permalink | Comments (1)

El ascenso de las PMO: cuando las empresas ecuatorianas empiezan a madurar - The rise of PMOs: when Ecuadorian companies begin to mature.

linkedin twitter facebook Request to reuse this  
En el artículo anterior analizábamos una señal preocupante del ecosistema ecuatoriano de dirección de proyectos: la brecha en la certificación internacional. Hoy conviene mirar el otro lado de la balanza, porque mientras una parte del mercado aún no logra consolidar credenciales globales, otra señal empieza a resultar imposible de ignorar: el crecimiento acelerado de las oficinas de gestión de proyectos.

Esa expansión de las PMO no es un dato aislado ni una moda administrativa. Es probablemente la evidencia más clara de que las empresas ecuatorianas están entrando en una segunda ola de madurez, una etapa en la que ya no basta con ejecutar proyectos; ahora es necesario gobernarlos, priorizarlos, medirlos y conectarlos con la estrategia del negocio. El propio informe 2025 muestra que Ecuador pasó de 58 participantes en 2024 a 126 en 2025, y que el país vive precisamente una “segunda ola de profesionalización”, marcada por una mayor institucionalización, más roles de apoyo, mayor interés en inteligencia artificial y una nueva generación que entra al mercado laboral.

La señal más poderosa de ese cambio está en la PMO. En 2024, apenas el 34,5% de las organizaciones reportaba contar con una estructura formal de gestión de proyectos; en 2025, esa cifra sube al 50%. En otras palabras, en un solo año, el país registra un salto de 15,5 puntos porcentuales en la institucionalización. Eso no significa todavía que Ecuador haya alcanzado su madurez en la dirección de proyectos, pero sí confirma que muchas organizaciones dejaron de tratar la gestión como una responsabilidad improvisada y comenzaron a verla como una capacidad organizacional. El Volumen 2 incluso interpreta este incremento como un desplazamiento desde una función operativa hacia un eje estratégico, especialmente en empresas medianas y grandes. El contraste es importante porque el Volumen 1 describía un ecosistema en el que predominaban estructuras todavía débiles, con un 65,5% de empresas sin PMO formal. Hoy el panorama sigue siendo mixto, pero ya no es incipiente; ahora es transicional.

Cuando una empresa crea una PMO, no solo crea un nuevo departamento. Está tomando una decisión sobre cómo quiere gobernar el cambio. Según la guía de PMI sobre los tipos de PMO, la estructura puede ser de soporte, de control o de directiva, según el grado de influencia que la organización necesite sobre las metodologías, el cumplimiento y la asignación de recursos.

Una PMO de soporte suele actuar como facilitadora: comparte plantillas, buenas prácticas y brinda acompañamiento. Una PMO de control ya exige estándares, marcos y gobernanza comunes. Y una PMO directiva va más allá: asume la conducción de proyectos o la prestación de una gerencia especializada. La pregunta correcta, por tanto, no es si una empresa “debe tener PMO” por tendencia, sino qué problema quiere resolver con ella y qué nivel de madurez organizacional está lista para sostener. PMI también insiste en que la función elegida debe responder a la necesidad real del negocio y no a una mera copia de modelos externos.

En Ecuador, el ascenso de la PMO tiene causas estructurales muy claras. La primera es la presión por resultados. El informe 2025 revela que, aunque el 71% de los proyectos cumple sus objetivos siempre o casi siempre, solo el 39% termina dentro del tiempo previsto y apenas el 54% dentro del presupuesto, mientras que un 66% experimenta corrupción del alcance.

  • Esa combinación describe una realidad conocida por muchas organizaciones: se entregan cosas, sí, pero con desviaciones, retrabajos, tensiones internas y desgaste operativo.
  • La segunda razón es la escasez de recursos. En 2025, el 47,6% identifica los recursos limitados como la principal causa de fracaso; en 2024, ese problema ya aparecía empatado entre las causas principales, junto con el cambio de prioridades.
  • La tercera razón es la necesidad de coherencia metodológica, ya que el país sigue siendo predominantemente predictivo, aunque empieza a incorporar prácticas ágiles e híbridas.
  • Y la cuarta razón es estratégica: una empresa que quiere escalar, digitalizarse o competir mejor necesita decidir mejor su portafolio, no solo ejecutar más iniciativas. Allí es donde la PMO deja de ser una oficina de reportes y se convierte en una arquitectura de toma de decisiones.
Desde una perspectiva internacional, el momento ecuatoriano tiene sentido. El PMI insiste en que la profesión se está moviendo de un rol táctico a uno cada vez más estratégico. Su Pulse of the Profession 2025 plantea que el business acumen se ha convertido en un diferenciador crítico para transformar a los profesionales de proyectos en creadores de valor, y no solo en ejecutores de cronogramas. Y el Pulse 2024 refuerza otra idea importante: el éxito no depende de casarse con un único enfoque, sino de usar la forma adecuada de gestión según el contexto. Esa lectura es especialmente relevante para Ecuador, porque nuestras PMO no deberían nacer como oficinas burocráticas de control documental, sino como centros de articulación entre estrategia, priorización, negocio, talento y adaptación metodológica. Una PMO madura en el país no debería preguntarse solo si el cronograma avanza; también debería preguntarse si el proyecto sigue siendo valioso, financiable, gobernable y sostenible.

Ahora bien, el crecimiento de las PMO no garantiza, por sí solo, mejores resultados. También hay riesgos comunes. El primero es crear una PMO sin patrocinio real de la alta dirección; en ese escenario, la oficina termina operando como un ente decorativo, sin autoridad ni influencia. El segundo consiste en diseñarla como un filtro burocrático que retrasa las decisiones en lugar de acelerarlas. El tercero es creer que una PMO puede compensar, por sí sola, la falta de talento, la debilidad de los requisitos o la mala asignación de recursos. El cuarto es implantar estándares globales sin adaptar la gobernanza al tamaño, al sector y a la cultura de la organización. Y el quinto, muy propio del contexto ecuatoriano, es montar la estructura sin invertir en formación y certificación, lo que deja a la PMO con una fachada institucional pero poca musculatura técnica.

El informe nacional es claro al respecto: la certificación internacional sigue siendo baja, con una caída del 32,8% en 2024 al 27% en 2025, aunque el propio análisis estadístico confirma que el salario y la proyección profesional dependen, entre otras variables, del cargo, la experiencia y la certificación. En otras palabras, la PMO puede ser la estructura, pero el talento sigue siendo el motor.

Entonces, ¿cómo saber si una empresa ecuatoriana necesita una PMO? La respuesta práctica es sencilla: la necesita cuando ya no puede coordinar sus proyectos de forma efectiva solo con buena voluntad, liderazgo individual y herramientas sueltas. Si la organización tiene múltiples iniciativas compitiendo por recursos, cambios frecuentes de prioridad, problemas de trazabilidad, sobrecarga funcional, desviaciones de alcance o dificultades para priorizar inversiones, entonces el problema ya no es de un proyecto; es de gobierno. También la necesita cuando la dirección quiere impulsar el crecimiento, transformar procesos, digitalizar operaciones o fortalecer su capacidad de ejecución. En empresas pequeñas, quizá no haga falta una PMO corporativa completa; puede bastar una PMO liviana o una función temporal de coordinación. En empresas medianas o grandes, especialmente en sectores como la construcción, el sector público, la tecnología, las telecomunicaciones o los servicios, la ausencia de una PMO empieza a convertirse en una desventaja competitiva.

Mi lectura final es: el ascenso de las PMO en Ecuador sí es evidencia de madurez, pero de una madurez aún en construcción. El país ya dio señales de que quiere pasar de la improvisación a la institucionalidad, del proyecto aislado al portafolio, y del control operativo a la conversación estratégica. Pero esta segunda ola solo se consolidará si las empresas entienden que una PMO no es una oficina para “ordenar papeles”, sino una capacidad para ordenar decisiones, recursos, prioridades y valor.

Si ese entendimiento se profundiza, Ecuador no solo tendrá más PMO, sino también mejores proyectos, mejores carreras y mejores organizaciones.

English Version

In the previous article, we analyzed a worrying sign in the Ecuadorian project management ecosystem: the gap in international certification. Today, it's worth looking at the other side of the coin, because while part of the market has yet to consolidate global credentials, another sign is becoming impossible to ignore: the accelerated growth of project management offices.

This expansion of PMOs is not an isolated fact or an administrative fad. It is probably the clearest evidence that Ecuadorian companies are entering a second wave of maturity, a stage in which simply executing projects is no longer enough; now it is necessary to govern them, prioritize them, measure them, and connect them to the business strategy. The 2025 report itself shows that Ecuador went from 58 participants in 2024 to 126 in 2025, and that the country is experiencing precisely a “second wave of professionalization,” marked by greater institutionalization, more support roles, greater interest in artificial intelligence, and a new generation entering the labor market.

The most powerful sign of this change lies in the PMO. In 2024, only 34.5% of organizations reported having a formal project management structure; by 2025, that figure had risen to 50%. In other words, in just one year, the country registered a 15.5 percentage point jump in institutionalization. This doesn't yet mean that Ecuador has reached maturity in project management, but it does confirm that many organizations stopped treating management as an improvised responsibility and began to see it as an organizational capability. Volume 2 even interprets this increase as a shift from an operational to a strategic focus, especially in medium- and large-sized companies. The contrast is significant because Volume 1 described an ecosystem in which still-weak structures predominated, with 65.5% of companies lacking a formal PMO. Today, the landscape remains mixed, but it is no longer incipient; it is now transitional.

When a company creates a PMO, it doesn't just create a new department. You are deciding how you want to govern change. According to PMI's guide on PMO types, the structure can be supportive, controlling, or directive, depending on the degree of influence the organization needs over methodologies, compliance, and resource allocation.

A supportive PMO typically acts as a facilitator: it shares templates, best practices, and provides guidance. A controlling PMO already requires common standards, frameworks, and governance. And a directive PMO goes further: it assumes project management or provides specialized management. The right question, therefore, is not whether a company "should have a PMO" due to current trends, but rather what problem it wants to solve with it and what level of organizational maturity it is ready to sustain. PMI also insists that the chosen function must respond to the real needs of the business and not simply be a copy of external models.

In Ecuador, the rise of the PMO has very clear structural causes. The first is the pressure for results. The 2025 report reveals that, although 71% of projects always or almost always meet their objectives, only 39% finish on time and a mere 54% within budget, while 66% experience scope creep.

This combination describes a reality familiar to many organizations: things get delivered, yes, but with deviations, rework, internal tensions, and operational burnout.

The second reason is resource scarcity. In 2025, 47.6% identified limited resources as the main cause of failure; in 2024, this problem was already tied among the main causes, along with shifting priorities.

The third reason is the need for methodological consistency, as the country remains predominantly predictive, although it is beginning to incorporate agile and hybrid practices.

And the fourth reason is strategic: a company that wants to scale, digitize, or compete more effectively needs to better define its portfolio, not just execute more initiatives. That's where the PMO stops being a reporting office and becomes a decision-making architecture.

From an international perspective, Ecuador's current situation makes sense. The PMI insists that the profession is moving from a tactical role to an increasingly strategic one. Its Pulse of the Profession 2025 suggests that business acumen has become a critical differentiator for transforming project professionals into value creators, not just schedule executors. And Pulse 2024 reinforces another important idea: success doesn't depend on adhering to a single approach, but on using the appropriate management style for the context. This interpretation is especially relevant for Ecuador, because our PMOs shouldn't be established as bureaucratic document control offices, but rather as centers for articulating strategy, prioritization, business, talent, and methodological adaptation. A mature PMO in the country shouldn't just ask whether the schedule is on track; it should also ask whether the project remains valuable, bankable, governable, and sustainable.

However, the growth of PMOs doesn't, in itself, guarantee better results. There are also common risks. The first mistake is creating a PMO without genuine support from senior management; in this scenario, the office ends up operating as a purely decorative entity, lacking authority and influence. The second is designing it as a bureaucratic filter that delays decisions instead of accelerating them. The third is believing that a PMO can, on its own, compensate for a lack of talent, weak requirements, or poor resource allocation. The fourth is implementing global standards without adapting governance to the organization's size, sector, and culture. And the fifth, particularly relevant to the Ecuadorian context, is setting up the structure without investing in training and certification, leaving the PMO with an institutional facade but little technical capacity.

The national report is clear on this point: international certification remains low, falling from 32.8% in 2024 to 27% in 2025, although the statistical analysis itself confirms that salary and career advancement depend, among other variables, on position, experience, and certification. In other words, the PMO may be the structure, but talent remains the driving force.

So, how does an Ecuadorian company know if it needs a PMO? The practical answer is simple: it needs one when it can no longer coordinate its projects effectively with goodwill, individual leadership, and disparate tools. If the organization has multiple initiatives competing for resources, frequent changes in priority, traceability problems, functional overload, scope deviations, or difficulties prioritizing investments, then the problem is no longer with a project; it's with governance. It also needs one when management wants to drive growth, transform processes, digitize operations, or strengthen its execution capacity. In small companies, a full corporate PMO may not be necessary; a lean PMO or a temporary coordination function may suffice. In medium-sized or large companies, especially in sectors such as construction, the public sector, technology, telecommunications, or services, the absence of a PMO becomes a competitive disadvantage.

My final takeaway is that the rise of PMOs in Ecuador is indeed evidence of maturity, but a maturity still under construction. The country has already signaled its desire to move from improvisation to institutionalization, from isolated projects to portfolios, and from operational control to strategic dialogue. But this second wave will only solidify if companies understand that a PMO is not an office for "organizing paperwork," but rather a capacity for organizing decisions, resources, priorities, and value.

If this understanding deepens, Ecuador will not only have more PMOs but also better projects, better career paths, and better organizations.
Enviar comentarios
Posted on: March 22, 2026 03:42 PM | Permalink | Comments (0)

Cuando no te dan los recursos… pero igual tienes que entregar resultados - When you don't have the resources... but you still have to deliver results.

linkedin twitter facebook Request to reuse this  

Hay una realidad que muchos directores de proyectos conocen demasiado bien: el compromiso de entregar resultados, aun cuando los recursos asignados no alcanzan. Y no es una sensación aislada. Según el Análisis de la Gestión de Proyectos en Ecuador – Volumen 1 (ESPRO, 2024), solo el 31% de los proyectos en el país cuentan con una asignación completa de recursos, mientras que un 65,5% opera con recursos parciales. Este dato no solo refleja una limitación técnica o presupuestaria, sino también una cultura organizacional que aún no comprende del todo lo que significa gestionar proyectos de forma profesional y sostenible.

La cifra, por sí sola, debería provocar una profunda reflexión. Si dos de cada tres proyectos inician sin los recursos adecuados, ya sean humanos, financieros o tecnológicos, lo que tenemos no es un problema de ejecución, sino un síntoma de madurez insuficiente en la gobernanza de proyectos. El director de proyectos se convierte, en la práctica, en un gestor de escasez: alguien que debe construir resultados donde el soporte institucional es mínimo, la planificación es flexible “por necesidad” y el equipo debe suplir con esfuerzo lo que falta en planificación estratégica. Además de que esta falta de recursos también se traslada a los roles del proyecto, teniendo personal con varios roles a la vez sobrecargado, limitando la profundidad de análisis y acción que aumenta la probabilidad de fallo del proyecto.

El informe identifica además que el 41,4% de los presupuestos son controlados por gerentes funcionales, no por los directores de proyectos. Esta desconexión refuerza un patrón común en muchas organizaciones ecuatorianas: el proyecto se gestiona dentro de una estructura funcional rígida, donde los equipos responden más a su área que a la visión del proyecto. En este entorno, los líderes de proyecto no solo deben negociar cada recurso, sino también su autoridad.

La consecuencia es clara: se diluye la responsabilidad sobre los resultados. Cuando los proyectos fracasan y el mismo estudio indica que un 17,2% lo hace por recursos limitados, la culpa suele dispersarse entre departamentos, mientras la organización pierde competitividad sin aprender del error. Este círculo vicioso es el reflejo de estructuras que aún no reconocen a la gestión de proyectos como una función estratégica del negocio.

El Pulse of the Profession® del Project Management Institute (PMI, 2024) confirma que los proyectos con una adecuada asignación de recursos y patrocinio ejecutivo tienen más del doble de probabilidad de cumplir con su alcance, cronograma y presupuesto. En contraste, en entornos donde los recursos son asignados parcialmente, la tasa de fracaso se multiplica. La comparación revela la brecha que aún separa a Ecuador de economías con culturas de dirección de proyectos más consolidadas, donde la figura del Project Manager está empoderada y los procesos están institucionalizados.

En nuestro país, aún se percibe la gestión de proyectos como una función operativa y no como un componente del planeamiento estratégico. Por eso, aunque existen avances, todavía predomina una gestión centrada en la urgencia, más que en la estrategia y una visión solo de coordinación de reuniones del director de proyecto y no de un liderazgo integral y táctico.

Gestionar sin recursos completos es una de las pruebas más duras del liderazgo en proyectos. Obliga a desarrollar habilidades blandas como la negociación, la comunicación efectiva y la priorización inteligente. Pero también puede generar desgaste, frustración y resultados inconsistentes.

Sin embargo, quienes logran entregar resultados en esas condiciones demuestran un valor invisible: la capacidad de resiliencia organizacional. El verdadero desafío no es solo cumplir los objetivos, sino hacerlo mientras se construye credibilidad para que, en el siguiente ciclo, la organización comprenda la importancia de planificar con recursos adecuados.

Recomendaciones para las organizaciones y directores de proyectos en Ecuador

  1. Empoderar la función del Project Manager. Las empresas deben trasladar la autoridad sobre los recursos al nivel de dirección de proyectos, reduciendo la dependencia funcional.
  2. Establecer PMOs robustas. Según el informe, el 65,5% de las empresas ecuatorianas aún no cuenta con una Oficina de Gestión de Proyectos. Una PMO sólida permite estandarizar prácticas, visibilizar costos reales y garantizar soporte a los equipos.
  3. Fortalecer la planeación estratégica de recursos. Asignar parcialmente recursos es una decisión de alto riesgo. Los planes de portafolio deben considerar escenarios realistas y mecanismos de priorización.
  4. Invertir en formación y certificaciones. Solo el 32,8% de los profesionales encuestados posee certificaciones internacionales. Esto limita la adopción de buenas prácticas y el uso de metodologías ágiles e híbridas.
  5. Adoptar tecnologías de apoyo. Herramientas PPM, IA y análisis predictivo pueden optimizar la planificación de recursos y anticipar desviaciones antes de que sean críticas.

Ecuador avanza, pero lentamente, hacia una cultura profesional de gestión de proyectos. Mientras tanto, muchos directores seguirán enfrentando la paradoja de entregar resultados con recursos limitados. Pero cada uno de esos proyectos exitosos a pesar de la escasez es también un testimonio del potencial humano, del ingenio y de la capacidad de liderazgo que caracteriza a los profesionales ecuatorianos.

La invitación es clara: debemos dejar de normalizar la escasez como parte del trabajo del Project Manager. La gestión de proyectos no se trata de sobrevivir, sino de construir valor sostenible, ¿qué piensan ustedes?.

English Version

There's a reality that many project managers know all too well: the commitment to delivering results, even when the allocated resources aren't enough. And it's not an isolated feeling. According to the Analysis of Project Management in Ecuador – Volume 1 (ESPRO, 2024), only 31% of projects in the country have full resource allocation, while 65.5% operate with partial resources. This figure not only reflects a technical or budgetary limitation, but also an organizational culture that still lacks a full understanding of what it means to manage projects professionally and sustainably.

The figure alone should provoke deep reflection. If two out of three projects start without adequate resources—be they human, financial, or technological—what we have is not an execution problem, but a symptom of insufficient maturity in project governance. The project manager effectively becomes a scarcity manager: someone who must build results where institutional support is minimal, planning is flexible "out of necessity," and the team must make up for what is lacking in strategic planning. This lack of resources also spills over into project roles, with staffers overburdened with multiple roles simultaneously, limiting the depth of analysis and action, which increases the likelihood of project failure.

The report also identifies that functional managers, not project managers, control 41.4% of budgets. This disconnect reinforces a typical pattern in many Ecuadorian organizations: projects are managed within a rigid functional structure, where teams respond more to their departmental needs than to the project's vision. In this environment, project leaders must not only negotiate each resource, but also their authority.

The consequence is clear: accountability for results is diluted. When projects fail, a study indicates that 17.2% do so due to limited resources. As a result, blame is often dispersed among departments, while the organization loses competitiveness without learning from its mistakes. This vicious cycle reflects structures that still fail to recognize project management as a strategic business function.

The Project Management Institute's Pulse of the Profession® (PMI, 2024) confirms that projects with adequate resource allocation and executive sponsorship are more than twice as likely to meet their scope, schedule, and budget. In contrast, in environments where resources are partially allocated, the failure rate increases. The comparison reveals the gap that still separates Ecuador from economies with more established project management cultures, where the role of the Project Manager is empowered and processes are institutionalized.

In our country, project management is still perceived as an operational function rather than a component of strategic planning. Therefore, although there has been progress, management still predominates, focused on urgency rather than strategy, and with a vision solely focused on coordinating project manager meetings rather than holistic and tactical leadership.

Managing without adequate resources is one of the toughest tests of project leadership. It requires developing essential soft skills, including negotiation, effective communication, and intelligent prioritization. But it can also lead to burnout, frustration, and inconsistent results.

However, those who manage to deliver results under these conditions demonstrate an invisible value: the capacity for organizational resilience. The real challenge is not only meeting objectives, but doing so while building credibility so that, in the next cycle, the organization understands the importance of planning with adequate resources.

Recommendations for Organizations and Project Managers in Ecuador

1. Empower the Project Manager role. Companies should transfer authority over resources to the project management level, reducing functional dependencies.
2. Establish robust PMOs. According to the report, 65.5% of Ecuadorian companies still lack a Project Management Office. A solid PMO enables the standardization of practices, makes real costs visible, and ensures team support.
3. Strengthen strategic resource planning. Partially allocating resources is a high-risk decision. Portfolio plans should consider realistic scenarios and prioritization mechanisms.
4. Invest in training and certifications. Only 32.8% of the professionals surveyed have international certifications. This limits the adoption of best practices and the use of agile and hybrid methodologies.
5. Adopt enabling technologies. PPM tools, AI, and predictive analytics can optimize resource planning and anticipate deviations before they become critical.

Ecuador is gradually moving toward a professional project management culture. Meanwhile, many managers will continue to face the paradox of delivering results with limited resources. But each of these successful projects, despite the shortage, is also a testament to the human potential, ingenuity, and leadership skills that characterize Ecuadorian professionals.

The invitation is clear: we must stop normalizing scarcity as part of a project manager's job. Project management is not about survival, but about building sustainable value. What do you think?

Posted on: October 04, 2025 01:15 PM | Permalink | Comments (0)
ADVERTISEMENTS

"Never eat more than you can lift."

- Miss Piggy

ADVERTISEMENT

Sponsors